México y el parteaguas civilizatorio

lunes, 10 de febrero de 2014

Para José Emilio, gracias por tanta luz

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Desde hace tiempo he insistido en que vivimos un parteaguas civilizatorio. Lo que lo define es la corrosión de las instituciones que por un tiempo permitieron un orden social. La caída del imperio romano, para hablar sólo de Occidente, fue uno de ellos; la de las monarquías absolutas y la cristiandad fue otro. Las instituciones son construcciones históricas que, como la vida, nacen, maduran y mueren para dejar paso a otras, que se apoyan en la tradición para rehacer el orden político y social. Las nuestras, el Estado, que surgió del pensamiento ilustrado y la revolución francesa, y la economía moderna, que surgió de la revolución industrial y su idea de progreso sin fin, han comenzado a desmoronarse. Sus existencias ya no responden a los fines para las que se crearon: el Estado moderno, arrodillado ante los grandes capitales, ha ido dejando de brindar seguridad, justicia y paz a los ciudadanos. La economía ha ido destruyendo el medio ambiente, arrasando territorios, culturas y economías de soporte mutuo y dejando en la nada a inmensas franjas de seres humanos. En México, esa realidad se manifiesta de manera absoluta. El aumento del despojo y la miseria, la indefensión ciudadana frente a la violencia del crimen organizado y de la corrupción del Estado, los laberintos burocráticos que paralizan cualquier iniciativa, la creciente pérdida de las conquistas laborales y la degradación de los partidos y sindicatos en mafias, nos colocan en el fondo de ese parteaguas. El Estado en México ha dejado de existir y la economía se ha convertido en un universo depredador... Fragmento del análisis que se publica en la edición 1945 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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