"Leñero nos hereda la victoria de una vida y una obra admirables": Luis de Tavira

jueves, 4 de diciembre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Compañero y/o cómplice de Vicente Leñero en varios proyectos teatrales como la puesta en escena Nadie sabe nada y el Teatro Clandestino, el director escénico Luis de Tavira hizo una cálida semblanza del escritor en el homenaje con el cual familiares, amigos, artistas, intelectuales y público en general despidieron esta tarde al escritor, en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes. Unos minutos después del mediodía inició el acto con un aplauso de cerca de dos minutos, al cual siguió una guardia de honor de “las mujeres que siempre lo rodearon”: Sus hijas Estela, Isabel, Eugenia y Mariana y sus nietas. Su esposa Estela Franco no acudió al homenaje porque prefirió quedarse en su casa para recibir las cenizas del escritor a su regreso a la colonia donde reposarán, su hogar de siempre: San Pedro de Los Pinos, dijo Estela Leñero. A lo largo de más de una hora montaron guardia sus yernos, entre ellos el actor Jesús Ochoa, el director de cine Víctor Ugalde y el músico Javier Bolaños. Luego hicieron lo propio miembros de la Academia Mexicana de la Lengua, a la cual Leñero ingresó el 12 de mayo de 2011, entre ellos, Felipe Garrido, Eduardo Lizalde y Adolfo Castañón, en representación de su presidente Jaime Labastida. Enseguida, tocó turno a integrantes de la Federación de Ingenieros Civiles de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Hubo también guardias de los directores, editores, reporteros y trabajadores de la revista Proceso, que Vicente Leñero fundó en 1976 con Julio Scherer, luego del golpe a Excélsior orquestado por el entonces presidente Luis Echeverría. José Solé, Julieta Egurrola, Enrique Sínger, Gabriel Pascal, Jorge Sánchez, Ignacio Solares, Blanca Guerra, Francisco Prieto, Miguel Sabido y Carmen Aristegui fueron algunos de los personajes que despidieron a Leñero y expresaron sus condolencias a los familiares del escritor. Asistieron asimismo alumnos de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, en la cual realizó sus estudios Leñero, quien primero se graduó como ingeniero civil en la UNAM. No faltó el público en general, entre ellos un hombre que portaba una manta con las consignas: “Que se vayan todos. Monstruos. Criminales. Negligentes. Impúdicos. Cínicos.” Y otro más que gritaba: “¡Vicente vive, Proceso sigue!” De Tavira habló de las diferentes facetas profesionales y literarias de Leñero. Primero del teatro, donde “hemos aprendido que el gesto más poderoso del personaje es el mutis, porque es entonces, cuando se ha ido, cuando en el estremecimiento del vacío que deja venimos a descubrir cabalmente quién ha estado entre nosotros. La muerte sólo tiene sentido para quienes han amado apasionadamente la vida”. Y remarcó: “Esto dice con elocuencia la plenitud del mutis con el que Vicente Leñero nos deja, en este aquí y ahora en el que la palabra se resiste ante el silencio.” El director escénico expresó la pena que le causa el fallecimiento del escritor y periodista, ocurrido la mañana de ayer, miércoles 3 de diciembre, pero habló también del gozo “que celebra el triunfo de Vicente Leñero que nos hereda la victoria de una vida y una obra admirables”. Destacó la libertad con la cual Leñero se expresó en todos los campos y su búsqueda de la verdad con la cual enfrentó la censura, la violencia, el autoritarismo, la mordaza y los embates de la corrupción. Entonces recordó el momento, capturado en varias imágenes fotográficas, en el cual Julio Scherer y Vicente Leñero salen de Excélsior, después del golpe de Echeverría, y van caminando por Paseo de la Reforma. Tiempo después fundaron Proceso. Y mencionó cómo el alzamiento neozapatista de 1994, al cual comparó con el caso de Ayotzinapa, Guerrero, dio lugar al manifiesto del Teatro Clandestino. En su intervención, el presidente del Conaculta, Rafael Tovar, habló de la tenacidad con la cual Leñero defendió su vocación de escritor y dejó la ingeniería, con el apoyo de su esposa Estela Franco y de toda su familia: “Dedicado inicialmente al periodismo, amplió luego la paleta de su escritura hacia la ficción y es indudable que las dos décadas en que destinó sus esfuerzos a la búsqueda de la verdad periodística, le dieron los elementos para crear una obra que se alimenta del rigor del investigador y de la autenticidad de la vida de sus personajes y situaciones. “Y ese círculo se fue ampliando hacia el teatro, el guión cinematográfico, el testimonio y la crónica, hasta que Leñero practicó la narrativa en todas sus formas posibles.” El resultado, enumeró el funcionario, son diez novelas, la primera de ellas La polvareda, publicada en 1959, cuatro colecciones de cuentos, 18 guiones, 14 obras de teatro e innumerables reportajes. Y tras resaltar la importancia de la voz periodística de Leñero, que se distinguió por ser crítica y señalar los problemas del país, citó una frase que el propio autor dijo en una entrevista con Silvia Cherem, publicada en Revista de la Universidad, de la cual fue colaborador hasta sus últimos días: “Estela, el periodismo y la literatura han sido mis fuerzas purificadoras. Camus tiene una frase lapidaria: ‘Cuando se acaba el misterio, se acaba la vida’. Yo la tomo como una advertencia personal (…) creo en la vida eterna, en la partida a medio juego, porque finalmente nunca morimos del todo…” Vino al final la última guardia de honor con sus hijas y los funcionarios, presentes Tovar y de Teresa, María Cristina García Cepeda, directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes; Emilio Chuayffet, secretario de Educación Pública, y Adolfo Castañón, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, y un segundo aplauso, tan intenso como el primero, con todos los asistentes mirando una imagen de Leñero en su biblioteca, tomada por Rogelio Cuéllar.