Elecciones cruciales

sábado, 7 de enero de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El primer domingo de junio de 2017 habrá elecciones en cuatro entidades de la República: en Coahuila y Nayarit se renovarán los gobiernos estatales, los ayuntamientos y los congresos; en el Estado de México, la gubernatura, y en Veracruz, los ayuntamientos. Sin embargo, acaparan la atención los comicios para renovar las gubernaturas del Estado de México y Coahuila, por ser dos de los cinco estados (Campeche, Colima e Hidalgo son los otros tres) que hasta hoy sólo han sido gobernados por priistas, y además por su relevancia en la vida política nacional. El Estado de México concentra el más grande presupuesto público estatal, la mayor población y 13.3% del padrón electoral nacional, con 11.4 millones de votantes registrados. Es asimismo la entidad de origen del actual presidente y está gobernada por uno de los potenciales candidatos del PRI a la Presidencia de la República en 2018. Coahuila cobró especial relevancia nacional a finales de 2011, cuando se reveló la exorbitante deuda pública contraída por el gobierno estatal –encabezado por quien en ese momento era presidente nacional priista. Fue el primer escándalo de corrupción en los gobiernos estatales, y aunque Humberto Moreira debió renunciar a la dirigencia nacional del PRI, goza de protección federal, muy particularmente de la que le brinda el presidente Enrique Peña Nieto. Tanto Coahuila como el Estado de México muestran comportamientos electorales muy similares: en las elecciones federales y locales intermedias, en términos generales los partidos de oposición logran importantes porcentajes de votación y algunas victorias en municipios clave; pero en las elecciones para gobernador, el PRI consigue triunfos holgados. En ambos casos se ha denunciado la presencia de ejércitos de promotores del voto tricolor y el uso de diversas prácticas clientelares para asegurar un número suficiente de sufragios. En el caso de Coahuila, el PAN ganó las elecciones presidenciales en 2000 y 2006; pero ya en 2012, aunque con apenas unos 30 mil votos de diferencia, los Moreira pudieron darle el triunfo al actual presidente. En el caso del Estado de México, en 2000 Vicente Fox logró una ventaja de más de 600 mil votos sobre Francisco Labastida, el candidato priista; y en 2006, el que obtuvo más de 43% de los votos en la entidad fue Andrés Manuel López Obrador. Pero obviamente, en la de 2012 el ganador fue Peña Nieto, a cuyo equipo acusaron de repartir las tarjetas Soriana para comprar votos. Los paralelismos aparecen nuevamente en las elecciones de gobernador: en 1999, en Coahuila, Enrique Martínez, entonces candidato priista, ganó con casi 60% de los votos; en el Estado de México la elección fue un poco más cerrada, pues Arturo Montiel apenas superó el 42%, pero con una ventaja de casi siete puntos porcentuales sobre el candidato panista, que ocupó el segundo lugar. En 2005, en Coahuila, Humberto Moreira obtuvo 57% de los votos y una diferencia de casi 25 puntos porcentuales sobre el abanderado blanquiazul, y Peña Nieto ganó con 48% de los votos pero con una diferencia de casi 24 puntos sobre los candidatos del PAN y del PRD, que se repartieron casi en partes iguales 49% de los votos emitidos. En 2011 la hegemonía tricolor avasalló a sus oponentes en ambas entidades: Rubén Moreira obtuvo 60% de los votos y superó por 25 puntos porcentuales al candidato blanquiazul; prácticamente borró al PRD, que no llegó ni a 1% de los votos. En el Estado de México, Eruviel Ávila logró 62% de la votación, 40 puntos más que Alejandro Encinas, abanderado de la alianza de izquierda, y 50 más que Luis Felipe Bravo Mena, del PAN. En los más recientes comicios los porcentajes de votación del PRI se han reducido, pero todavía mantienen ventaja sobre sus principales contendientes. En Coahuila, en las elecciones de ayuntamientos en 2013, el PRI obtuvo 42% de los votos y superó con poco más de seis puntos al PAN; en las de diputados locales, en 2014, nuevamente arrasó con 61% de las preferencias y casi 40 puntos por arriba del blanquiazul; en las federales de 2015 obtuvo 46%, prácticamente el doble que el PAN, mientras que el PRD quedó reducido a 3%. En el Estado de México, en las elecciones estatales y federales de 2015, el PRI logró la tercera parte de los votos, pero la oposición se pulverizó pues el PAN rondó 17%; el PRD 15% y Morena 10%. Aunque la inconformidad de la población es muy distinta en ambas entidades, en las dos existe. En Coahuila, por los múltiples escándalos de corrupción en los gobiernos sucesivos de los hermanos Moreira y la crítica situación que enfrentan las finanzas estatales; en el Estado de México, por la creciente inseguridad, manifiesta particularmente en la presencia del crimen organizado y el alza en los feminicidios. Los resultados de las elecciones estatales de 2016, el mal balance de los gobiernos locales y el creciente descontento ciudadano, apuntan a que finalmente se dará la alternancia en ambas entidades; sin embargo, la gran interrogante es si los (hasta hoy) eficaces aparatos electorales y la eventual pulverización de la oposición lograrán lo que parece prácticamente imposible: que el PRI retenga las gubernaturas. Peña Nieto y el PRI saben que una derrota, particularmente en el gobierno mexiquense, sería el preludio de un nuevo descalabro en la elección presidencial de 2018, pues llegaría como oposición en más de la mitad de las entidades federativas, pero sobre todo con derrotas en casi las dos terceras partes en las últimas 15 elecciones de mandatarios estatales. En contrapartida, un triunfo no le asegura nada, pero al menos lo hace mantener viva la esperanza.

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