Los Arieles de Oro y los homenajes a Leñero, Pacheco y "Gabo"

Estatuillas con baño dorado otorgará la Academia cinematográfica nacional este miércoles 27 en el Palacio de Bellas Artes durante la ceremonia de los Ariel 57. Son para la documentalista Bertha Navarro Solares, productora de Reed, México Insurgente (1970), y Miguel Vázquez, quien realizó efectos especiales para cintas como Fitzcarraldo (1982), de Werner Herzog. A su vez, recibirán especial reconocimiento los escritores de la casa Proceso Vicente Leñero, José Emilio Pacheco y Gabriel García Márquez.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Distinguida como impulsora del cine iberoamericano y descubridora de Guillermo del Toro por Cronos (1993), Bertha­ Navarro será reconocida por su trayectoria en la producción del séptimo arte con el Ariel de Oro.

“Ser reconocida por mis colegas, por la gente que crea cine, me llena de felicidad y lo agradezco mucho”, celebra en entrevista la también responsable de los Laboratorios para Escritura de Guiones para Proyectos Cinematográficos de México y América Latina de la Fundación Toscano, con la colaboración del Sundance Film Institute, taller que ella organiza desde 1993.

La ceremonia de premiación de la 57 edición del Ariel, a cargo de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), presidida por la actriz Blanca Guerra, se efectuará la noche de mañana miércoles 27 en el Palacio de Bellas Artes, donde también recibirá el mismo galardón el técnico en efectos especiales Miguel Vázquez, quien cuenta a este semanario que al conocer la noticia, lloró:

“Me dio un aliento más de vida, el próximo 8 de junio cumpliré 85 años. Esta presea me hizo reflexionar que por lo menos quedó una gotita de agua en mi trayectoria.”

Esta entrega del Ariel (estatua de un hombre diseñada por el escultor mexicano Ignacio Asúnsolo para reconocer a lo mejor del séptimo arte nacional) se dedicará a la Memoria y preservación del cine mexicano.

Para la ocasión fueron nominadas 46 películas y 141 personajes. Se entregará la presea en 25 categorías, incluyendo Revelación Femenina y Revelación Masculina, las cuales se suman a partir de este año.

Además, se rendirá homenaje a una gran tríada de hombres de letras ya fallecidos: Gabriel García Márquez, Vicente Leñero y José Emilio Pacheco. Los tres fueron parte de Proceso, el primero colaborador del 24 de julio de 1978 hasta el 12 de marzo de 1984; el segundo, fundador y vicepresidente, y el tercero publicó siempre su columna Inventario, hasta su muerte (ver recuadro).

Cambio en los setenta

Bertha Navarro, nacida el 27 de abril de 1943 en la Ciudad de México, inició su carrera cinematográfica a finales de los sesenta. Primero dirigió documentales y al poco tiempo se dedicó de lleno a la producción, estando al frente en más de 30 filmes.

–¿Cómo hizo contacto con el cine? –se le pregunta a la reconocida por la Asociación Internacional de Mujeres en el Cine y la Televisión como Mejor Productora 2014.

–No sé. Fue azaroso. Aunque estudié antropología, me atrajo mucho este mundo. Empecé a ser asistente y luego asistente de dirección. Con Julio Pliego (1928-2007) comencé a elaborar documentales. Dirigí.

“Después hice grupo con el editor Rafael Castanedo y el cineasta Paul Leduc; empezamos a levantar trabajos. Ellos acababan de llegar de Francia, de estudiar. Entré a la producción, entonces había muy pocos productores, es decir que empecé a aprender, pero también hice edición... No había todavía escuelas de cine.”

Pero empezó a trabajar “y agarrar oficio”. En 1967, Leduc, quien estudió en el Institut des Hautes Études Cinématographiques (IDHEC), formó el grupo Cine 70 con Castanedo, el fotógrafo griego Alexis Grivas y Navarro, esposa entonces de Leduc. Ella produjo el primer largometraje de Leduc, Reed: México insurgente, cinta independiente fotografiada en blanco y negro.

–¿Por qué se dedica específicamente a la producción?

–Porque no había a quién acudir. Cuando inicié había un cambio, un rompimiento en la forma de hacer cine. Se empezaba a formar el cine independiente. Para esas épocas, la industria estaba como medio asfixiada, pero también muy cerrada, no podíamos entrar. Empecé a laborar cosas con el cine independiente. Era nuevo.

–¿Qué ha implicado estar en el área de producción?

–Es muy difícil, porque como productor uno toma muchas decisiones. También se es cabeza, se trabaja con el director y con todos los responsables de una película. En uno recaen responsabilidades muy grandes, no nada más las económicas. Es como toda la visión del filme y luego más allá, porque nuestro trabajo no acaba nunca.

“Después se deben buscar salidas, distribuidores. Esta es una batalla que seguimos dando, la exhibición de nuestros largometrajes es muy difícil, muy cerrada, las pantallas mexicanas están para el cine de Hollywood.”

Al cuestionarle por qué hay tanto problema con la distribución y la exhibición de filmes mexicanos, argumenta que porque es la única área que no está regulada.

–¿Qué opina de que se esté produciendo mucho más cine mexicano en los últimos años?

–¡Es importantísimo y maravilloso que se filme mucho cine! Eso permite que siga habiendo oficio en nuestra cinematografía, pero no todo es bueno… eso pasa en cualquier cinematografía.

–¿Cómo empezó la mancuerna con Guillermo del Toro y usted? Tienen la productora Tequila Gang…

–Desde muy jovencito, la primera película que filma Del Toro la concibe conmigo, Cronos. Me lo presentó mi hermano (el cinefotógrafo Guillermo Navarro), y bueno, ahí descubrí un gran talento. He tenido una enorme fortuna de trabajar con él.

“Hicimos sus tres películas en español: El laberinto del fauno, El espinazo del diablo y Cronos. Guillermo es muy generoso y trata de apoyar a los nuevos talentos, y pues ahí seguimos. Lo quiero mucho.”

Apoyaron el largometraje La delgada línea amarilla (2015), del joven Celso García, aun sin estrenar. Y Navarro acaba de regresar de Ecuador, de la filmación de Sin muertos no hay carnaval, del destacado Sebastián Cordero.

“Espero realizar muchas cosas más ahí”, concluye.

Vasta trayectoria

Miguel Vázquez trabajó 65 años en el cine nacional e internacional.

Laboró en Aguirre, la ira de Dios (1972) y Fitzcarraldo (1982), del alemán Werner Herzog. Se retiró hace cinco años, y confiesa, en charla con este medio impreso, que extraña el ambiente cinematográfico:

“¡Es sensacional ese mundo! Lo respetan a uno, lo ven a uno como si fuera diferente. Lo bueno es que mis hijos, Alejandro y Arturo, continúan con la profesión. Creo que lo hacen bien.”

Arturo ha trabajado con Alfonso Cuarón y Del Toro, cuando estos cineastas dirigieron episodios de la serie de terror Hora marcada, mientras que Alejandro ha ganado varios Arieles, como por Amores perros, de Alejandro González Iñárritu; El infierno, de Luis Estrada, y Cinco de mayo: La batalla, de Rafa Lara.

Vázquez opina gustoso que con el Ariel de Oro que recibirá, “los demás se enterarán que pasé por esta parte del cine”.

–¿Cómo es que empezó usted a trabajar en los efectos especiales?

–Tenía 14 años y quería ser aviador, pero no daba ni la altura ni nada, entonces dejé la escuela de aviación. Mi papá era jefe de construcción en los Estudios Clasa Films Mundiales y le pregunté si me podía dar trabajo mientras buscaba yo otra escuela, y me admitió. Con mi papá creo que efectué sólo dos películas y me empecé a acomodar con un señor que se llamaba León Ortega, estaba en efectos especiales y ahí empecé. ¡Me gustó bastante!...

Participó en Kalimán, el hombre increíble (1972), Los albañiles (1976), La muerte de un gallero (1977), ¡Tintorera! (1977), La banda del carro rojo (1978), Morir en el Golfo (1990) y El tigre de Santa Julia (2002), entre muchas más.

–¿Cómo elaboraba los efectos especiales? ¿Investigaba o iba sobre la marcha?

–Leía el guión, lo desglosaba y me ponía de acuerdo con el que iba a dirigir. Uno debe ser creativo y proponer. También hay que experimentar. Pero siempre debe uno estar seguro de que todo se verá real.

“Recuerdo que cuando hice ¡Tintorera! estudié la forma como se iba a matar al actor Andrés García. Quedó bien. Me buscó el secretario del sindicato y me dijo: ‘Miguel, te andan buscando porque dicen que estás usando cadáveres en la película’, y le respondí: ‘¿Cadáveres? ¡Eso demuestra que mi trabajo está bien hecho!’.”

Rememora que la tecnología lo ayudó; mas nunca utilizó la computadora (“uno crea su propio sistema”, asegura).

–¿Cómo fue que rodó con Herzog?

–Estaba como secretario del trabajo del sindicato Federico Farfán, quien hizo los efectos especiales de Canoa, de Felipe Cazals, y nos llevábamos bien. Trabajamos en Emiliano Zapata, también de Cazals. Tratábamos de resolver todo lo que surgía.

“Entonces le hablaron a la alemana Lonka Becker, quien se dedicaba a poner trabajadores en varios lados, porque necesitaban a alguien para efectos especiales, y Farfán me mandó a mí. No es por nada, pero lo hice bastante bien; me sentí muy a gusto con Herzog en sus largometrajes, da la oportunidad a que une desarrolle sin problema, me dio libertad de proponer, era muy atento.”

–¿Tuvo épocas malas en el cine?

–De repente. La mayoría de los efectos especiales se hacen en locación, no en foro. Cuando llueve corren las fechas de filmación para que no les afecte, porque una película es muy cara y cuidan sus centavos. Se gana bien, vive uno decentemente.

Manifiesta que le gustó trabajar con todos los directores que le tocaron; no tiene un preferido “y nunca me disgusté con alguno de ellos, ni por diferencias ni nada, yo no estaba en la posición de pelearme con mi trabajo”.

Cuenta que compitió por un Ariel con su hijo Alejandro:

“Yo estaba nominado por Kino (1993), de Cazals, y mi hijo por Ámbar, de Luis Estrada. Pero me ganó mi hijo. Estaba muy feliz de que me hubiera ganado. Se siente muy bonito. Me sentí orgulloso de él. Somos una familia de cineastas y no competimos. Los hijos de Alejandro estudiaron cine, en fin…”

–El historiador de cine Emilio García Riera decía que el cine es mejor que la vida. Para usted, ¿qué es el cine?

–Una vida hermosa. Les digo a los jóvenes que se dedican a esto que se apasionen, para que lo hagan bien.

“Y triunfen.”

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