Los mayas recuperan París

miércoles, 1 de febrero de 2012
PARÍS. - Ya están aquí. No pudieron nada contra ellas las trivialidades políticas de Nicolas Sarkozy y Felipe Calderón. Sólo aplazaron su llegada a la Ciudad Luz. Desde el miércoles 25 las máscaras funerarias mayas lucen en la Pinacoteca. Esplendorosas y poderosísimas hacen vibrar los salones del museo. Hipnotiza al visitante el estrabismo de sus inmensos ojos exorbitados de concha y obsidiana. Lo intranquilizan sus bocas abiertas como para gritar. Lo estremece su piel de jade, mosaico sofisticado de teselas (dibujos de cerámica) de múltiples matices de verde. Lo seducen los extraños nombres poéticos de sus lugares de origen –Calakmul, Oxkintok, La Rovirosa, Dzitbalché, Palenque– o el del gobernante K’inich Janaab’ Pakal. En esa mañana del día 25, durante la inauguración de la muestra para la prensa, Marc Restellini, director de ese museo privado creado hace apenas seis años, saborea su victoria. El 23 de febrero de 2011 su semblante parecía otro cuando la cancelación de la muestra Les masques de jade maya, a raíz de la “degradación de las relaciones entre Francia y México”. Sólo faltaba una semana para su inauguración. La exposición además debía “abrir” el Año de México en Francia. Centenares de carteles anunciando el acontecimiento cubrían los muros del metro parisino y los autobuses de la capital. La prensa gala hablaba con entusiasmo de une grande première. No era para menos: nunca antes habían salido de México estas máscaras restauradas en el marco del Proyecto Máscaras Funerarias iniciado por el INAH en 2001. Pero a Nicolas Sarkozy se le ocurrió la brillante idea de dedicar el Año de México en Francia a Florence Cassez, y a Felipe Calderón la de poner un punto final a la participación de México en el acontecimiento. “Fue una catástrofe –confía Marc Restellini a la reportera–. Se echaron a perder dos años de esfuerzos conjuntos. En realidad empezamos a trabajar sobre ese proyecto un año antes de que se decidiera organizar el Año de México en Francia. Luego sus organizadores nos invitaron a integrarnos al evento. Lógicamente, aceptamos. Y la política echó todo a perder. Me dio coraje porque aquí en la Pinacoteca somos totalmente apolíticos. Lo único que nos interesa es ofrecer exposiciones de suma calidad a un amplio público.” “Fue terrible –reconoce a su vez Sofía Martínez del Campo Lanz, coordinadora del Proyecto Máscaras Funerarias y curadora de la muestra parisina–. Todo estaba listo. Habíamos trabajado muy duro para la traducción de los textos, la edición del catálogo, la museografía en las salas de la Pinacoteca. Las piezas estaban listas para viajar a París, y todo se derrumbó.” Breve silencio. “En realidad fue Marc Restellini quien echó de nuevo todo a andar. Viajó a México para volver a iniciar las negociaciones con la Coordinación de Museos y Exposiciones del INAH. Se decidió dejar que acabara 2011 para no volver a tener cortocircuitos políticos. Marc insistió para inaugurar la exposición en enero. Y así se hizo.” La restauración de las máscaras funerarias mayas ocupan un lugar capital en la vida profesional de Sofía Martínez del Campo Lanz, quien presentó en 2010 en el Museo Nacional de Antropología de México el resultado de nueve años de trabajo. “La muestra se llamó Rostros de la divinidad: los mosaicos mayas de piedra verde –precisa la especialista–. Tuvo un éxito increíble y muy alentador. Después la exposición debía salir para París. Pero todo se estancó. Las máscaras y las ofrendas dieron entonces vueltas por México. Se exhibieron sucesivamente en Morelia, Puebla y Guadalajara. Alrededor de 250 mil personas fueron a verlas.” Los visitantes del Museo Nacional de Antropología fueron los únicos privilegiados que pudieron admirar las fabulosas máscaras y ofrendas originales de la tumba de K’inich Janaab’ Pakal. Los de provincia en cambio sólo tuvieron acceso a un facsímil perfectamente logrado gracias a los últimos descubrimientos de la tecnología en tres dimensiones. Y son estos mismos facsímiles los que se exhiben en París. Todas las piezas que viajaron a Francia son originales, salvo la ofrenda de Pakal, que nunca salió ni nunca saldrá del país. –¿Por qué? -Es un tesoro nacional. –Fuera de su fulgurante belleza, ¿que tiene de excepcional? –El material utilizado para manufacturar la máscara y el ajuar: se trata del jade más fino que existe. Se llama jade esmeralda o jade manzano. Su manufactura además es sumamente delicada. La ofrenda tiene un simbolismo excepcional y está completa. Todo el conjunto de la ofrenda forma parte de un mismo lenguaje. Su restauración, que movilizó a nuestro equipo durante casi dos años, permitió entender mejor las representaciones plásticas de los gobernantes mayas y de las divinidades, así como las relaciones que unían los unos y las otras. En cierta forma nos permitió alcanzar la esencia de los objetos. –¿Podría ser más precisa? –Las máscaras funerarias de piedra verde tenían una importancia capital, ya que el rostro estaba considerado como el reflejo del alma, y que la persona inhumada debía conservar su identidad en su tránsito hacia el otro mundo. Fue uno de los elementos que quisimos resaltar en la muestra Rostros de la divinidad: los mosaicos mayas de piedra verde, y también en la de la Pinacoteca. –¿Qué otros elementos de la civilización maya puede revelar esa muestra a los franceses? –Más allá del valor estético de estas obras realizadas por artistas extraordinarios, lo que nos importa resaltar es el pensamiento maya que queda plasmado en cada uno los objetos exhibidos. “A mi juicio se trata de una filosofía que debe tener un eco particular en esa segunda década del siglo XXI, tan alborotada por crisis de todo tipo. Los mayas consideran que todos los elementos forman parte de un conjunto y que interactúan. También afirman que no existe beneficio para el uno si no existe para el otro. “Esa forma de pensar a mí me entusiasma y creo que hoy es más válida que nunca. Es un mensaje que debe tener resonancia en nuestro mundo saturado de individualismo y abusos de todo tipo. Para los mayas el concepto de interacción es clave: no me puedo enriquecer a costa de los demás porque los demás van a sufrir y qué voy a hacer yo después. Lo que actualmente vivimos en el mundo tiene mucho que ver con eso, ¿no cree?” Después de unos segundos de silencio, Sofía Martínez del Campo Lanz confía: “En la cultura maya, al igual que en todas las culturas antiguas, para todo hay un significado, todo tiene razón de ser. Es también un mensaje de peso en nuestras sociedades que se quedan en la superficie de la vida cotidiana.” –A su juicio, ¿los visitantes mexicanos percibieron estos mensajes que aspira a transmitir a los franceses? –Sí. Tanto en la muestra en México como en la de Francia fuimos muy cuidadosos en nuestras explicaciones. No nos limitamos a describir los objetos. Presentamos el universo maya a los cuales pertenecen. En las cuatro exposiciones de México lo que más entusiasmó a la gente fue impregnarse de ese universo en el que todo tiene sentido. Eso lo constataron tanto las personas que vigilaban las salas como los directivos de los museos. Todos recalcaron que en el ámbito de violencia en el que se vive en México, la muestra fue como un bálsamo para quienes pudieron verla. –¿Viajará por otras ciudades de Francia o por Europa? –No. Se quedará en París hasta el 10 de junio, y luego las 147 piezas –máscaras, pectorales, collares, pulseras, anillos y figuras rituales– tendrán que ser regresadas imperativamente a México antes de las elecciones presidenciales.

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