La marca gubernamental: represión selectiva e implacable

martes, 3 de diciembre de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El director de teatro Juan Francisco Kuykendall está próximo a morir. Eso le han dicho los médicos a su pareja, Eva Palma, quien ha visto el progresivo deterioro de su salud desde que el 1 de diciembre de 2012 fue agredido por policías federales cuando documentaba la represión contra las protestas que marcaron la toma de posesión de Enrique Peña Nieto. Kuykendall salió del coma en enero, pero quedó incapacitado para siempre. Sólo tiene movimiento en un brazo, no habla y no reconoce a nadie. Está invadido por bacterias en la sangre e infecciones intratables, producto de la inmovilidad en que lo dejó un proyectil disparado por un policía federal que permanece impune, como el resto de los agentes federales y guardias presidenciales que actuaron ese día. Teodulfo Torres, único testigo identificable de los hechos –y quien además los videograbó–, desapareció el 26 de marzo, días antes de rendir su testimonio ante un fiscal federal. “La represión e impunidad, que siempre han estado presentes, se agudizaron a partir del 1 de diciembre. El sistema y el gobierno cada vez sofistican más las formas de represión”, sentencia Eva Palma. Agrega: “De los autores intelectuales del operativo del 1 de diciembre, Miguel Ángel Osorio Chong y Manuel Mondragón, mejor ni hablar. Los ministerios públicos jamás dirigirán una investigación contra ellos… son sus jefes”. Los casos por ejecución, tortura, represión selectiva y fabricación de delitos empiezan a acumularse. Para agravar el cuadro, quienes denuncian son objeto de pesquisas judiciales y ataques mediáticos... Fragmento del reportaje que se publica en la edición 1935 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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