Censura a la mexicana

sábado, 4 de abril de 2015
El artista Hermann Nitsch no cree en los argumentos de la Fundación Jumex para cancelar en febrero pasado la exposición de sus obras en México: la “actual situación política y social” del país y una supuesta oposición de activistas pues en sus performances sacrifica y exhibe animales. En este caso “hubo otro tipo de problemas (…) Hablé con el director del Museo Jumex, Patrick Charpenel, y me dijo que había una serie de intrigas”, dice en entrevista con Proceso desde su castillo en Prinzendorf, Austria. Y añade: “La censura está en todas partes y yo la he vivido toda mi vida. Pero nunca me había pasado lo que en México”. Prinzendorf, Austria (Proceso).- El pasado 30 de enero, a las 17:52 horas, un correo electrónico proveniente del director del Museo Jumex, Patrick Charpenel, cayó en la bandeja electrónica de la oficina en Viena del afamado Hermann Nitsch. El mensaje, de cinco líneas, era claro: la gran exposición que desde hacía dos años se preparaba para mostrar por primera vez en el país el trabajo del artista austriaco no podía tener lugar en las instalaciones del museo. El motivo: “La actual situación política y social de México”. Sin abundar en el motivo, el breve mensaje apenas hacía referencia a una “reacción hostil” (unwelcoming reaction) hacia la próxima inauguración, programada para el pasado 27 de febrero. No más. Fue así como de un día para otro y unilateralmente el Museo Jumex cerró de tajo la posibilidad de que los mexicanos conocieran la obra del polémico artista. El hermetismo para proporcionar más detalles sobre la radical decisión de la dirección del Museo y del propio curador de la exposición, el francés Michel Blancsubé, hizo que medios mexicanos e internacionales, entre ellos The New York Times, especularan que el motivo de la repentina cancelación habría sido una petición lanzada en internet desde el sitio change.org por un grupo de ambientalistas y defensores de animales. La solicitud, que reunió 5 mil 363 firmas, pedía suspender la muestra de Nitsch “por mutilar, degollar, asesinar y al final exhibir los cadáveres de animales sintientes”. Sin embargo, a más de un mes de los hechos, el propio Nitsch pone en duda que tal haya sido el motivo verdadero para cancelar su exposición y, por increíble que parezca, dice desconocer hasta hoy lo sucedido. “Creo que no se entendió mi trabajo. Por desgracia los días que pasé en México estuve muy enfermo de pulmonía. Si no hubiera sido por eso, hubiera hablado con los protectores de animales que se oponían a mi exposición. Pero en realidad creo que esa petición no fue lo que definió la decisión de suspenderla. Hubo otro tipo de problemas”, afirma en entrevista con Proceso desde su castillo en Prinzendorf. –¿A qué tipo de problemas se refiere? –No lo sé, pero algo pasó. En el museo hubo problemas. Personalmente hablé con el director (Patrick Charpenel) y me dijo que había una serie de intrigas que él mismo no entendía. No pudo explicármelo y yo tampoco quise ya saberlo. Al final no viajé a México para insultar al hombre (Charpenel) que además me había dicho que pronto se iría –explica Nitsch. El dicho del artista confirma la versión de The New York Times del pasado 24 de febrero en el sentido de que Charpenel habría renunciado y dejaría su puesto en marzo. Este semanario buscó confirmar dicha renuncia con la Fundación Jumex, pero su oficina de prensa no respondió a la solicitud expresa de Proceso. [gallery type="rectangular" ids="400059"] Teatro de Orgías y Misterios Vestidos de blanco, varios hombres cargan en procesión una estructura de madera. Sobre ésta, una mujer y un hombre desnudos, con los ojos vendados. Ella, sentada sobre una silla de madera con los brazos en cruz y atados a un madero. Detrás, el hombre de pie también en postura de crucifixión, atado. El escenario, el patio central del castillo de Prinzendorf, está lleno con casi un centenar de participantes y espectadores, casi todos de blanco, que miran fijamente hacia el centro. Ahí, de un tiro certero una res es ejecutada. Uno de los momentos cumbres de la acción comienza. El animal es abierto en canal y sus vísceras quedan expuestas. Con poleas, el cuerpo es elevado y queda colgando en el aire. Comienza entonces un extraño performance en el cual los hombres de blanco vacían dentro de la bestia pintura roja. La acción es acompañada por el sonido de una orquesta de cuerdas en vivo que se conjuga con el repique simultáneo de cinco grandes campanas. Tras vaciar el tórax de la res, el grupo mezcla las tripas y los órganos y los restriegan en los cuerpos de los crucificados, a quienes también llenan la boca con un líquido que parece ser una combinación de sangre y pintura carmín. El líquido brota a raudales de la boca de los “actores” y escurre sobre sus cuerpos desnudos. Tal es una escena de la acción de seis días que tuvo lugar del 3 al 9 de agosto de 1998 y que el propio Nitsch considera la más grande e importante pieza de su Teatro de Orgías y Misterios. Nacido en Viena en1938, Nitsch es considerado uno de los padres del Accionismo Vienés, esa corriente artística surgida en los sesenta del siglo pasado, que germinó como respuesta al ambiente retrógrado y al nulo espacio hacia el arte moderno de la Austria de la posguerra. El movimiento sacó el arte del terreno de lo estático y tradicional para llevarlo al de la acción, pero de una forma extrema, radical y poco convencional. Fue Nitsch quien en ese contexto concibió el Teatro de Orgías y Misterios (o.m. theater), que no es otra cosa que la realización de acciones colectivas cuyo fundamento es la utilización de todas las formas de arte (pintura, arquitectura, música, representaciones teatrales, ente otras) para alcanzar un objetivo único: que los cinco sentidos de los participantes –que no espectadores– sean llevados hasta el límite y lograr con ello el punto máximo de la comprensión del proceso de la vida y del ser mismo. En sus representaciones los rituales religiosos y paganos se exploran hasta el límite; aparecen la muerte y la resurrección y algunas veces –la última en 1998– se recurre al sacrifico de animales. La existencia de lo extremo ha colocado a Nitsch en permanente confrontación con la autoridad (estuvo un par de veces en la cárcel) y lo ha hecho ganarse la abierta animadversión de grupos defensores de animales. Pese a todo, el trabajo del artista vienés logró reconocimiento y prestigio internacionales y las famosas obras de arte integral (Gesamtkunstwerk) del o.m. theater se han representado además de Austria en Alemania, Inglaterra, Francia, Holanda, Estados Unidos, Italia, Canadá, Islandia, Australia y más recientemente en Cuba, en la Bienal de La Habana en 2012. Defensor de animales El antiguo castillo de Prinzendorf, adquirido por Nitsch en 1971 y donde actualmente habita al lado de su esposa Rita, está 60 kilómetros al norte de Viena y data del siglo XVIII. La construcción lo cautivó desde su niñez, cuando con frecuencia viajaba desde su natal Viena al pequeño pueblo de Prinzendorf para visitar a una tía que vivía ahí. De estilo barroco, la construcción posee dos amplios jardines que unen al edificio principal con, por un lado, las tierras en donde los Nitsch cultivan hortalizas de autoconsumo, y por el otro, a un complejo de edificios que antaño fueron las caballerizas y que hoy sirven, entre otras cosas, como taller de invierno del artista y como espacio de exposición de su obra. En los amplios jardines deambulan libres durante el día decenas de gallinas, gallos, pavorreales y hasta un ganso, a los cuales Nitsch presume como sus mascotas. De noche son llevadas a la parte que aún funciona como caballeriza y donde hay algunas otras mascotas: un burro y una cabra. Dentro del castillo, como auténticos soberanos, seis gatos y una pequeña perra de nombre Aisha, disfrutan de la vida al lado de sus amos. “Ese asunto de la petición en internet de los protectores de animales es una tontería y un absurdo, porque no hago daño a los animales. Mi esposa y yo amamos a los animales sobre todas las cosas, los protegemos y estamos incluso contra la cría masiva de ganado para consumo y de que los animales sean utilizados como mercancía”, asegura al tiempo que Tilde, la enorme gata negra de ojos amarillos –favorita de Nitsch– se pasea lenta y elegantemente por el salón donde se realiza la entrevista. El artista insiste en que ha sido la falta de entendimiento a su concepto y obra lo que le ha traído problemas con los defensores de animales. Explica que en 95% de los casos en los que ha utilizado animales para sus acciones, los ha comprado ya sacrificados. “Son animales que ya han sido sacrificados por la sociedad. Lo que yo hago es utilizar esos cadáveres para mi teatro y sólo en muy pocas ocasiones, en 5%, la gente ha presenciado el sacrificio de animales que de todas formas están destinados a ser sacrificados (porque los ha comprado a rastros). Así que es un error decir que mi teatro sacrifica animales”, insiste. La cultura mexicana Los achaques de la edad –en agosto cumplirá 77 años– y los remanentes de la pulmonía que lo aquejó en México y que lo mantuvo hospitalizado e inactivo prácticamente las dos semanas de su estancia en la capital mexicana, no inhiben su sentido del humor sobre la que dice es la más amarga experiencia que ha vivido en sus más de 50 años de carrera artística. “Por ahí ustedes también tuvieron un emperador austriaco (Maximiliano de Habsburgo). Un tonto más que fue manipulado por los políticos”, dice riendo y lamentando una y otra vez la pena que le da no haber podido exponer su obra en México. “Es algo muy triste y vergonzoso, pero no podemos hacer nada”, añade resignado. Y es que su desgaste emocional no sólo se debió a la repentina cancelación de la exhibición, también a la incertidumbre por no encontrar en el último momento un sitio para exponer. Según revela la oficina del artista, el director del Museo Jumex les planteó en otro correo electrónico que la fundación y el museo mismo se esforzarían por encontrar un lugar alterno para llevar a cabo la exposición. Ese fue el motivo por el cual Nitsch y su equipo viajaron a México. Fue así que en algún momento le fueron planteados tres posibles sitios alternativos: el Museo Ex Teresa Arte Actual, el Museo Anahuacalli y la galería privada Luis Adelantado. Al final ninguna resultó. El argumento fue vago: “La condición financiera”. La Fundación Jumex, sin embargo, había invertido ya una fuerte cantidad, la cual desconoce Nitsch, al llevar desde Viena 40 piezas de gran dimensión, 220 fotografías y diversos cuadros, así como para pagar el transporte y hospedaje de cinco miembros del equipo del artista. Entre las obras que se presentarían en el Museo Jumex resalta la serigrafía sobre reliquia La Última Cena, de 1983 y la serigrafía en madera Entombment/Entierro, de 2006, ambas con clara alusión religiosa, así como una serie de ocho óleos/sangre sobre lienzo que forman parte de la 40a Acción de Pintura. Si de algo puede arrepentirse Nitsch es de no haber cancelado el concierto en el cual se estrenó la Sinfonía para México, que compuso ex profeso. Y es que el recital –que pese a la cancelación de la exposición tuvo lugar en el Ex Teresa Arte Actual el 27 de febrero– también se hizo a partir de una invitación de la Fundación Jumex. “Lo correcto hubiera sido también cancelar el concierto para dejar claro que no estaba contento con lo que estaba sucediendo. Fue un error no haberlo hecho, pero no lo hice”, señala. –Su caso huele a censura. ¿Qué puede pensar uno de un país en el que la censura se ejerce de una forma tan fácil? –Mire, yo odio la política, toda forma de política porque es falsa y mentirosa y llega incluso a generar situaciones de mentira para que uno se suicide. (Los políticos) son idiotas mentirosos. Y así es en todo el mundo, no sólo en América Latina. No quiero tener nada que ver con la política y no soy ni comunista ni capitalista. Soy un anarquista convencido. Soy un artista que se ocupa mucho con la filosofía, con el estudio de las religiones y especialmente con las formas y la propia expresión del arte. –¿Tiene hoy para usted otro significado la censura? –No. La censura está en todas partes y yo la he vivido toda mi vida desde joven. Pero nunca me había pasado lo que en México. Fue algo que nunca me esperé y mucho menos porque fui oficialmente invitado para exponer. –Una vez usted aseguró que su fortaleza proviene del hecho de que su trabajo provoca permanentemente resistencia. Y que eso además le demuestra que ha tocado fibras sensibles… Nitsch afirma que nunca ha querido ofender o indignar con su trabajo. “Mi intención ha sido provocar intensidad y la intensidad llega siempre a los límites. Así es como he vivido toda mi vida. Hoy tengo 76 años, soy un hombre viejo y enfermo, pero mi trabajo se festeja en todo el mundo”. dice. Asegura que el arte no conoce límites. Éstos sólo se encuentran en la conciencia personal, con lo que incluso hasta la guerra podría ser arte. “¿Me entiende lo que digo? El arte puede ser todo. Sobre todo nosotros, mi generación, luchamos por que las vivencias reales fueran arte”. Lector ferviente de Freud y del psicoanálisis, Nitsch parte de la idea de que la sociedad misma y la religión reprimen a los hombres. Por ejemplo, intentan negar que el hombre se alimenta de animales que mata. Lo cierto, agrega, es que la humanidad desea y necesita los excesos como una reacción de la vida. Y señala que su arte hace justamente eso: liberar la represión y hacerla consciente. –¿Qué tan peligroso puede ser el júbilo de los excesos? –A ver, lo de México sólo se trataba de una exposición y no de una acción. (Eso significaría también) que la mitología mexicana no pudiera ser expuesta en un museo. Usted sabe mejor que yo que en su cultura antigua los hombres le sacaban el corazón a otros hombres. Eso es mitología, pero es cultura y es algo real. Y eso también existe de este lado del mundo y ahora está más presente que nunca: ahí están matándose los hombres en Arabia y en Ucrania. Lo que digo es que hay mucha agresión y odio en el mundo reprimiéndose. Y lo que yo hago es un teatro que muestra la realidad. Audaz, asegura que expresiones como su teatro de orgías y misterios podrían evitar guerras. –¿Ha cambiado su imagen del país la mala experiencia que vivió? –¡No! Para nada. La política no me muestra cómo es en realidad un país. La cultura de ustedes me interesa mucho. Amo a México y ahora un poco más –concluye riendo.

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