Acosados, extorsionados, asesinados... solos

miércoles, 16 de enero de 2013
Un ejido de la Tierra Caliente de Guerrero –visitado por Proceso– vive bajo el acoso constante de un grupo armado que se dedica a extorsionar a los ejidatarios... y a matarlos cuando le viene en gana. Según habitantes de la región, esa gavilla –mezcla de banda del crimen organizado con fuerza paramilitar– está protegida por las autoridades de Guerrero. Y cuentan más: que ese pequeño ejército irregular fue fundado por Zeferino Torreblanca cuando era gobernador, para combatir a los remanentes de la guerrilla. EJIDO FRESNOS DE PUERTO RICO, GRO. (Proceso).- Pese a ser autoridades ejidales reconocidas por los tres niveles de gobierno, los hermanos José Luis y Javier Villalva Sánchez ejercen sus funciones en la clandestinidad.­ Ambos fueron amenazados por un grupo paramilitar presuntamente vinculado con los Caballeros Templarios y que, según dicen habitantes de la región, fue creado durante el sexenio del gobernador Zeferino Torreblanca (2005-2011) para exterminar a los grupos guerrilleros que usan el Filo Mayor de la Sierra Madre del Sur como zona de tránsito. El grupo de paramilitares, integrado por no más de 10 personas, es dirigido por Serafín Alegre Cortez, a quien le temen los ejidatarios de Fresnos de Puerto Rico y de otras comunidades de este municipio de Ajuchitlán del Progreso por las decenas de crímenes que supuestamente cometió con protección policiaca durante el gobierno de Torreblanca. Los pobladores de la región sostienen que Alegre también está respaldado por bandas más violentas. “Si me matan van a venir otros más poderosos a acabar con todos ustedes”, suele amenazar. Desde 2007 los paramilitares extorsionan a la población local y el próximo martes 15 se vence el plazo para que los ejidatarios de Fresnos de Puerto Rico –que viven de la explotación de los bosques– paguen 3 millones de pesos a cambio de no ser asesinados. Según información que corre en la parte más alta de la sierra de Guerrero, una vez dispersado uno de los grupos guerrilleros de mayor presencia en la región –el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), después de la muerte de Omar Guerrero Solís, Comandante Ramiro, en noviembre de 2009–, Alegre se vinculó con sicarios de los Caballeros Templarios, que se disputan el control de la Tierra Caliente y la Costa Grande con el Cártel de los hermanos Beltrán Leyva. Los Villalva Sánchez han recurrido a las autoridades civiles y militares para denunciar los hechos. Hasta ahora la indiferencia ha sido la respuesta. José Luis, de 37 años, y Javier, de 42, presidente y secretario del comisariado ejidal, respectivamente, buscaron el apoyo de la Asociación Ciudadana Defensora de los Derechos Humanos, fundada hace poco tiempo por Leopoldo Soberanis Hernández, empresario exportador de mango y coco originario de Tecpan de Galeana y convertido en activista ante la ola imparable de violencia en la región y debido a los abusos cometidos por integrantes del Ejército contra la población civil. Acosado por su activismo, desde noviembre de 2012 y beneficiado con medidas cautelares otorgadas por la Secretaría de Gobernación, Soberanis tiene escolta: tres agentes de la Policía Federal. Guiados por Soberanis y los Villalva, los enviados de Proceso llegan a Fresnos de Puerto Rico; lo hacen por sorpresa, sin previo aviso, tal como las autoridades ejidales acostumbran llegar a este pueblo enclavado en el Filo Mayor. Así lo hacen desde el 15 de septiembre de 2012, cuando por acuerdo de la asamblea de ejidatarios fueron alejados de su pueblo “por seguridad, porque los malandrines no querían tener tratos con nosotros”, dice Javier. Fresnos de Puerto Rico fue reconocido como ejido en 1964. De sus 4 mil 900 hectáreas, mil 540 son, desde 2011, un área de conservación que se encuentra dentro del programa de Pago por Servicios Ambientales Hidrológicos de la Comisión Nacional Forestal. Para llegar a este ejido –muy cercano a los límites con Michoacán– hay una carretera en construcción y de muy difícil tránsito que se inicia en Tecpan de Galeana. En el ascenso –Fresnos está a 2 mil metros de altura– las diversas tonalidades de verde de las coníferas se interrumpen en las cañadas por grandes áreas de hileras rojas. Son flores de amapola, de cuyos bulbos se extrae la goma de opio, base de la heroína. Guerrero –en particular el Filo Mayor– es el mayor productor de amapola en el país, reconocido así por la Secretaría de la Defensa. El año pasado, según reporte de la 27 Zona Militar, de enero a octubre se erradicaron de esta región de la sierra más de 24 mil plantíos de amapola. Ante el abandono del estado, buena parte de los habitantes de la sierra –clasificados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía como de “muy alta marginación”– han visto en la extracción de la goma de opio su fuente de supervivencia.   Protección a paramilitares   Nombrados autoridades ejidales en 2010, cuando llegó la luz eléctrica a este enclave de la sierra, los hermanos Villalva sostienen que buscaron proyectos alternativos, como la explotación racional de los bosques, la producción de aguacate y de plantas medicinales o tratar de proyectar su comunidad, de espectacular belleza, como atractivo turístico. “Somos necios, no queremos abandonar los proyectos productivos que conseguimos; por eso seguimos viniendo a escondidas”, dice Javier, a quien los paramilitares le quemaron su casa y su tienda aledaña el 2 de septiembre pasado. Ese día él estaba en Chilpancingo y desde meses antes había sacado a su familia del pueblo. Antes de llegar al valle rodeado de variadas especies de árboles de maderas finas, Javier convoca por radio a una reu­nión en el comisariado ejidal. Los pocos hombres que acuden a su llamado no se ven asustados por las armas que portan los guardianes de Soberanis. A lo que le temen es a los paramilitares que los tienen acosados. Según una denuncia presentada ante la Procuraduría General de la República (PGR) el 2 de septiembre de 2011, quien encabeza el grupo es Serafín Alegre Cortez, quien presuntamente recibía del gobierno de Torreblanca “armas, uniformes, radios de comunicación y apoyos económicos” para exterminar al “grupo de encapuchados” dirigidos por el Comandante Ramiro del ERPI. José Luis Villalva precisa: “Erit Montúfar (exdirector de la Policía Ministerial) y el general retirado Ramón Arreola (exsubsecretario de Seguridad Pública) contrataron a Serafín y a su gente –que se han dedicado a sembrar droga– para matar capuchas (guerrilleros). Les daban 30 mil pesos por cada muerto”. Esta estrategia duró varios años, asegura el presidente del comisariado ejidal, y en ella participaban policías estatales que transportaban en vehículos oficiales a los paramilitares. Según el documento entregado a la PGR, del que Proceso tiene copia, los habitantes de la región se enteraron de que Alegre y su grupo “llegaron a cobrar hasta 600 mil pesos por los muertos, de los cuales se supo que muchos fueron gente inocente”.­ El escrito presentado en la PGR refiere que en 2007 una columna del Comandante Ramiro emboscó y asesinó en Fresnos de Puerto Rico a Sergio Alegre Cortez y Rosendo Alegre Villegas, hermano y sobrino de Serafín, respectivamente. Desde entonces Serafín y su grupo –a quienes se acusa además de asesinar a los ejidatarios Antonio Arreola Rodríguez el 15 de octubre de 2009 y a José Arreola Cortez el 2 de septiembre de 2012– extorsionan a los ejidatarios. Les han quitado ya más de 1 millón de pesos y exigen que se le depositen otros tres en una cuenta bancaria de Zitácuaro, Michoacán. “Los ejidatarios nos rendimos ante los criminales, primero por miedo y después porque confirmamos que tenían protección del gobierno del estado. En 2008 fuimos convocados por Arreola y Montúfar a una reunión en la que estuvo ese maleante. Cuando lo vimos, creímos que lo iban a detener porque ya tenía una orden de aprehensión por extorsión. Pero no. Permitieron que nos insultara y al final Arreola nos dijo: ‘Para que los deje en paz, páguenle lo que le deben’. Salimos muy decepcionados”, recuerda José Luis. Los ejidatarios convocados a la reu­nión por los hermanos Villalva se obstinan en el silencio. Nadie quiere hablar de cómo los proyectos productivos se han visto estancados por la violencia, de cómo la maquinaria del aserradero que adquirieron para fabricar muebles se va deteriorando, de cómo han dejado de cuidar sus bosques y cultivar sus plantíos de aguacate por miedo a ser asesinados en el camino y de cómo se han visto impedidos de sofocar incendios forestales o evitar la cacería furtiva. Después de dos horas de permanecer en la comunidad, la escolta de Soberanis ordena la retirada. El activista considera sospechoso que los policías estatales del cuartel que está a unos 800 metros del comisariado ejidal no se hayan acercado a verificar quiénes son los hombres armados –es decir, ellos mismos–, los enviados de Proceso y las autoridades ejidales. En el descenso del Filo Mayor, cerca de la comunidad de La Laguna, seis hombres a bordo de una camioneta Pathfinder blanca interceptan el vehículo en el que viajan el conductor, la reportera, José Antonio Rivera Rosales –enviado de Contralínea–, Javier Villalva, Leopoldo Soberanis y su escolta. Morenos rojizos quemados por el sol, los hombres tienen los ojos vidriosos y aparentemente están armados; cinco permanecen en la camioneta mientras otro baja y se acerca a nuestro vehículo. Éste, de gorra blanca y camisa polo rosa holgada, se acerca a la ventanilla del chofer y al ver al agente armado vestido de civil dice: “¡Vienen bien custodiados! Los vimos desde que subieron en la mañana. Nosotros somos del Número Uno, El Viejón. ¿Ustedes son de los mismos?”. El chofer y el agente asienten con la cabeza instintivamente y el hombre de ojos vidriosos, tras repasar los rostros de cada uno de nosotros, decide dejarnos ir. “Es una patrulla del crimen organizado”, comenta después del episodio el agente. “Número Uno y El Viejón son las claves del jefe de la plaza. Querían verificar quiénes éramos. Corrimos con suerte.” Tres días después de esta visita a Fresnos de Puerto Rico, el 19 de diciembre, 60 hombres armados llegaron a la comunidad a plena luz del día. “Recorrieron los alrededores del pueblo pero no agredieron a nadie. Entre ellos no estaba Serafín Alegre, lo que confirma que está coludido con un grupo más poderoso, y así como la policía no hizo acto de presencia con nosotros, tampoco lo hicieron con ellos”, contaría después Soberanis.

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