Balcells-Gabo: el matrimonio perfecto

miércoles, 23 de abril de 2014
De los escritores del boom latinoamericano representados por la agente literaria Carmen Balcells –la lista incluía decenas de nombres–, el colombiano Gabriel García Márquez era su preferido. “Eres el 36.2% de nuestros ingresos”, le comentó un día al escritor. Durante lustros mantuvieron una relación profesional, comercial y amistosa no exenta de momentos ríspidos, que ambos supieron remontar. En 2010 un periodista le preguntó a Balcells cómo consiguió que los editores aceptaran sus nuevas reglas. Ella respondió: “Cuando tienes un autor como Gabriel García Márquez puedes montar un partido político, instituir una religión u organizar una revolución. Yo opté por esto último”.   MADRID (Proceso).- Aun cuando Carmen Balcells fue una de las principales agentes literarias que promovió a los escritores del boom latinoamericano, su relación con Gabriel García Márquez fue tan entrañable –incluso fue su confidente– que hacía cualquier sacrificio por él. Y el escritor colombiano le supo corresponder. Incluso la bautizó como “La Mamá Grande”, en clara alusión a su libro de cuentos Los funerales de la Mamá Grande. Ambos solían bromear, como escribió Gerald Martin, biógrafo del Premio Nobel 1982 en su libro Gabriel García Márquez. Una vida (Debate, 2009), a partir de un relato que le confió la propia Balcells: “En el curso de una conversación telefónica, García Márquez le preguntó: ‘¿Me quieres, Carmen?’. Ella contestó: ‘No puedo responder a eso. Eres el 36.2% de nuestros ingresos’.” Pese a esa confianza construida tras largos años de convivencia, también tuvieron algunos encuentros ríspidos. Carmen Balcells comenzó a representar a García Márquez en 1962, según relató, “en gran medida en un sentido puramente hipotético, como negociadora de las traducciones de su obra, en tanto que él, hasta la fecha, se las había visto moradas para conseguir que sus novelas se publicaran en su lengua original”. Sin embargo, tres años después se produjo el primer desaguisado: “Balcells llegó a México el lunes 5 de julio (de 1965) tras pasar por Nueva York, donde había negociado un contrato con Roger Klein, de Harper and Row, para editar por mil dólares las cuatro obras existentes de García Márquez en su traducción al inglés. Ella era una agente literaria internacional ambiciosa; él, un joven escritor que ansiaba el éxito. Se presentó ante el autor, le explicó las condiciones del contrato y aguardó a ver cuál era su reacción: ‘Esto es un contrato de mierda’, fue su respuesta. “La efervescente Balcells, de cara y cuerpo redondeados, y su esposo, Luis Palomares, se hallaban ya desconcertados ante la curiosa mezcla de retraimiento, indiferencia y arrogancia que caracterizaba al colombiano, y debió dejarlos estupefactos que un escritor de quien apenas nadie había oído hablar tuviese tan alto concepto de su valía. No era un buen comienzo. ‘Le encontré antipatiquísimo, petulante…. Pero en cuanto al contrato, en realidad tenía razón’.” Pese a ello García Márquez y su familia mantuvieron con Balcells una estrecha relación comercial y amistosa hasta la muerte del escritor: “Afortunadamente –comentó la agente literaria– García Márquez y Mercedes Barcha, su esposa, recobraron el ánimo enseguida y organizaron tres días de visitas guiadas y fiestas, que culminaron el 7 de julio de 1965 con la parodia de la firma de un segundo contrato en el que, al modo de uno de los coroneles de sus relatos, autorizó a Balcells para que lo representara en todos los idiomas y a ambos lados del Atlántico durante ciento cincuenta años. Ahora su relato empezaba a entretejer la magia que irradiaba: había hallado a su propia Mamá Grande en la vida real...” Fragmento del reportaje que se publica en la edición 1955 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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