Regresa "El Cigala", quiere grabar a Javier Solís

Su cante flamenco lo internacionalizó hace una década con Lágrimas negras, gracias al piano mágico del cubano Bebo Valdés, fallecido en marzo de este año. Alistando su vuelta al Auditorio Nacional para presentar su nuevo álbum Romance de la luna tucumana, Diego El Cigala habla acerca de su deseo por grabar temas de El rey del bolero ranchero, Javier Solís. El artista se mudó a la República Dominicana convencido de que “en España no hay futuro”.   MÉXICO, D.F. (Proceso).- Situado por especialistas como uno de los mejores ejecutantes de flamenco, Diego El Cigala enfatiza que le gustan mucho los boleros rancheros de México y ya tiene bajo la lupa al cantante Javier Solís para grabar en breve un disco de sus interpretaciones. Luego de su nominación al Grammy y antes de venir a México a presentarse en el Auditorio Nacional el jueves 31, El Cigala narra, vía telefónica, desde su nuevo hogar en República Dominicana, que escuchó la melodía Tres palabras, que cantaba Solís, cuando la tocaba en el piano el cubano ya fallecido Bebo Valdés con su hijo Chucho: “En ese momento me encantó la voz de ese artista y me dieron ganas de grabar algo de su repertorio, y lo llaman precisamente El rey del bolero ranchero. Entonces estoy en eso, escuchando las letras. En general los boleros son muy buenos, muy románticos. “Bueno, la música mexicana es muy amplia, Chavela Vargas la cantó muy bien y otros grandes personajes también lo han hecho, porque se han enamorado de toda esas distintas melodías mexicanas, las cuales son muy bonitas.” Por su nueva grabación Romance de la luna tucumana está nominado a los premios Grammy (equivalentes a los Premios Óscar en el mundo de la música) como Mejor Disco, y lo interpretará en su presentación mexicana. El título del álbum proviene de una canción del excelso argentino Atahualpa Yupanqui (1 de enero de 1908-23 de mayo de 1992). –¿Qué es para usted Atahualpa Yupanqui?­ –Para mí fue un genio. Cuando escuché las obras de este gran hombre me pareció un tremendo poeta. Creó que leyó mucho a Federico García Lorca, porque El romance de la luna tucumana es muy lorquiana y flamenca, lleva la raíz de su genio. Me gustó ponerle así al disco pues es preciosa la canción. A su estilo introdujo la música cubana hacia 2003, cuando grabó con Bebo Valdés el álbum Lágrimas negras; luego realizó Picasso en mis ojos (2005), en homenaje al pintor, donde intervino Paco de Lucía y sobresalieron los tangos; siguiendo con Dos lágrimas (2008), conformado por música caribeña, y Cigala & tango (2010). A decir suyo, El romance de la luna tucumana lo llevó a otros campos musicales, otros territorios, otra cultura, otra gente: “No sólo a Argentina, sino a la Latinoamérica profunda. El disco es un homenaje a los grandes de Argentina y está inspirado en Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui, el Martín Fierro de José Hernández y los grandes poetas que ha dado Argentina. Me siento muy cómodo y a gusto interpretando el folclor de ese país, conectado el alma y el corazón también. Por eso están Atahualpa, Mercedes Sosa, hay de todos un poquito. Y con el flamenco.” El álbum contiene La canción de las simples cosas, de Isella y Armando Tejada Gómez, y Déjame que me vaya, de Carabajal y Ternavasio, sobresaliendo Por una cabeza, de Alfredo Lepera que inmortalizó en 1935 Carlos Gardel, o Naranjo en flor, tango canción de Homero Aldo y Virgilio Hugo Expósito, famosa por El polaco Roberto Goyeneche.­ –Parte del material en este disco había quedado fuera de Cigala & Tango, ¿verdad? –Sí. Se me quedaron Naranjo en flor y Los mareados; la chacarera, la samba... Me costó mucho trabajo buscar el repertorio que yo quería para el disco. Estuve muchas noches frente a Youtube viendo biografías de Goyeneche, Mercedes Sosa, Gardel, en fin. Y conforme iba viendo los temas trataba de ver si se fraguaban en mi mente. “No llamaría al Romance de la luna tucumana un disco de tango, sino más andino, de los grandes poetas de Argentina y del folclor, es para mucho más público, y tiene el sello de El Cigala, muy visible en la rumba Romance de la luna tucumana, en la que se ve claro quién soy. Y también en la chacarera con ese tiempo de tres, que parecen fandangos de Huelva; pero no podía llevarla a un flamenco ortodoxo.” –¿Por qué ha fusionado la música cubana y el folclor de argentina con su estilo flamenco? –No lo puedo evitar. De este disco me gusta todo. Estoy muy agradecido de que esté nominado al Grammy, ¡qué emoción que mi trabajo haya sido incluido, quiere decir que está dando frutos!   Canciones como trajes   El Cigala enfatiza la dificultad de buscar temas para su último álbum: “Sí me fue difícil hallar los cantos. Buscaba y buscaba, escuchaba y escuchaba. Y grabábamos... Con las canciones pasa como con los trajes, unos te quedan grandes y otros chicos, así que se deben escoger con mucho cuidado las melodías.” –¿Considera que es muy ardua esta labor de búsqueda? –Sí, mucho, es un trabajo más íntimo, no quieres que nadie sepa qué haces. Nada más estás tú y lo que escuchas. En ese momento te vuelves muy egoísta. En ese instante tan íntimo existe mucha reflexión con respecto a cada una de las piezas. –Aquí también tenemos a Carlos Gardel, El rey del tango… –Sí, es parte del folclor argentino. Aunque mira lo que se nos dice de que nació en París, ¡ya no se sabe y se ha hecho todo un mito alrededor de él! Me encanta porque como argentino llevaba en su corazón la música de su país, y como él, sólo hay uno. El Cigala, cuyo apodo proviene de la sabrosa langosta noruega Nephrops Norvegucus, define: “Lo que caracteriza al disco es el sonido. El sonido de la guitarra de Diego García es muy particular. Al principio pensé que me iban a matar, porque me enamoró tanto el sonido slim de la guitarra, el sonido twang, un sonido de los cincuenta, antes del rocanrol, que yo estaba ya en el jazz, en el blues; pero meter la música del norte de Argentina con esa guitarra que tiene sonidos tipo Django Reinhardt y George Benson, con momentos de Nueva Orleans, ha sido un reto total.” Cuenta que durante un concierto de Andrés Calamaro, en el Auditorio Nacional, salió El Cigala a cantar una pieza. “Miré para atrás y vi a este tipo tocando. Nos dieron las claras del día juntos y, cuando ya me iba, le dije a Diego García: ‘Tenemos que grabar Naranjo en flor’. Al año me mandó las pistas con batería, contrabajo y su guitarra. Cuando me puse los audífonos en mi estudio, dije: ‘¡Éste es el disco!’.” No deseaba crear un álbum de canciones andinas “con la misma versión de piano, bandoneón y guitarra, porque iba a ser más de lo mismo”. Asegura que todos “estos poemas” son diferentes por la guitarra de Diego García: “Fluían tan rápido que no hubo que buscarle tres pies al gato. Y eso es porque la música estaba en estado de gracia. Él ha estudiado muchísimo el tango. Viniendo de la guitarra clásica, decepcionó mucho a sus padres al cambiarse al rock. Con Calamaro se fue a Argentina, y cuando le pregunté cómo andaba en cuanto a temas de tango, me dijo: ‘¡Lo que querás, loco!’.” El romance de la luna tucumana se grabó en Madrid: “Se hizo en tres semanas, a 12 horas diarias. Perdía la noción del tiempo. Después de 12 horas, la cabeza me daba vueltas. Pero nos levantábamos por la mañana con el oído fresco a ver qué faltaba y qué más meter. Y se incluyó la colaboración de Adriana Varela.” Su disco, además, se inspiró en el cine, pues viendo la película La lista de Schindler le llamó la atención una secuencia donde surge Óscar Schindler con todos los alemanes y se escucha tango. –¿Qué significa para usted la gran cantante tucumana Mercedes Sosa (1935-2009)? –Como he dicho, me basé en el cine. Y la samba Balderrama surgió viendo la película del Che, de Benicio del Toro. Cuando termina la película, con los créditos aparece Mercedes Sosa cantando. “Mi hijo Rafael estaba escuchando Un niño en la calle con Calle 13. Se sabía el rapeado perfecto. Le dije: ‘¿Qué es eso?, ¡trae para acá que eso lo tengo que grabar yo!’. Llamé a Álvaro y le dije que lo grababa. Metí la voz y se lo mandé a Fabián, el hijo de Mercedes. Y me mandó de regalo la pista de su mamá, del disco Cantora. Me puse a escucharlo y me eché a llorar.” A orillitas del canal, cuando llega la mañana, sale cantando la noche, desde lo de Balderrama­… El Cigala consagró su fama mundial con Lágrimas negras. –Sí, es cierto, y por eso siempre voy a recordar a Bebo Valdés. Los tres años de gira que estuve con él fueron una cátedra, gracias al piano de Bebo hice Dos lágrimas, Cigala & Tango, y sin él no hubiera sido posible ahora Romance de la luna tucumana. Me decía que tenía que escuchar los tangos argentinos, que investigara los boleros rancheros de Javier Solís, y ya tengo toda esa información. Yo soy algo más que cantaor flamenco, he trascendido esa fase. “Tenía muchas ganas de estar por acá. Tengo presentaciones en México, Colombia, Cuba, en toda Latinoamérica, entonces necesitaba mucho estar por acá. Me traje a mi familia y estamos tranquilos. Aparte, España está demasiado mal... pero, bueno, eso sucede en todas partes, por eso me vine para acá, porque yo ya quería estar mucho más tranquilo. “En España no hay futuro. No culpo a nadie de lo que pasa, amo a España, pero yo allá simplemente ya no encajo. Tengo 45 años y ha sucedido una hecatombe que nunca imaginé. También viajo a Europa, pero en España mis giras se cuentan con los dedos de la mano.” Ha solicitado la doble nacionalidad hispano-dominicana, porque así será más cómodo para su familia. “Me da miedo cómo está el mundo. Hay mucha injusticia, tanta corrupción, violencia, ¡uf!... En todos los lugares está igual, no sólo México. Me gustaría que todos buscaran lograr la paz.” Y así, El rey del flamenco, nacido en Madrid en 1968, finaliza: “Por eso soy músico, porque la música alimenta y alegra los corazones.”

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