La muerte de "Chito" Cano, expistolero y precursor de la música norteña

viernes, 8 de octubre de 2010

MONTERREY, N.L., 8 de octubre (apro).- “De Reynosa a Matamoros/ de Monterrey a Laredo/ anden con mucho cuidado/ agentes y pistoleros/ todavía soy Chito Cano/ y todavía no me muero”.
Considerado el último de los más famosos pistoleros, Chito Cano, murió este jueves 7 de octubre a los 74 años de edad.
El otrora pistolero, quien en los últimos años se dedicó a organizar bailes y conciertos de música norteña, se hizo famoso por los corridos que hablan de él. En ellos se narra su fuga de la cárcel, el tráfico de armas con que abastecía a “su amigo” Lucio Cabañas y la historia de sus pistoleros, entre ellos Gerardo González, muerto en los años ochenta. A él le dedicaron “El corrido de Gerardo”, aquel “buen gatillero y fiel pistolero/de Chito Cano”.    
    Renuente siempre a conceder entrevistas, Chito Cano, junto con su hermano Servando fue considerado precursor de la comercialización de la música norteña.
De acuerdo con diversos reportes periodísticos, durante varios años el famoso gatillero radicó en Gómez Palacio, Durango, y hace poco tiempo, ya deteriorada su salud y expuesto a la violencia de la comarca, se avecindó en Monterrey, donde vive su hermano Servando Cano, propietario de Producciones Serca.
    En 1971, Chito Cano sufrió un atentado, del que también le hicieron un corrido: “Con un balazo en la espalda/ él todavía se reía/ no los creía tan cobardes/ hampones y policías/ me pegaron por la espalda/ de frente no se podía”.
En otro, “El retorno de Chito Cano”, cantado por Los Cadetes de Linares, cuenta que estuvo detenido en Eagle Pass Texas. Según Chito, “los rinches” pudieron aprehenderlo porque fue delatado y lo mantuvieron preso durante cinco años.
En ese corrido se menciona que el cargamento de armas que llevaba era para la guerrilla guerrerense. No se dan fechas, pero podría haber sido en 1967, año en que Lucio Cabañas inició el levantamiento insurgente en la sierra de Guerrero. “En Eagle Pass lo pescaron/ con un cargamento de armas/ a la sierra de Guerrero/ tenía que ir a dejarlas/ ahí lo estaba esperando/ su amigo Lucio Cabañas”.
    El viejo penal de Ciudad Victoria también fue residencia del pistolero. “La leyenda de Chito Cano”, corrido interpretado por Luis y Julián, relata que se fugó de esa cárcel para ir a un palenque por el rumbo de Aguascalientes, a la Feria de San Marcos.
    “De la cárcel de Victoria/ donde estaba sentenciado/ nomás de pura chulada/ se les peló Chito Cano/ pa´cumplir un compromiso/ a donde lo habían retado”.
    Sin embargo, para despistar su búsqueda se dieron informes falsos: “La prensa de Tamaulipas/ en dos grandes titulares/ dio a conocer la noticia/ por todos esos lugares/ que se escapó Chito Cano/ que iba con rumbo a Linares”.
    Entre los corridos de apología a gatilleros y personajes relacionados con el contrabando de su época, quizás ninguno sea tan reiterativo en la valentía de un personaje como los corridos dedicados a Chito Cano.
    De aquella fuga para la Feria de San Marcos, Luis y Julián cantan: “Le amaneció en el camino/ muy cerca de Aguascalientes/ llevaba su gallo giro/ pa´ jugarlo en los palenques/ iba a rifarse el pellejo/ con puros hombres valientes”.
    Y Los Cadetes de Linares han cantado lo que le esperaba a los delatores de Chito Cano en Eagle Pass: “Cuando se oigan los disparos/ y los gritos de la gente/ cuatro hombres habrán tirado/ y no habrá quien los levante/ Chito sigue su camino/ va desafiando a la muerte”.
    De todos, el más famoso corrido compuesto a Chito Cano, que lleva su nombre, lo recuerda así, el día en que lo hirieron en la espalda. Una lesión en la columna vertebral lo dejó en silla de ruedas desde 1971:
    “Que bonitos son los hombres/ no se le puede negar/ aun después de caído/ tuvo la fuerza de hablar/ no corran, no sean cobardes/ acábenme de matar”.
    Los restos de Chito Cano son velados en las Capillas de El Carmen, en Monterrey, donde se han dando cita músicos, compositores y representantes de música norteña.

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