'El Infiltrado”, en el corazón de la mafia

viernes, 21 de octubre de 2016
MONTERREY, NL (apro).- Un policía encubierto debe tener nervios de acero y los pantalones bien fajados. Bryan Cranston interpreta en “El Infiltrado” (The Infiltrator) a un elemento de Aduanas que en los 80 simula ser un inversionista para relacionarse con los capos del nivel más alto de la mafia colombiana. Estados Unidos está inundado por la cocaína y el gobierno federal elabora un enorme entramado de simulación en el que coloca a su agente como carnada para desmantelar la red de tráfico y distribución de droga, y lavado de dinero. Le urge debilitar el vigoroso cártel de Pablo Escobar, el criminal más poderoso del planeta. La cinta es una pequeña joya de intriga, violencia y drama, con una estupenda ambientación del sur de Florida. Las grandes actuaciones del impresionante elenco hacen que la producción parezca una disección compacta del desconocido y escalofriante mundo de la ilegalidad, en su más pura esencia. El realizador Brad Furman acierta al yuxtaponer la crispante agenda profesional del agente encubierto rodeado de sangre y muerte, con una vida hogareña que debe mantener funcionando dentro de la normalidad. Es complicado mantener el equilibrio y preservar la salud mental. Basada en las memorias del agente Robert Mazur, quien habría participado en la operación para atacar las finanzas del Cártel, la cinta se parece a otras que retratan el mismo tema, aunque se coloca entre las mejores. Más allá de las numerosas situaciones insólitas que se presentan en un trabajo elevadamente riesgoso, como este, el retrato es singular por la determinación con la que los involucrados participan en el engaño. Cranston no se detiene, aunque la simulación es cada vez más complicada. Más de tener arrestos de patriota, evidencia arrebatos de suicida. Puede perfectamente abandonar la encomienda y regresar con los suyos a la sala de su casa y convivir con los hijos y la mujer. Pero se ve obligado a concluir la misión. Es un agente de valor probado, pero parece un hombre ingenuo, atrapado en una encomienda que le proporciona adrenalina adictiva. El ambiente es insoportablemente tenso. Perversamente, la guionista Ellen Sue Brown va dejando montones de cabos sueltos que comprometen el operativo plagado de micrófonos ocultos y encuentros clandestinos. Un error implica una muerte lenta y dolorosa. El agente debe memorizar perfectamente los detalles de su personalidad impostada para mantener la credibilidad en una sociedad secreta llena de tipos listos y paranoicos, que hacen de la sospecha una forma de supervivencia. Diane Kruger, perfectamente seleccionada para el rol, se incorpora a la trama cuando la historia va avanzada y le da un giro genial y definitorio como una aliada, igualmente encubierta, que ayudará a echar el guante sobre los chicos malos. “El Infiltrado” retrata una mala época para Estados Unidos. El fracaso del entonces presidente Ronald Reagan en su cruzada contra las drogas es una extensión de los fallidos planes que históricamente el mundo ha utilizado para combatir un mal inextirpable. Sin embargo, su propuesta es narrativamente poderosa y emocionante. Qué afortunado se siente cualquiera de no tener un trabajo como el del agente federal que camina en la cuerda floja sobre un estanque lleno de tiburones sanguinarios. Es una excelente cinta.

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