Dopaje y corrupción en las huestes pumas

viernes, 16 de septiembre de 2011
Desde que Raúl Rivera fue nombrado head coach de los Pumas, el futbol americano de la UNAM se debate entre la mediocridad y la ruina. Así lo considera un grupo de exentrenadores y exjugadores que pide al rector José Narro su intervención para acabar con la opacidad y los malos manejos que el entrenador en jefe del conjunto del Pedregal ha permitido e, incluso, auspiciado. MÉXICO, D.F. (Proceso).- En el futbol americano de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) no hay transparencia en el manejo de los recursos, y parte de los mismos se gasta en el pago a jugadores de Liga Mayor. Aunque no se aplican controles antidopaje hay evidencias del uso de sustancias prohibidas. Además, se ningunea a los equipos de las categorías juvenil e intermedia y sus jugadores sufren maltrato. Ante estas irregularidades, exentrenadores y exjugadores de este deporte se organizaron para solicitar al rector José Narro crear una comisión que audite la estructura del futbol americano puma y ponga remedio a esa situación que calificaron como desastrosa. Los inconformes se reunieron con el titular de la Dirección General de Actividades Deportivas y Recreativas (DGADR), Severino Rubio, en dos ocasiones para exponerle sus argumentos; también le solicitaron que informara al rector acerca de los problemas que enfrenta el futbol americano en la Máxima Casa de Estudios. Hasta ahora no han recibido respuesta. El coach Carlos Salas Cuesta, exjugador de Cóndores (1972-1976) y coordinador defensivo con los Osos de Acatlán, campeones en 1987, sostiene que el estado de descomposición del futbol americano se agudizó desde que Raúl Rivera fue nombrado head coach de los Pumas. Asegura que desde esa posición otorga prebendas a sus incondicionales, como el pago de salarios a entrenadores que van desde 15 mil a 34 mil pesos mensuales. Afirma que dos de ellos, Édgar Zapata y David Rodríguez Castelán, incluso están en dos nóminas. Este semanario tiene copia de la nómina de honorarios del Programa de Liga Mayor que mensualmente paga la Secretaría Administrativa de la DGADR. En ella aparecen Rivera, 14 entrenadores y el “presidente de la ONEFA (Organización Nacional Estudiantil de Futbol Americano)”, quienes en conjunto cobran 326 mil 982 pesos. Los sueldos más altos los devengan Raúl Rivera (37 mil 982 pesos); Édgar Zapata (34 mil); David Rodríguez Castelán (22 mil); Javier García Reyes, Ulises Gutiérrez, Miguel Ángel Romero y Gabriel Sánchez Acuña (21 mil); Víctor Saspe, Pavel Tosky y Otto Becerril (20 mil). Les siguen José Luis Ramírez (17 mil); Noel Moreno y Marco Antonio Martínez (16 mil), y Luis Felipe Jaimes y Dimitri Rodríguez (15 mil). El salario más bajo es el de Carlos Rosado Stevens, quien percibe 10 mil pesos por ser presidente de la ONEFA, aunque dejó el cargo en febrero pasado. En la nómina de las categorías infantil, juvenil e intermedia –integrada por 59 personas– aparece de nueva cuenta el coordinador defensivo de Pumas CU, Édgar Zapata, como “coordinador técnico del programa”. Por este cargo recibe 20 mil pesos adicionales, para un total de 54 mil mensuales. Además de su cargo en la Liga Mayor, Zapata, exquarterback de los Aztecas de la UDLA (1991-1995), también se desempeña como director de ventas en México de la firma de ropa deportiva Under Armour. En su portal en internet esta empresa asegura que desde 2009 sólo viste a un equipo de Liga Mayor: Pumas CU. En la segunda nómina está incluido David Rodríguez Castelán, con el cargo de coordinador administrativo, por el que devenga un salario de 10 mil pesos, para un total de 32 mil pesos mensuales. “Los propios jugadores comentan que de ese dinero hay que darle por abajo del agua una parte al head coach. O sea, te pago 30 mil y me das 10 mil. Eso es corrupción. Una cosa es ser incondicional del entrenador y otra prestarse a estar en dos nóminas. No pueden estar haciendo eso en el deporte de la UNAM y que la autoridad lo permita. Se supone que debería haber un control, pero hay un mecanismo interno que lo protege”, explica Salas. Que haya transparencia En la lista de quienes cobran en infantil, juvenil e intermedia también están 41 jugadores del roster de 73 que participa en la campaña 2011 que inició el viernes 2. Los salarios que devengan oscilan entre 2 mil y 9 mil pesos; el sueldo más alto corresponde al “coordinador de infantil y juvenil”, Alejandro Vázquez Hurtado, jugador de quinto año. El nuevo capitán de Pumas CU, Éric Mosqueda, recibe 6 mil pesos al mes por ser “asistente en infantil”. También aparecen en esa nómina las doctoras Marcela Hernández y María del Carmen García, con sueldo de 6 mil pesos, mientras que el nutriólogo Israel Huerta gana 9 mil pesos. En tanto, José de Jesús Rivera, hermano del head coach, tiene asignado uno de los salarios más altos (12 mil pesos) por ser el coordinador médico del programa infantil. “Su especialidad –aclara Salas– es la gerontología”. Y agrega: “A nosotros nunca nos dieron un peso por jugar. Algunos recibían una ayuda para camiones o comida, pero no un sueldo, porque así se prostituye al jugador. Eso en el futbol colegial de Estados Unidos está prohibidísimo y aquí no hay ningún control. Oiga, 9 mil, 6 mil pesos, no es que sea un gran dinero, pero se quejan de las becas en las universidades privadas y ahí les dan escuela, libros, comida, estancia, nunca dinero. Nos hemos enterado de que se pagan viajes. Incluso a un jugador le dieron un coche pequeño; es decir, compran a los jugadores. “Hay corrupción con los proveedores que llegan a vender y para garantizar que les compren le dicen al head coach: ‘por cada 10 cascos que me compres te regalo tres’. Cada casco vale 8 mil pesos, y lo mismo pasa con la ropa y la utilería. Esos regalos sirven para que el entrenador quede bien con un muchacho y se incorpore al equipo. Rivera ha dicho, con cinismo, que se dicen muchas cosas de él, pero que deben comprobárselas. Por eso pedimos que una comisión independiente investigue y transparente, peso por peso, cómo se gasta el presupuesto. Si nadie tiene cola que le pisen seguramente van a colaborar.” Uso y abuso de corticoides De acuerdo con los inconformes, entre quienes se cuentan los coaches Antonio Paz, Eduardo Lozada, Julio González Miguel, así como Ángel Uresty, excapitán del equipo de la Universidad; Alejandro Varela, excapitán de Guerreros Aztecas, y José Rico, excapitán de Cóndores y Pumas, otro tema que debe ser investigado es el del dopaje. Ello porque a pesar de que el doctor Agustín Lazarini es el responsable del cuerpo médico de los Pumas, quien toma las decisiones es el hermano del head coach. Aseguran que cuentan con información de que el doctor José de Jesús Rivera ha infiltrado corticoides a algunos jugadores, y que también les suministra esteroides que le proporciona el coach Javier Trevizo, quien durante dos años estuvo como preparador físico en Liga Mayor y era responsable del gimnasio. En la categoría intermedia se desempeñaba como coordinador defensivo del hoy extinto equipo Pumas Azul. El coach Salas comenta que en una de las reuniones con Severino Rubio le plantearon este asunto y el funcionario reconoció que no sabía nada del tema. En el encuentro estaba el doctor Lazarini, quien insistió en las consecuencias nefastas que acarrea el dopaje. “Rubio nos dijo que estaba atento al problema del dopaje y que iba a ser prioridad atenderlo. Planteó que con el apoyo de la Conade a todos los jugadores de CU y de Acatlán les aplicarían un control para saber quiénes estaban usando sustancias y cuáles eran. Hasta ahí se quedó. Por eso pedimos que en la auditoría también se revise la cuestión de salud en los equipos de todas las categorías, pero sobre todo en Liga Mayor. Que me digan que soy un mentiroso”, apunta Salas. En 2008 Ernesto Tello, de 23 años, exjugador de los equipos Pumas Blanco y de Pumas Prepas en categoría intermedia, se fisuró el tobillo derecho. A pesar de que le habían dicho que su proceso de recuperación tomaría tres meses, en 30 días estuvo listo para jugar. Su equipo llegó a la final, pero se resintió de la lesión. Lo peor fue que estaba a punto de subir a Liga Mayor y para probarse debía estar en óptimas condiciones. “Perdí velocidad y fuerza, y entiendo que debía estar en las mejores condiciones para aspirar a un lugar. No podía físicamente y uno de los coaches de Liga Mayor (omite el nombre) me dijo: ‘Si quieres estar bien métete un ciclo, te infiltramos y te vas a poner megafuerte’. Dije que no. Seguí hasta donde llegó mi capacidad. Conocí un compañero que sí se puso un ciclo. El dopaje está muy generalizado en el futbol americano. El jugador no desconoce los ciclos, los chochos, pues los tenemos a la mano”, narra Tello. Carlos Salas Zurita, de 22 años e hijo del coach Carlos Salas Cuesta, jugó con Pumas desde categoría infantil y dice que cuando estuvo en intermedia eran sus propios coaches –jugadores de Liga Mayor– quienes lo aconsejaban sobre el uso de sustancias dopantes. “Los precios los manejaban por tipo de trajes de los súper héroes. Te preguntaban: ‘¿Quieres que tu traje sea de Batman, de Superman o de Hulk? Te va a costar tanto y en seis meses estás hecho un monstruo’. Los famosos ciclos cuestan desde 5 mil hasta 15 mil pesos. Te lo sugerían cuando te veían flaco, pasado de peso o lento en los ejercicios. En lugar de sugerirte algún ejercicio o dieta el consejo era: ‘Ponte un ciclo. Yo te consigo con quien comprarlo’. Así te lo dicen. Ya si quieres haces el contacto con la persona y esa misma te los pone. Todos saben dónde se consiguen los esteroides. Y hay cierto tipo de presión porque te dicen: ‘Órale, anímate, con eso llegas a Liga Mayor’”, detalla Salas Zurita. En 2009 este jugador presenció cómo el coach Trevizo –quien hoy trabaja en el staff de coaches del equipo Ángeles de la Ciudad de México que apoya el secretario de Educación, Mario Delgado– inyectó a un jugador del equipo de intermedia Pumas Azul. Lo hizo en el baño que está en el campo 4, justo al lado de las oficinas de los coaches de Pumas CU. “Era un receptor que querían que llegara a Liga Mayor, y ni llegó. Ahí estaba en el baño, delante de todos, enfrente del lavabo inyectándolo en el abdomen. Sacó una jeringa de insulina, la llenó con un líquido y se lo inyectó. Todos vimos que lo estaba dopando, pero volteábamos para otro lado.” Ninguneo La invitación a doparse no fue lo peor que vivieron Ernesto y Carlos. Ambos sufrieron el desprecio de ser veteranos y llegar a Liga Mayor. En 2009, los dos jugaron en el equipo de intermedia Pumas Blancos, pero por la edad (20-21 años) ya no podían estar en la ONEFA, y se fueron a la Fademac, la liga del Estado de México. Estos jugadores eran ninguneados por los coaches y les decían que estaban viejos. El presupuesto que les dio la UNAM fue mínimo. Les permitían usar el gimnasio, pero sólo a ciertas horas, y los mandaban de viaje en un camión tan viejo que apenas recorría unos cuantos kilómetros y se descomponía. Tampoco tenían derecho a comer. “Ese año se dio lo de los prospectos. El coach Rivera jaló jugadores de diversos clubes fuera de la UNAM y los incorporó a sus equipos. Con nosotros había unos cinco y a ellos sí les daba comida y también los tenía en la nómina. Terminabas de entrenar y te morías de hambre, porque sólo los prospectos podían comer. No eran ni de la UNAM ni tenían la mitad del talento que nosotros y sólo nos quedábamos viendo cómo comían”, recuerda Ernesto Tello. Carlos Salas vivió lo opuesto en 2008 cuando estaba en Pumas Prepa, que sí jugaba en la ONEFA. Su equipo llegó a la final contra Cheyennes de la Vocacional 2, entonces los consentían. “Los mismos coaches de posición que estaban en su quinto año de Liga Mayor, con experiencia, que se supone que nos enseñaban y nos trataban de llevar por el buen camino, eran los que nos decían: ‘a ti te aparté un lugar para la comida’. A varios nos daban el privilegio y sentíamos feo que los otros no comían. Son nuestros compañeros. Entrenamos juntos, ¿por qué nos separan así si hay comida para todos?”, se pregunta. El maltrato a los jugadores también se da cuando a pesar de que han jugado desde infantiles en los Pumas ni siquiera reciben una carta de invitación para probarse en Liga Mayor. Tello y Salas Zurita dicen que Raúl Rivera prefiere repartir invitaciones en equipos de Fademac como Gamos, Vaqueros, Bucaneros o Redskins, en lugar de convocar a los de casa o al menos darles la oportunidad de probarse con Pumas Acatlán. “Sabemos que no hay cabida para todos, pero la mayoría, desde infantiles y juveniles, fueron extraordinarios jugadores y se ha desperdiciado mucho talento. Rompen la cantera. Muchos de los despreciados ahora están en Águilas Blancas, otros en la Universidad del Valle de México, en los tecs, y no en la UNAM, porque no simpatizan con Rivera”, lamenta Salas Zurita. Tello, quien jugaba como tackle defensivo, sí fue invitado a quedarse con el equipo ofensivo, pero rechazó la oferta. “En 2008 se manejó mucho eso de los jugadores que son consentidos del head coach. La sentencia era ‘si eres hijo del Yo-Yo –como se le conoce a Rivera–, ya estás dentro’. En cambio, otros tenían que luchar por su lugar. Me dieron mi carta de invitación para irme a probar. Fui a entrenar e hice mis pruebas. No fui el mejor por lo de la lesión, pero me dijeron: ‘Por orden directa del Yo-Yo si te quieres quedar pásate a la ofensiva, te aseguramos el lugar así’. No se me hizo justo ocupar el lugar de alguien que se rompió el lomo en una posición que no es la mía. Le di las gracias a Rivera y me fui”, recuerda Tello. El coach Salas reflexiona: “No están obligados, pero hay una tradición de que al equipo completo de intermedia se les daba la carta. Es un reconocimiento por haber jugado en los Pumas desde infantiles. El jugador tiene el corazón puesto ahí y está viendo que unos comen y otros no, que a los de fuera les dan cartas y a ellos no. No se dan cuenta del daño moral que le provocan y que se queda para toda la vida. Maltratar emocionalmente a esos muchachos es inconcebible en la UNAM. ¿Hasta cuándo el rector va a atender esto? Tenemos la calidad moral para preguntárselo. No puede seguir así el futbol americano. Vamos para el cuarto año y seguimos siendo el equipo de los tuertos en la tierra de los ciegos”. Los exjugadores y excoaches inconformes piden al rector Narro que se dé cuenta del daño que se le ha hecho al futbol americano de la UNAM por jugar en la Conferencia del Centro contra “equipos mediocres” y no enfrentar a las universidades privadas. También le solicitan que cuando Raúl Rivera termine su contrato en noviembre próximo, la mencionada comisión reestructuradora presente una terna con los nombres de coaches que cuenten con el perfil para entrenar a Pumas, y se vote por quien presente el mejor proyecto. Indican que no es justo que se elija por “nepotismo y dedazo” y se proteja con un contrato de cuatro años a quien ostenta un puesto que ni siquiera merece.