Las trampas en el beisbol

viernes, 7 de mayo de 2010

MÉXICO, D.F. 7 de mayo (Proceso).- Jugadores adictos a los medicamentos que mejoran su rendimiento deportivo han encontrado cómo burlar los controles antidopaje en la Liga Mexicana de Beisbol: desde 2006 usan la hormona del crecimiento humano, que no puede ser detectada en el laboratorio de la Conade. El presidente de la LMB, Plinio Escalante, asegura que esta misma temporada quedará subsanada esa carencia. Por lo pronto, y aunque la cifra de positivos ha disminuido en forma notable, todavía entre las temporadas 2006 y 2009 se detectaron 66 casos de jugadores dopados.

Cuando la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) implementó las pruebas de control antidopaje en la temporada 2006, todo era optimismo. De hecho, logró reducir el consumo de otras sustancias prohibidas, como los esteroides y las llamadas drogas sociales. Pero al final, algunos de los peloteros encontraron la forma de suplirlas y optaron por la hormona del crecimiento humano (HGH, por sus siglas en inglés), una sustancia anabolizante que hasta ahora no puede ser detectada en el laboratorio de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), donde son analizadas las muestras de orina de los peloteros.

En entrevista con Proceso, el presidente de la LMB, Plinio Escalante, revela que en esta misma temporada ya se podrá saber si los jugadores la están usando mediante las muestras de orina que se recolectan para realizar los controles antidopaje, en lugar de tener que utilizar pruebas de sangre. 

“El objetivo era detectar las sustancias que mejoran el rendimiento y las drogas de adicción y sí hemos bajado el número de casos positivos, pero ahora la sustancia de moda es la hormona del crecimiento, que sólo se detectaba a través de la sangre y no podemos tomar una muestra sin el consentimiento de la persona. Hoy ya se detecta a través de la orina, ya no hay invasión con una jeringa.

“La Conade me informó por escrito que en cualquier momento estarán listos para aplicar esa prueba en esta misma temporada, y con eso ya cubrimos toda la gama de sustancias que pueden usar los jugadores para hacer trampa”, explica el directivo.

Robando base

Escalante detalla que fueron los propios jugadores quienes en pláticas informales entre ellos, o con los presidentes, gerentes y preparadores físicos de los equipos, hicieron correr la voz: para evitar un resultado adverso en los controles antidoping, lo mejor era usar la hormona del crecimiento humano. 

“Los jugadores pensaron en consumir algo que no sea detectable. Esta sustancia empezó a usarse hace varios años en Estados Unidos, pero tardó en popularizarse en México porque además era muy cara. Lo que sabemos es que hoy la venden en cualquier farmacia y que son ampolletas que se inyectan. Nadie ha presentado una denuncia formal, pero es la información que dan los propios jugadores que se preocupan y no las consumen. Y no es que sean chivatos, como dicen ellos, sino que son conscientes de que hay jugadores que están usando una herramienta que pone en desventaja a quienes no usan nada, pero que además hay que velar por la salud de los peloteros”, asegura Escalante. 

La LMB realizó sus primeros controles antidopaje apenas en 2004 a 348 peloteros de ocho de los 16 equipos (Diablos, Tigres, Yucatán, Puebla, Cancún, Veracruz, Monclova y Tijuana); 102 dieron positivo (Proceso 1481).

Según los acuerdos tomados a finales de 2003, el plan de la LMB era someter a examen a todos los jugadores para conocer con exactitud cuántos peloteros se dopaban y qué clase de sustancias utilizaban. 

A pesar de lo alarmante de las cifras, la temporada 2005 comenzó sin una política de controles antidopaje permanente, y mucho menos un reglamento de sanciones. Todo quedó en tomar muestras de orina a 10 jugadores por cada uno de los 16 equipos de la LMB. 

Las reglas no quedaron definidas sino hasta la temporada 2006, y se han afinado: en temporada regular se realizarán tres controles aleatorios a cinco jugadores por equipo (tres sorteados y dos elegidos por el presidente de la LMB), además de que en todos los partidos de playoffs se someterá al examen a tres peloteros por club.

Las sanciones son severas: la primera vez que se registre un resultado positivo, el infractor será suspendido 50 juegos; la segunda, 100, y la tercera vez será expulsado definitivamente.

El problema se ha reducido drásticamente: en 2005, el 30% de los 160 jugadores que fueron examinados dio positivo (Proceso 1537), según el entonces presidente de la LMB, Alejandro Hütt. Pero entre las temporadas 2006 y 2009, en que se sometió a controles antidopaje a 2 mil 585 jugadores, solamente 66 dieron positivo por alguna sustancia prohibida, sobre todo esteroides, estimulantes y mariguana, es decir, apenas el 2.5%.

“Estamos satisfechos con los resultados. La disminución de casos es importante, aunque algunos jugadores aún tienen la desafortunada idea de que los controles son una agresión; lo ven como una intromisión indebida porque sienten que la liga les limita sus posibilidades de ser mejores y, en consecuencia, de ganar más dinero, que es lo que viene con el resultado deportivo, un mejor sueldo. Pero la mayoría ha cambiado de opinión porque sabe que es para cuidar su salud ante la cantidad de porquerías que se meten”, dice Plinio Escalante. 

De acuerdo con el reglamento, todos los jugadores mexicanos y extranjeros que se integren por primera vez a algún equipo de la LMB, o que no hayan jugado en la liga durante las dos temporadas anteriores, deberán ser sometidos a un control antidopaje antes de que se reporten con sus equipos. Si el jugador da positivo, no podrá mantenerse con su club, y si es extranjero será expulsado definitivamente. 

“Tenemos mucho cuidado con los extranjeros que vienen sobre todo de países donde no hay controles, como República Dominicana. Tenemos varios casos de peloteros que ni siquiera pudieron empezar a jugar, como el pitcher dominicano Claudio Galva, quien dice que hubo una confusión porque asegura que nunca ha consumido mariguana. A él le tocó ir a la Conade junto con otro jugador estadunidense, y por salvarse lo culpaba de sobornar al médico.”

Sin embargo, el presidente de la LMB reconoce que los controles fallan: los resultados tardan tanto (un mes, o a veces más) que algunos peloteros han empezado a jugar con sus respectivos equipos y luego han tenido que ser expulsados, tras el reporte del laboratorio de la Conade.

Un caso extremo fue el de los exjugadores de los Pericos de Puebla, Brad Voyles (2008) y Marino Salas (2009), cuyos resultados positivos por mariguana y boldenona, respectivamente, fueron recibidos cuando ya había finalizado la temporada.

“La respuesta de la Conade es lenta. Es perjudicial para los equipos porque cerramos las contrataciones un mes antes de que termine la temporada. Si el resultado de un aleatorio lo conocemos cuando el jugador ya está con su equipo en playoffs, o a punto de entrar a esa fase, les causamos un serio problema porque ya no pueden conseguir a otro jugador”, dice Escalante, y cuenta el caso de un equipo que jugó los playoffs con un pelotero dopado, pero nadie lo supo en ese momento porque los resultados llegaron después.

“Ha mejorado el tiempo de entrega de resultados pero todavía no es lo suficientemente rápido como requerimos, sobre todo en el fin de temporada; a veces se tardan más de un mes y lo deseable es 10 días, máximo. El compromiso que hizo Carlos Hermosillo (exdirector de Conade) fue de 15 días y no cumplió nunca”, lamenta Escalante. 

El retraso en la entrega de resultados ha despertado la preocupación de los directivos de los clubes de la LMB. Antes de seis meses, entre los 16 equipos deberán aportar a la liga un millón 500 mil pesos para pagar a la Conade por el costo de los exámenes, más los gastos de traslado a las distintas plazas de los médicos que realizan la toma de muestras. 

“Estamos por firmar el contrato de esta temporada y voy a pedir que se establezca el tiempo de entrega. Ya he hablado con Bernardo de la Garza (director de Conade) para que haya conciencia de que nos afecta y que sentimos que el dinero que nos cuesta no lo estamos aprovechando al cien por ciento. Por ejemplo, los resultados de playoffs los recibimos cuando la temporada ya acabó, entonces las sanciones las aplicamos hasta la campaña siguiente. Necesitamos resultados más rápidos. De la Garza me dijo que están haciendo el esfuerzo por mejorar porque buscan la certificación” de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA), cuenta Escalante.

Casa llena

El presidente de la LMB adelantó que los controles antidopaje también comenzarán a aplicarse de forma aleatoria a los 250 jugadores de la Academia de Béisbol, ubicada en El Carmen, Nuevo León, y que le harán la recomendación a las ligas de desarrollo, como la Norte de Sonora y la del Noroeste, para que también planeen una política antidoping. 

Asimismo, en la Convención del Beisbol Mexicano de septiembre próximo le insistirá al presidente de la Liga Mexicana del Pacífico (LMP), Omar Canizales, sobre la importancia de que también ellos realicen controles antidopaje, porque muchos de los peloteros que en verano juegan en la LMB son contratados en la llamada MexPac durante el invierno. 

“El relajamiento que ha habido en el Pacífico sí provoca el uso de sustancias que se eliminan rápido, pero hay algunas que tardan tres o cuatro meses y los podemos pescar aquí (en la LMB) aún con los efectos. Los jugadores no están seguros de cuál se elimina rápido y cuál no, creo se cuidan, pero sería deseable que todas las ligas lo aplicaran. En la convención pasada ya hablamos de homologar la política de control antidopaje y yo espero que todas las ligas tengan la disposición de hacerlo”, confía. 

Durante la temporada 2010, que arrancó en marzo pasado, el asesor médico de la LMB, Miguel Ángel Serrano, reanudará las pláticas informativas a jugadores, managers, coaches y trainers sobre los efectos adversos de las sustancias prohibidas, así como para insistir en que sólo con una buena alimentación y trabajo físico mejorarán su rendimiento. 

El presidente de la LMB dice que también hay un acuerdo que obliga a los clubes a contar con un gimnasio en los estadios y a ofrecer un menú con alimentos saludables durante los partidos que juegan fuera de casa.

Según Escalante, “hay clubes que lo hacen muy bien y otros no tanto, pero cada vez tenemos menos panzones. Este era un deporte que se caracterizaba por el exceso de peso de nuestros atletas por el tipo de alimentación, no sólo por la cerveza, no nos vayamos a lo peor. Hemos mejorado, lo que comen es sano, ya no es ‘la liga del taco’; hasta los jugadores que ganan salario mínimo (10 mil pesos) tratan de comer mejor. Hay tres equipos que no dan viáticos (Diablos, Tigres y Sultanes), y les dan de comer lo que el médico del club marca y se mete hasta a la cocina del hotel. Hay jugadores que se rehúsan y prefieren ir por sus tacos, pero los clubes ya están cuidando ese aspecto”.

–En las Grandes Ligas, el problema por el uso de sustancias que mejoran el rendimiento se extendió porque además de que no estaban prohibidas, los jugadores fueron solapados por managers, gerentes, presidentes de equipos. ¿En México es igual?

–El propio Comisionado (Bud Selig) sabía que se consumían sustancias. No dudo que en México hubo directivos que lo sabían y que no dijeron nada. Aquí copiamos rapidísimo lo que hacen en el béisbol allá, incluido lo malo, así que no pasó mucho tiempo antes de que tuviéramos que empezar a lidiar con esas sustancias. Pero cuando sepamos que existe algún presidente de equipo que lo solape, el resto de la Asamblea (de la LMB) decidirá que salga del beisbol. Hoy es tanto el dinero que se gasta y el interés por el juego limpio que el día que sepamos que un directivo protege jugadores va a ser expulsado y con deshonor, explicando por qué. Eso está acordado. 

“El problema es que no somos lo suficientemente profesionales para que nuestros acuerdos de pretemporada las sostengamos todo el año. En cuanto empiezan los juegos, los directivos enloquecen. Sólo piensan en ganar el campeonato y se olvidan de respetar los acuerdos de juego limpio. Y se enojan cuando se les sanciona a los jugadores.”

Plinio Escalante da cuenta de los casos de Jorge Chato Vázquez, exjugador de Tigres, y de Javier Robles, de Piratas de Campeche, para ejemplificar cómo los controles antidopaje han ayudado a los peloteros:

El Chato pudo superar su adicción a la mariguana, después de que en julio de 2007 fue sancionado 50 partidos y de que, con la ayuda de su equipo, entró a un programa de desintoxicación. No sólo la libró, sino que en diciembre de 2008 fue firmado por los Yanquis de Nueva York, que lo asignó con el equipo Trenton Thunder en la sucursal Doble A.  

Para Javier Robles fue más complejo. Al final de la temporada 2009 dio positivo por Ritalin, un antidepresivo que está en la lista de sustancias prohibidas de la LMB y que el pelotero consumía desde diciembre de 2005 por prescripción médica.  

Para evitar una sanción, antes del inicio de cada temporada, Robles debía presentar una exención por uso terapéutico, es decir, un documento en el que informe a la LMB sobre las razones médicas por las que consume Ritalin. Sin embargo, la última vez que lo hizo el trámite fue incorrecto y el 3 de febrero pasado, antes del inicio de la presente campaña, el pelotero recibió una suspensión de 50 juegos sin goce de sueldo. 

Psiquiatras del sector salud detectaron que ese medicamento “no lo iba a curar y lo volvió adicto”. Inició el proceso de dejar el Ritalin, pero a costa de un cuadro de depresión y ansiedad más agudo. Luego, “las doctoras me reportaron que para terminar de curarlo se necesita que juegue, porque además tenía la angustia de no poder llevar dinero a su casa”, dice Escalante. 

“Fue castigado porque el medicamento está prohibido, pero tengo la atribución de revisar el caso y dejé la suspensión en 25 días porque él aceptó someterse a un tratamiento, y eso no cualquiera lo hace. No podemos abandonar a un ser humano que depende de nosotros en lo económico en el momento que más nos necesita.”