Nuevo León: Los nuevos santuarios de Los Zetas

martes, 18 de mayo de 2010

MONTERREY, NL., 18 de mayo (Proceso).- - El blindaje anunciado por el gobierno de Nuevo León para contener a los grupos del crimen organizado que salieron en desbandada de Tamaulipas y buscaron refugio aquí fue un fracaso: por los porosos límites de ambas entidades transitan tanto miembros de Los Zetas como del cártel del Golfo. 

En la zona norte de Nuevo León, caracterizada por sus rancherías, llanuras, áridas planicies y páramos deshabitados, las fuerzas federales han detectado varios narcocampamentos con funciones de refugio y entrenamiento. 

En lo que va del año, el Ejército y la Marina han desmantelado por lo menos cuatro de esos santuarios, en los que han sido decomisados poderosos arsenales y centenares de miles de cartuchos. 

Una fuente del gobierno estatal que pidió no ser identificada manifestó que es imposible contener a los criminales que utilizan las carreteras y autopistas federales, así como las brechas, donde son todavía más indetectables y elusivos.

Y es que en la basta geografía nuevoleonesa de 51 municipios, no hay polos de desarrollo. El 90% de los 4.3 millones de habitantes de la entidad se concentran en Monterrey y en los 11 municipios de su zona metropolitana; los demás se localizan en zonas rurales, viviendo en las cabeceras municipales o en dispersas rancherías.

Es fácil pasar inadvertido en las praderas despobladas donde los narcos han establecido sus centros de entrenamiento, sobre todo cerca de los corredores que conectan a Monterrey con las ciudades tamaulipecas de Reynosa y Nuevo Laredo. 

La guerra declarada es entre ellos, pero el Ejército y la Marina han tomado algunos de sus centros de adiestramiento, campos de tiro y casas de seguridad, luego de que, el 4 de marzo, el gobernador priista Rodrigo Medina alertó a la ciudadanía sobre la disputa entre los cárteles y anunció que se reforzaría la vigilancia policiaca estatal en los límites con Tamaulipas.

Pero una evidencia de que dicha estrategia no funcionó es que las  fuerzas federales han debido incrementar su presencia ante la intensa actividad de ambas mafias. 

Operativos y enfrentamientos 

En un operativo por aire y tierra, a las cuatro de la tarde del domingo 14 de marzo, la Marina Armada de México tomó un rancho ubicado en el municipio de Bustamante, a 150 kilómetros al norte de Monterrey.

En el lugar fueron abatidos ocho sicarios, informó un comunicado de la Secretaría de Marina, que reportó a 60 hombres armados “pertenecientes a Los Zetas, mismos que se encontraban reorganizándose para sus actividades delictivas”.

La mayoría alcanzó a escapar, alertada por el ruido de los helicópteros y los vehículos que trataban de cercarlos. La fuente informó que, en el lugar, los pistoleros hacían prácticas de tiro y adiestraban a sus elementos.

La investigación posterior reveló que Los Zetas habían ocupado desde dos meses antes el rancho La Lagunilla, a un costado de la carretera a Colombia, y lo convirtieron en una base de operaciones. Al arribar, desalojaron al velador de la propiedad, que huyó sin avisar al dueño de la misma. Éste se enteró del uso que se daba a su inmueble cuando –de acuerdo con una fuente de la Procuraduría Estatal– fue publicada la información de la balacera que se desató en el área. 

En el lugar fueron asegurados cinco vehículos, nueve armas largas y dos cortas, 35 cargadores, 717 cartuchos y diversos equipos de comunicación.

La casa principal del rancho, de ladrillo rojo, tuvo lustre en otro tiempo; ahora estaba descuidada y sucia, pero conservaba una cantina, una mesa de billar y cocina integral con acabados de madera. Aparte de muebles rústicos, había recámaras con varios colchones y clósets abiertos con ropa revuelta.

Cinco cabezas de venado pendían sobre la chimenea, además de un armadillo y un coyote disecados. Afuera, a los costados de la entrada principal, podía verse a un gran oso negro y a un puma atacando a una gacela. 

En el patio se habían construido algunos cuartos que parecían destinados a los vigilantes, con techos cubiertos por cartones y con pisos que acumulaban abundante basura.  

Cuatro días después, el 18 de marzo, El Ejército Mexicano dio otro golpe en un rancho del municipio de El Carmen, a 100 kilómetros de Monterrey, donde se encontraron 100 mil cartuchos calibre 9 milímetros, 5 mil cargadores –sobre todo de armas largas–, 22 granadas para fusil y cuatro armas largas y tres cintas metálicas para ametralladora antiaérea calibre 50. 

El hallazgo, efectuado luego de una denuncia anónima, ocurrió a las 16:00 horas en una granja porcina que parecía abandonada en el camino al parque Aqua-Splash-Cortijo Los Villarreales, al oriente de la carretera a Monclova.

Casi un mes más tarde, el 14 de abril, el Ejército enfrentó a una caravana de sicarios en el municipio de Doctor Coss, Nuevo León. Según el parte oficial, los pistoleros pasaron de largo un puesto de revisión y fueron perseguidos por los militares hasta el poblado Comales, Camargo, ya en el estado de Tamaulipas.

En ese lugar, los delincuentes entraron al rancho Los Martínez, desde donde abrieron fuego.

En la refriega perecieron dos soldados y dos delincuentes. El poblado fue rodeado por los militares. Ahí se halló una bodega utilizada como campamento que, al parecer, fue abandonada antes de la irrupción militar.

En ese sitio había 19 camionetas –algunas con la letra “Z” pintada en los cristales–, 10 mil cartuchos de diversos calibres, 338 cargadores, nueve armas largas –la mayoría fusiles AR-15–, una subametralladora calibre .556 y tres pistolas.

También se reportaron 52 equipos de radio, 22 aparatos Nextel, seis tablas de tortura y 2.5 kilos de mariguana. En el interior de una pick up se encontraron dos cadáveres.

Los soldados ejecutaron otro operativo el 26 de abril, en el municipio de General Bravo, vecino nuevoleonés de Reynosa. En el rancho El Puerto se produjo un enfrentamiento en el que murieron tres pistoleros. Luego, en la zona se localizaron dos cadáveres de personas que habían perecido antes de la refriega.

Según el boletín de la Sedena, los militares liberaron a siete personas que estaban secuestradas. Hubo cuatro detenidos.

El aseguramiento fue de 40 armas largas, seis armas cortas, 10 mil cartuchos de diferentes calibres, 311 cargadores, cuatro granadas de fragmentación y 12 vehículos, uno de ellos blindado.

Al día siguiente, el Ejército reportó otro enclave en Sabinas Hidalgo, 80 kilómetros al norte de la capital, en donde fueron rescatadas 16 personas, entre ellas una mujer con un bebé de un año y cuatro meses de edad.

Una cantidad no determinada de pistoleros atacó a los soldados y se dispersó. Dos de los vigilantes de la casa murieron durante el enfrentamiento. Allí fueron halladas dos toneladas de mariguana, tres armas largas y seis cortas, un lanzagranadas y dos vehículos.

El más reciente golpe a la delincuencia organizada ocurrió la mañana del 11 de mayo, cuando elementos de la Séptima Zona Militar, apoyados por cuatro helicópteros, allanaron un campo de prácticas en el municipio de Higueras, a menos de media hora en coche de Monterrey. En el lugar murió un delincuente que hizo frente a los militares.

Ese sitio, ubicado en el camino a La Laguna, a un kilómetro de la carretera Marín-Higueras, es una huerta con cobertizos donde pernoctaban los ocupantes.

En su comunicado, la Sedena no precisó cuántas personas alcanzaron a escapar, aunque reportes de prensa calculan que eran unos 25 individuos que se perdieron entre los matorrales.

El decomiso fue mayor: 124 armas largas y 15 cortas, 29 granadas calibre 40 milímetros, 32 granadas de mano, tres cohetes antitanque, mil 375 cargadores para diferentes armas, cuatro bazucas, 5 mil cartuchos de diferentes calibres y 12 vehículos.

También había dos fusiles Barret calibre 50, usados como batería antiaérea, y dos cohetes útiles para atacar vehículos blindados.

En el lugar se recogieron chamarras, playeras, maletas, cachuchas y boinas con el escudo emblemático de Los Zetas.

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