Los tótem y los violentos

miércoles, 26 de octubre de 2016
MADRID (apro).- El miércoles 19, el expresidente español Felipe González y Juan Luis Cebrián, presidente del Grupo Prisa y de El País, se vieron impedidos de participar en un coloquio en la Universidad Autónoma de Madrid. Unos 200 jóvenes protestaron por su presencia en la universidad, y en una manta que portaban se los hicieron saber: “No son bienvenidos”. Varios de los manifestantes llevaban la cara cubierta con máscaras que tenían escritos los nombres de etarras que murieron a manos de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), una fuerza para-policial que durante el mandato de González emprendió la guerra sucia contra miembros de ETA, quienes fueron enterrados en fosas con cal viva, lo que llevó a prisión a dos de los ministros de su gobierno. Hay una corriente de opinión que le reconoce a Felipe González (como gobernante entre 1982 a 1996) sus aportaciones a la construcción del edificio democrático de un país que venía del aislamiento que produjo la dictadura. En los primeros años de la democracia era un crítico de las puertas giratorias, que permite a altos cargos del gobierno terminar en consejos de administración de grandes compañías para aprovechar sus contactos que facilitan el tráfico de influencias. Pero después, sin empacho, obvió esas viejas críticas para entrar al Consejo de Administración de Gas Natural-Fenosa (2010-2015) para defender por el mundo los intereses de esta multinacional del gas y la energía, con un salario anual de 127 mil euros. Es miembro del Consejo Editorial de El País y asesor legal del opositor venezolano Leopoldo López. Y aunque suele repetir que como todos los expresidentes él es como un “jarrón chino”, una figura que nadie quiere y tampoco saben dónde colocar, aún es un líder cuyas opiniones son consideradas entre los socialistas. Cebrián fue el primer director del diario de referencia de la prensa progresista, en los años difíciles de 1976 a 1988. Luego ha ocupado posiciones ejecutivas y sigue dando conferencias por América Latina sobre las aportaciones que hizo su diario a la democracia. Es un hombre arrogante que difícilmente reconocerá que, como presidente de Prisa, es el principal responsable de decisiones que produjeron la delicada deriva financiera de Prisa, y una gestión que sus propios trabajadores o extrabajadores cuestionan. La complicada situación financiera de Prisa obligó a Cebrián a tener que darle entrada en el Consejo de Administración a los grandes bancos acreedores, poniendo la independencia editorial de sus principales marcas en posición de vulnerabilidad. Alrededor del 75% de los miembros del consejo son o han sido miembros de los grandes bancos y fondos de inversión. Entre ellos está el expresidente mexicano Ernesto Zedillo, quien además de sus actividades académicas es “miembro de los consejos de administración de Procter and Gamble, ALCOA y Citygroup, y miembro de los consejos asesores de otras empresas globales”, según el currículum que aparece en la página de Prisa. Gracias a la ayuda de la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, Prisa pudo renegociar su deuda, y tras de ello más de 50% de su capital está en manos de bancos y fondos de inversión: Banco Santander (4.65%), los fondos de inversión Amber Capital (19.2%) e International Media Group de Qatar (9%), además de HSBC (9.56%), Caixabank (4.95%) y Fundación La Caixa (4.19%). Esto coincide con un giro editorial más conservador, abandonando a su lector progresista. La maldición de los #PanamaPapers Ni González ni Cebrián salieron bien librados en el tema de los Papeles de Panamá. El expresidente es esposo de Mar García Vaquero, empresaria que apareció en esa investigación como gestora en 2004 de una cuenta en Suiza por medio de una sociedad radicada en Nieu y diseñada por el bufete Mossack Fonseca, según publicaron aquí la televisora La Sexta y el diario digital El Confidencial. El digital también hizo público que Juan Luis Cebrián comparte aventura empresarial con Massoud Farshad Zandi, un empresario español de origen iraní “que se vanagloria de ser íntimo del editor de El País y de Felipe González”, señala la publicación. El empresario usó los servicios de Mossack Fonseca para ocultar a la Hacienda española la propiedad de Star Petroleum, “compañía de la que Cebrián tiene actualmente un 2% donado” desde una offshore, “por una larga relación de amistad” con el promotor de origen iraní. La publicación señaló que Zandi fue ayudado por Mossack Fonseca para construir sociedad offshore en Seychelles y Samoa, a través de las cuales controla Star Petroleum, una empresa con sede operativa en Madrid y fiscal en Luxemburgo, con la que intentó hacer fortuna en Sudán del Sur, un territorio africano en conflicto permanente. Cebrián ocupó un asiento en el consejo de la petrolera, del que dimitió tras varios meses en el puesto, el 20 de diciembre pasado, dos días después de que Prisa aprobase un nuevo código ético que prohibía a sus directivos tener cuentas o compañías en paraísos fiscales. El diario El Mundo también difundió un video en el que Felipe González se deshacía en elogios a favor de Zandi, recurso que el empresario utilizaba para promocionarse en sus aventuras empresariales. En él, González define a Zandi como “un emprendedor nato” y como “una de las personas más creativas, con más capacidad emprendedora que he conocido”. Y lo dice a pesar de que el empresario hispano-iraní ya estaba en el objetivo de la Hacienda española. La publicación de una serie de informaciones de El Confidencial, compartidas por La Sexta y retomadas por Eldiario.es, los hizo acreedores de las amenazas de Cebrián, quien anunció acciones legales. Las amenazas se materializaron, al menos para El Confidencial. El 12 de octubre, una semana antes del desplante en la universidad, el diario digital dio a conocer que Grupo Prisa los demandó por supuestos actos de “competencia desleal” y exigió 8.2 millones de euros por daños patrimoniales y morales. Lo extraño del caso es que las publicaciones del digital se refirieron en todo momento a Cebrián y sus negocios privados, no al grupo de medios. Sin embargo, explica El Confidencial, el demandante señala el “notorio vínculo entre Juan Luis Cebrián y el Grupo Prisa”, como si fueran la misma cosa. Por cierto, no desmiente el contenido de las publicaciones del digital. Los violentos De regreso al episodio en la Universidad, es cierto que los manifestantes boicotearon el evento sin rebatir los argumentos de los ponentes, sin embargo, a la reacción de Cebrián a través de El País se sumaron prácticamente todos los medios tradicionales. El jueves 20, El País tituló su primera nota de portada: “Un grupo violento impide un debate en la universidad”, y el sumario: “Felipe González y Juan Luis Cebrián tuvieron que suspender el acto tras una campaña contraria de Podemos”. Sin aportar pruebas concretas de que Podemos, el partido de Pablo Iglesias, estuviera detrás de la manifestación, lo asegura el portavoz de la gestora del PSOE y el diario, que acusan a Iglesias de ser el instigador. En el mismo tono, dos páginas más en interiores. El editorial ‘A golpes con la libertad’, señala que impedir con violencia la libre expresión en la universidad “es una grave amenaza a la democracia”. Y compara a los ofendidos dirigentes con Miguel de Unamuno, quien también fue interrumpido en una universidad por los fascistas que lo querían silenciar. En contraste, a la actuación de “los violentos” la comparan con el golpe de Estado del 23F y con el asesinato de Francisco Tomás y Valiente a manos de ETA, por el hecho de que algún manifestante portaba una pancarta que pedía finalizar con la dispersión de los presos etarras en cárceles de todo el territorio nacional. La utilización política para defenestrar a Podemos se produjo porque en marzo pasado, en el fallido intento de investidura de Pedro Sánchez, Iglesias le advertía al socialista que tuviera cuidado con Felipe González y los líderes que le habían “prohibido negociar con Podemos” la formación de un gobierno progresista. “Lo dijo Felipe González, el que tiene el pasado manchado de cal viva”, dijo Iglesias. Esta alusión a los GAL, repetida por los manifestantes, fue el motivo por el que acreditaron la autoría de la manifestación a Podemos. Los medios exigían que Podemos se deslindara y reprobara la manifestación, lo que no sucedió. Los inconformes de la Universidad también culpaban a los ilustres invitados de dar un “golpe palaciego” para retirar a Pedro Sánchez de la secretaría general del PSOE para apoyar la investidura de Mariano Rajoy. Y había razones para ello. Felipe González le dijo a la Cadena Ser, de Prisa: “Me siento engañado por Pedro Sánchez, me prometió que se abstendría”. A ese comentario se sumó El País con una serie de críticas editoriales contra el dirigente socialista por mantenerse en su negativa y, en particular, cuando se filtró el acercamiento que Sánchez estaba teniendo con dirigentes de Podemos y con los independentistas catalanes Uno de sus editoriales, titulado “La deriva de Sánchez”, lo criticó por proponer una solución a las terceras elecciones y le reprochaba que conducía hacia “la ingobernabilidad en España y agudizará la crisis de su partido” Y lo señalaba en tales términos que provocó el rechazo de muchos redactores, quienes pidieron explicaciones a su director, Antonio Caño, por el lenguaje utilizado para atacar al líder socialista. “Sánchez ha resultado no ser un dirigente cabal, sino un insensato sin escrúpulos, que no duda en destruir el partido que con tanto desacierto ha dirigido antes de reconocer su enorme fracaso”. Campaña de la que ni González ni Cebrián refieren en su indignación por la reacción de un grupo de manifestantes.

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