'Plácidos” 55 años del mejor tenor del mundo

miércoles, 11 de noviembre de 2015
MÉXICO, DF (apro).- Para el público mexicano, su tenor Plácido Domingo es el mejor del mundo y a él tributó largas ovaciones durante el concierto homenaje de un Auditorio Nacional prácticamente lleno, por 55 años tras su debut en nuestro país. A mediados de octubre, Plácido Domingo fue hospitalizado en Nueva York para extirparle la vesícula, por lo cual debió posponer su presentación en la capital mexicana anunciada para el 31 de octubre. En el programa de mano, el director del Auditorio Nacional, doctor Gerardo Estrada, escribió: “Pero esta noche lo que nos convoca es la música y nos toca expresar a Plácido Domingo nuestra alegría por su rápida recuperación, y que haya escogido este escenario para, después de una breve pausa, reiniciar sus presentaciones como cantante y celebrar con nosotros 55 años de su debut en México. Muchas gracias, Plácido.” Musicales, arias de ópera, zarzuela y opereta; joyas de la canción romántica y rancheras de José Alfredo Jiménez con mariachi integraron el repertorio de temas que Domingo cantó con fervor y enorme facilidad, sin esforzarse, pero siempre puntual en su pasión y entrega pletórica de sentimiento, ya sea solo o acompañado de la elegantísima soprano invitada María Katzarava (Ciudad de México, 1984), y de su hijo, también llamado Plácido Domingo. Éste debutó en nuestro país ahora a instancias de su padre con Sabor a mí y Aquellos ojos verdes sin provocar mayores ovaciones; sin embargo, cuando ambos hacia el final de la noche conjuntaron su versión a Perhaps love (Quizás amor), del baladista de Nuevo México, John Denver, el público reconoció el calor de la ternura vocal del hijo hispano con fuertes aplausos. La noche Plácido Domingo. 55 años de su debut escénico en México abrió pasadas las 20:30 horas con la batuta invitada de Eugene Kohn al mando de la Orquesta Sinfónica de Minería en la obertura Il barbiere di Siviglia (“El barbero de Sevilla”), para dar paso a la aparición de il nostro primeríssimo tenore en “Perfidi!… Pietà, rispeto, amore” (“¡Pérfida!.. piedad, respeto, amor”), de Macbeth (Verdi). Con cabello plateado y una barba bien recortada grisácea, Domingo introdujo a la majestuosa soprano María Katzarava, quien fue la grata sorpresa de la conmemoración, llevándose de inmediato vítores a granel primero con “Ebben?, ne andrò lontana” (“¿Y bien? Me iré lejos”) de la ópera dramática La Wally (Catalani). Y enseguida por su dúo con Plácido Domingo en “Pura sicomme un angelo” (“Pura como un ángel”, de La Traviata de Verdi), magníficamente interpretada por los dos. (Por cierto, el debut fílmico operístico de Plácido Domingo fue en Roma, Italia, hacia 1982 con La Traviata, dirigida por Franco Zeffirelli. Rumores apuntan a que allí surgió romance entre él y la actriz Gina Lollobrigida, affaire que negó terminantemente el cantor mexicano.) Tras un popurrí instrumental en arreglos a piezas de Rodgers y Hammerstein a la película The sound of music (La novicia rebelde), donde faltaron los pétalos nevados del vals “Eidelweiss” (1959), el concierto vivió tres momentos memorables cuando Plácido entregó The street where you live (“La calle donde vives”) en español, primeramente; en tanto que Katzarava hizo lo propio con clase en la ronda I could have danced all night” (“Pude haber bailado la noche entera”), de My fair lady (Mi bella dama), música de Federick Loewe. Juntos se unirían en amoroso baile con Tonight (“Esta noche”), del musical West Side Story (Amor sin barreras), célebre composición de Leonard Bernstein. Entonces llegó la pausa al Auditorio Nacional. Anécdotas de intermedio 1.- Plácido Domingo fue llamado para debutar en la Metropolitan Opera House cuando el entonces muy activo tenor de Ancona, Italia, Franco Corelli se sintió indispuesto. Cuenta la biógrafa Marcia Lewis en The Private Live of The Three Tenors. Behind the Scenes with Plácido Domingo, Lucino Pavarotti and José Carreras (Birch Lane Press, 1996) que Leonard Bernstein dirigía la orquesta ante un Corelli cada vez más sofocado, al grado de que el italiano le murmuró al oído que no podría cantar en aquella velada del Met. Bernstein le contestó: “No te apures. Plácido Domingo ya viene en camino.” La voz regresó a Corelli como un trueno, gritando: “¿Quién? ¡¿Domingo!???”. Corelli decidió no cederle su lugar a la voz de ascenso relampagueante de Plácido Domingo y así empeñó su palabra en cantar. Bernstein comentó al director Michael Tilson Thomas (MTT), guiñándole un ojo: “¿Ves por qué el Met es la mejor institución psiquiátrica en Nueva York?” 2.- Plácido Domingo conoció en los ochenta a John Denver por el productor hollywoodense Milt Okun, quien había promovido a artistas folk norteamericanos como Dylan y Peter, Paul & Mary antes del boom sesentero. El ídolo operístico de Okun era Domingo, y cuando fueron presentados se sintió en casa al saber que el tenor incluyese constantemente en su repertorio “La calle donde vives”, de Mi bella dama desde los sesenta. Cuenta Plácido Domingo en Mis primeros 40 años (Planeta, 1985): “Mi grabación de canciones populares con John Denver tuvo un origen muy distinto. Milton Okun... y su esposa Rosemary me vieron en el programa de televisión de Johnny Carson… aquella noche canté en castellano una selección de My fair lady. Decidieron al punto pedirme que grabara un disco de canciones populares… Denver, que es amigo de Okun y Rosemary, me cantó en el estudio su Perhaps love… me gustó mucho y decidimos grabarla juntos.” 3.- Y en otros apartados del libro, nuestra estrella mundial relata: “Mi madre, Pepita Embil, era como mi padre, estrella de la zarzuela (…) Ya en los primeros meses de 1940 actuó en Sor Navarra, de Federico Moreno Torroba (…) El compositor Federico Moreno Torroba, tan unido al destino de mi familia, formó en 1946 una compañía propia de zarzuela e hizo con ella una gira de dos años por Puerto Rico, México y Cuba. Mis padres se incorporaron a ella (…) El 18 de enero de 1949, tres días antes de mi octavo cumpleaños, llegamos a Veracruz (…) “Mi primer compromiso profesional fue de acompañante de mi madre en un concierto en Mérida (Yucatán). Tras ello, trabajé en la compañía de zarzuelas de mis padres (…) Hubo una temporada en que mi padre y yo realizamos con otra compañía una gira por el sureste de México. Canté en el coro, toqué el piano para dar volumen a la reducida orquesta, recité diálogos y en fin me encargué de lo que exigían las diferentes representaciones. Estando en Veracruz, cuna de Marta (mi esposa) y ciudad en la que había desembarcado de muy niño a México, el tenor enfermó y me pidieron que lo sustituyera en Luisa Fernanda… Fue ocasión importantísima para mí, un debut en la que había de ser mi definitiva cuerda.” Sigue siendo el rey Para la segunda parte, Plácido Domingo comenzó en alemán sus fenomenales ligados de voz, con “Dein ist mein ganzes hertz”, de Das Land des Lächelns (La tierra de las sonrisas), opereta romántica de Franz Lehár. Siguió María Katzarava con Vilia de La viuda alegre, animando los dos Calle el labio, clásica de esta obra de Lehár, así como En mi tierra extremeña, justamente de Luisa Fernanda de Moreno Torroba. Se lucieron: ella en la fenomenal y animadísima Carceleras (lo mejor de lo mejor), de la zarzuela Las hijas del Zebedeo (Chapí-Estremera), y él en Luche la fe, de Luisa Fernanda (puños cerrados frente al corazón, siempre sintiendo la pieza en su hondura). Luche la fe por el triunfo de un ideal redentor. Yo que no soy más que un hombre, lucho por mi corazón… El conductor José Arean (exBon y Los Enemigos del Silencio) se agigantó en el pódium, consiguiendo con la Orquesta de Minería (de la cual es director asociado) poderosas sonoridades durante el Danzón número 2 del sonorense Arturo Márquez. El tenor presentaría a su hijo, diciendo que hacía “cuatro o cinco años había comenzado a grabar”. Luego, Domingo el magno arrancó suspiros con Solamente una vez, de Lara, y Bésame mucho, de Consuelo Velázquez. El cierre no pudo ser más vibrante: acompañado del mariachi (que arrancó El son de la negra), Plácido Domingo (y con él la impactante soprano Katzarava) hizo cantar a su gente Paloma querida, Me cansé de rogarle y El rey, triada de José Alfredo Jiménez. No tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey. Agradeció a la gente su asistencia y recalcó en su dichoso debut aquí hace más de medio siglo. Una fiesta colorida de confeti al cielo coronó el concierto. A su salida del Auditorio Nacional, y solicitado para firmar autógrafos por un puñado de muchachas mexicanas, el joven Plácido Domingo señaló a este reportero: “Estoy muy agradecido con el público de México por su recibimiento en mi debut aquí con mi padre hoy, me siento feliz en verdad pues ha sido una noche realmente sensacional, inolvidable.” Y el glorioso tenor, sonriendo de oreja a oreja: “Espero que no sea la última vez.”

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