Lisiados... y apestados

viernes, 30 de marzo de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Tienen que ir cada martes y jueves al pase de lista al Centro de Mando de la Policía Federal (PF) en Iztapalapa. Llegan a duras penas, a paso lento, apoyados en un bastón o de plano en silla de ruedas; con férulas o prótesis. Forman parte del Agrupamiento 20, el de los lisiados. Son quienes han sido heridos en faenas de su trabajo o en enfrentamientos con narcotraficantes. Estos “veteranos de guerra” en vez de ganar honores son discriminados: cuando hay festejos los esconden. Se les reconoce también porque en las mañanas, antes del pase de lista, están sentados en las gradas del campo de futbol, a la intemperie, abriendo la bolsa con la torta, el refresco, la naranja y los cacahuates que reciben como alimento, mientras los policías no lisiados disfrutan en el comedor de un desayuno caliente. Durante seis semanas Proceso entrevistó a policías heridos del Cuerpo de Reacción y Alerta Inmediata del Agrupamiento 20 y encontró las mismas quejas: negligencia en la atención médica, malos servicios del ISSSTE, discriminación de los mandos y obstáculos para recibir constancia de incapacidad, terapias y pago de salarios o pensión. “Entras a la policía por valor, por ganas de servir a la comunidad, de que tu familia esté bien y tengas una economía mejor, y cuando quedas lesionado –aunque haya sido en un enfrentamiento– eres inservible, no mereces buen salario y eres discriminado”, dice otro miembro “del 20”, como se le conoce. Representan los saldos no contabilizados de este sexenio de la guerra contra el narco. “Lo peor que te puede pasar es lesionarte. Te atienden sólo cuando te ven muy mal. A un compañero lo llevaron al Hospital de la Salud de San Luis Potosí sólo siete días después de lesionado”, dice un agente. Proceso entrevistó a cuatro integrantes del Agrupamiento 20 y a dos abogados. Las citas fueron en cafés, hospitales, estaciones del Metro y durante sus terapias de rehabilitación. Otros cinco enviaron una carta de denuncia para su publicación, pero por miedo a las represalias sólo uno acudió a la cita posterior. En el texto reclaman que en 2011 Facundo Rosas (jefe de la PF hasta el mes pasado) prometió apoyo a los heridos para obtener el reconocimiento médico por riesgo de trabajo, estímulos y ascensos por enfrentamientos, reubicación con horarios flexibles para sus terapias y posibilidad de cobrar el bono de operatividad (que les quitaron al lesionarse y que corresponde a la mitad de su sueldo). No dan sus nombres: temen que los envíen al área de Control de Confianza, les apliquen pruebas amañadas y los despidan. El mayor del grupo teme que “lo quiten del camino” o, como explica: “Que me den mi cambio y me manden arriba, la vida arriba es pesada, es cuando te desplazan al norte y te dejan tirado, ¿si entiende, verdad? Así se deshacen de los conflictivos”. Riesgo de purga El Agrupamiento 20, cuentan a este semanario, se creó el año pasado a raíz del creciente número de policías lesionados por la violencia extrema. Un dato extraoficial indica que son 477 los policías que en enero integraban El 20 (algunos llegaron ahí por faltas administrativas), aunque en febrero casi la mitad fue movido a puestos administrativos o “subido” a operativos. Según una nota de El Universal, 792 federales han sido heridos este sexenio en operativos contra el crimen organizado. Los testimonios dan cuenta del maltrato institucional al que son sometidos al lesionarse. “Estábamos en un enfrentamiento con policías municipales; yo era uno de los francotiradores y estaba en la pick up; el chofer arrancó de pronto, salí volando, caí, me rompí la pierna y ya no me pude levantar”, narra uno, lesionado en Coahuila. Fue trasladado al ISSSTE, donde tuvo que esperar atención como cualquier derechohabiente: no tuvo cama ni hubo equipo para operarlo. Esperó turno un mes para hospitalización. “En el ISSSTE muchas veces les niegan atención si esa clínica no les corresponde; nos comentan que no les dan atención, tienen que esperar horas y no hay servicio especializado para policías. Los jefes muchas veces se niegan a dar el pase de salida a los enfermos para que vean a un médico”, explica Humberto Cóporo, secretario general del Sindicato Independiente de la Secretaría de Seguridad Pública federal, reconocido por las autoridades laborales pero no por la propia secretaría. Un abogado que representa a un agente herido entregó a Proceso el expediente del juicio que llevó ante un juzgado federal en el que su cliente acusa de negligencia a los médicos de la clínica del ISSSTE de Nuevo Laredo por no atenderlo el 24 de agosto de 2009 con la urgencia que requería, por lo que estuvo a punto de perder el brazo derecho. Las quejas se repiten: “Vamos a hospitales privados porque en el ISSSTE nos dicen que no tenemos nada”. “El ISSSTE no se hace cargo de tu lesión si la secretaría no le avisó”. “Los jefes minimizan tu lesión como si ellos fueran a pagar de su bolsa”. “Nadie nos explica que tenemos seguro de gastos o cómo usarlo”. “Hasta los baleados batallan para ir al hospital y se andan muriendo desangrados”. Estos jóvenes muestran sus recibos de nómina con el descuento por faltas: alguno recibe menos del salario mínimo. Y mencionan a compañeros que reciben siete pesos quincenales o tienen meses sin cobrar un centavo. “Dicen que es nuestra culpa (recibir el salario recortado) por faltar, pero faltas porque no quedas bien”, explica el veterano del grupo, con más de un año exigiendo el reconocimiento de su lesión como accidente de trabajo. Uno de los cuatro entrevistados por la reportera antes era empleado en una compañía privada de seguridad. Otro tenía carrera en el gobierno federal. Otro era obrero. Uno siempre fue policía. Todos entraron a la PF cuando ésta comenzó a reclutar ofreciendo buenas condiciones de trabajo y una carrera ascendente. Hoy están lesionados, ganan menos de medio sueldo, se quedaron sin ahorros por pagar los gastos médicos y por la presión económica algunos han perdido hasta a sus familias. Bajas de guerra Los martes y jueves a las 7:30 de la mañana pasan lista en la base Contel (sede de la PF) antes del izamiento de bandera. Nunca saben a qué hora los dejarán salir. “Hay discriminación, nos tienen parqueados al aire libre, a veces cinco horas porque se les ocurre una jalada o firmar hora de salida y nos dan desayuno frío”, comentan. “Para los jefes eres un inútil, un idiota; a los del Agrupamiento 20 nos tratan como basura, nos dicen: ‘Ahí están los puteados, los inservibles’. Se pasan con los apodos: nos dicen la Caravana del Dolor. Cuando haces trámites administrativos te pierden tus papeles y tardas meses para volver a gestionarlos.” Los heridos que no son enviados al agrupamiento y se mantienen en sus compañías originales no tienen mejor suerte. “Con muletas, bastón o férula te ponen a hacer fajina: lavar los baños, cuidar el equipo. Hay jefes buenos que quieren ayudarte para que no te descuenten; otros te dicen: ‘¿Tú crees que con ese bastón portas bien el uniforme?’ y te obligan a marchar o a correr como todos”. Todos tienen quejas sobre el uniforme y el equipo que les brinda la corporación: “A veces nos mandan con chalecos caducados, sin equipo completo o armas en mal estado y así tienes que salir a trabajar”. Les angustia que los delincuentes están mejor equipados para la guerra: “Unos tienen hasta fusiles Barret antiaéreos que perforan camionetas y tres pasajeros y la bala todavía tiene fuerza para seguir. ¿Qué puedes hacer si tienes una calibre .223 y ellos camionetas blindadas de nivel 5 o 6? Es como si le escupieras a la ventana”. Un entrevistado adjudica el problema a la corrupción interna: Desde que se inician, los mandos rasuran los sueldos de los cadetes y tardan en darlos de alta al seguro de gastos médicos. Cuando se gradúan y están en “plazas calientes” sobrecargan de trabajo al personal que, cansado y estresado, se lesiona más fácilmente. O algunos no tienen suficiente capacitación. Apestados Los hombres del presidente en la lucha contra el narcotráfico son escondidos cuando están lesionados. “En diciembre hubo un evento con Calderón; nos tocaba ir a firmar ese jueves y nos pasaron la cita para el viernes. ¿Por qué? No les conviene que nos vean así”, comenta uno con tristeza. No falta la anécdota de la academia: “En San Luis Potosí fue una televisora a filmar la vida diaria de los cadetes; a los lesionados, que eran como 15, los metieron al cuarto de servicio con las escobas y cubetas desde la mañana hasta las tres de la tarde. Peor que si fueras animalito”. La lesión les trastocó la vida. Todos pasan penurias por el sueldo que cobran. En una urgencia médica de un familiar uno remató el equipo de sonido que había comprado con su salario y que consideraba el indicativo de su mejoría de vida cuando ingresó a la PF. Se muestran inquietos y dicen que les urge que se publiquen estas entrevistas: escucharon rumores de que este año desaparecerá El 20 para invisibilizar a los lesionados y, como dice uno: “Si eso pasa, ¿quién nos va a apoyar?”

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