Rafael Tovar y de Teresa, fundador de polémicas instituciones

sábado, 10 de diciembre de 2016
La creación de la Secretaría de Cultura de México fue un sueño largamente acariciado. Este día 10 cumplirá un año. Pero su artífice, Rafael Tovar y de Teresa, de manera intempestiva, fue internado el jueves 8 en el Hospital Central Militar de la Ciudad de México, donde falleció dos días después. Padecía una enfermedad que se había manifestado a principios de este año y de la cual se defendió incansablemente. Refinado, culto, ligado al mundo diplomático, este es un perfil de quien presidió las instituciones culturales mexicanas por casi tres décadas. CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Para bien o para mal, guste o no, Rafael Tovar y de Teresa pasará a la historia como el fundador de varias instituciones, polémicas sin duda, como el Centro Nacional de las Artes, el Sistema Nacional de Creadores de Arte, el Centro de la Imagen, y la más importante, su sueño largamente acariciado, la Secretaría de Cultura del gobierno federal, aprobada por la Cámara de Diputados el 11 de diciembre de 2015. Sus palabras al retirarse en noviembre de 2000 del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), luego de una primera gestión iniciada en 1993 con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, fueron (Proceso 1254): “Me atreví a muchas cosas, algunas resultaron, otras no.” Su personalidad contrastaba quizá con la generalidad de los políticos mexicanos: de trato refinado, declarado gusto por los libros y la lectura, la historia, las bellas artes; melómano y aficionado él mismo a tocar el piano, clásico en el vestir y gusto por las corbatas --con las que jugaba incansablemente--, nació el 6 de abril de 1954 en la Ciudad de México, en el seno de una familia de estirpe porfiriana. Muchas cosas se contaban de la “casota” (como la llama en su primera novela histórica Paraíso es tu memoria), que su familia poseyó en el antiguo pueblo de Tacubaya: Que era tan grande que había un pequeño lago y contaba con un trenecito para su recorrido. El historiador Enrique Krauze, en el prólogo al libro La ciudad de los palacios: Crónica de un patrimonio perdido, que Guillermo de Teresa, hermano de Rafael, hizo en 1992, recuerda el lugar al referirse a la relación que aquel joven historiador guardaba con su abuelo, a cuya casa en la colonia Roma se fue a vivir desde pequeño: “El recuerdo de los tiempos de don Porfirio, cuando el tío José --concuño de Díaz-- era embajador en Austro-Hungría, no era ya motivo de desolación sino de nostalgia. ¿Cuántas veces vio las postales de la casa de los Teresa en Tacubaya: el teatro privado, el lago, las caballerizas, el pequeño tren? La Revolución los había privado de negocios y haciendas, pero no los empobreció verdaderamente. Fue un naufragio del que salieron cargados de fragmentos... como la ciudad de México.” Hijo del doctor Rafael Tovar y Villa Gordoa e Isabel de Teresa y Wiechers, la genealogía se remite a apellidos tan reconocidos en la historia de México como Teresa de Mier, Mier y Pesado, o pertenecientes a familias de abolengo como los Villagordoa, Ortiz de Rozas, López-Portillo y García Villa, “de la Guadalajara Colonial y poscolonial”, recordó el diario jalisciense El Informador en abril de 2012, tras el fallecimiento de su madre Isabel de Teresa. Las relaciones entre familias se estrecharon cuando en los años ochenta Tovar y de Teresa se casó con Carmen Beatriz López Portillo Romano, hija del entonces presidente de la República José López Portillo y Pacheco. Tuvieron dos hijos, Rafael Tovar López-Portillo y su hermana Leonora, esposa de Gerardo Ordaz Castañón, nieto del expresidente Gustavo Díaz Ordaz. El hijo primogénito de Rafael Tovar ostenta desde 2015 el título nobiliario español de Conde de Gustarredondo, concedido por primera vez –según Wikipedia-- por Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico el 10 de abril de 1723 a Antonio Sebastián Fernández de Villa Rebollar y Arce Castañeda, corregidor de las Rentas Reales de Castilla. Se consignan en la misma enciclopedia colectiva los antecedentes del hijo: “Hijo de Rafael Tovar y de Teresa, Ministro de Cultura de México (Comendador y Gran Oficial de la Orden al Mérito Civil del Reino de España, Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica), y de Carmen López-Portillo y Romano (Cruz de la Orden de Isabel la Católica), hija de Carmen Romano de López-Portillo (Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y Gran Cruz de la Orden de Alfonso X "El Sabio") y del expresidente mexicano José López-Portillo (Collar de la Orden de San Raimundo de Peñafort, Collar de la Orden de Isabel la Católica (Marcado con el número XX) y Collar de la Orden de Carlos III).” No obstante su abolengo, Rafael Tovar y de Teresa realizó sus estudios profesionales en una universidad pública. Cuenta en su novela que era tan grande la familia, que hacia finales del siglo XIX estaba nutrida tanto por conservadores como por liberales. Pertenece a la generación 1974, egresada en 1978 de la entonces joven Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Azcapotzalco, donde realizó estudios de Derecho. Obtuvo la maestría y D.E.A. (Diplôme d'Études Approfondies) en historia de América Latina en la Universidad de La Sorbona de París, Francia, y en la École Nationale de Sciences Politiques en la misma Ciudad Luz. Se casó en segundas nupcias con Mariana García Bárcenas Langenscheidt, con quien tuvo dos hijas, María y Natalia. Diplomático de cepa Con apenas veinte años, inició su carrera en el sector público en el ámbito cultural. Fue jefe de relaciones culturales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de 1974 a 1976; asesor del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) entre 1976 y 1978; director general de Asuntos Culturales de la Cancillería de 1979 a 1982; ministro de Cultura de la Embajada de México en Francia de 1983 a 1987, y asesor del secretario de Relaciones Exteriores. Miembro del Servicio Exterior Mexicano, fue también embajador de México en Italia. Escribió en 1993 su primer libro, Modernización y Política Cultural, dentro de la serie “Una visión de la modernidad de México”, editada por el Fondo de Cultura Económica en el marco del concepto “modernización del Estado México”, que impulsó en su momento Salinas de Gortari y que algunos llamaron la perestroika mexicana. El volumen de 532 páginas es un recuento del quehacer cultural institucional en México y particularmente de los primeros años de la gestión de Tovar al frente del Conaculta. Ingresó al organismo, creado por decretó de Salinas, durante la gestión de su primer presidente, el embajador e intelectual Víctor Flores Olea. Ocupó el área jurídica y la Coordinación de Proyectos Especiales e Intercambios Culturales. De 1991 a 1992 fue director general del INBA, cargo que dejó para asumir la presidencia del Conaculta. Su arribo estuvo precedido por el escándalo que provocó la destitución de su antecesor, Flores Olea, a quien se le pidió la renuncia luego de que el poeta Octavio Paz renunciara como jurado del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes por su desacuerdo con la organización del Coloquio de Invierno, a cargo del Conaculta. Tovar dijo en entrevista con Proceso: “Fue un hecho lamentable para todos, definitivo. Yo lo sentí en su momento por Flores Olea porque es mi amigo, por Octavio Paz que me merece el mayor respeto y por la propia institución fragilizada por circunstancias ajenas a su propia operación.” Añadió entonces, enseguida: “No estoy juzgando si en ese momento Conaculta tomó partido o no, lo que sí creo es que se debe evitar al máximo.” Y es que no se salía de lo políticamente correcto, diplomático pues. Así fue en su manejo de asuntos polémicos ante la prensa. Estuvo en Conaculta hasta el año 2000, año en que llegó a la presidencia del país Vicente Fox. Posteriormente fue nombrado para el mismo puesto por Enrique Peña Nieto en diciembre de 2013, al regreso del PRI al poder, y tras crearse la Secretaría de Cultura fue designado su primer titular. Alejado de los puestos culturales durante su estancia como embajador en Italia, regresó durante el gobierno de Felipe Calderón para ocuparse de las conmemoraciones por el Bicentenario del inicio de la lucha de Independencia y del Centenario de la Revolución Mexicana, cargo al que renunció el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Desde un inicio dejó en claro que no emprendería un proyecto como el que había pretendido realizar Cárdenas, quien incluso habló de un replanteamiento de la Constitución Mexicana de 1917, sino que se limitaría a hacer un programa festivo, con muchas actividades culturales y algunas académicas. Contradicción Durante una visita que hizo a la ciudad de Xalapa como responsable de la comisión conmemorativa, el diario Esto publicó: “Nos llama la atención en cuanto al puesto que ocupa en las festividades de la Revolución, ya que su familia fue una de las más afectadas por este movimiento social. Y aunque el señor Tovar y de Teresa ha ocupado altos puestos diplomáticos como embajador en Italia y ante la FAO, es irónico que sus antepasados hayan sido de los que acumularon más dinero y tierras durante el Porfiriato, de esta manera, la familia de Teresa comenzó a elevarse a mediados del siglo XIX, pero fue durante la llamada Pax Porfiriana que este núcleo alcanzó su clímax llegando a poseer enormes haciendas azucareras en el estado de Morelos --el estado que vio nacer a Emiliano Zapata--, cuyo centro operativo era la hacienda de San Carlos, que todavía poseen y ocupan puestos de embajadores tal y como su descendiente lo ha hecho en la diplomacia de nuestros días. Y el que hayan ocupado puestos de embajadores significa que los De Teresa simplemente no vivían aquí, sino en Europa, donde cobraban alegremente los envíos proporcionados por sus florecientes negocios en nuestro país y allá emparentaron, por cierto, con los príncipes de Mónaco, ya que Alberto, actual príncipe reinante, es primo de la familia De Teresa y Polignac, avecindada esta última en la ciudad de México. Por ello nos causa sorpresa que a Rafael Tovar y de Teresa, casado con Mariana García Bárcenas Langescheidt, se le haya encomendado en forma que parece incongruente, tal encomienda y además que éste haya dicho como primeras palabras al tomar posesión de su cargo: ‘No seremos meros espectadores ni nos sentaremos a contemplar con nostalgia las glorias del pasado’. Aunque tal vez lo dijo porque no le gusta acordarse de un pasado que trató tan duramente a sus ancestros por ser miembro de una familia a las que, como atinadamente dijo Elena Poniatowska --en sí misma, miembro de una de ellas--, la Revolución francesa les hubiera cortado la cabeza y a quienes la Revolución mexicana les quitó únicamente sus tierras...” No duró mucho en el cargo. Trascendió en su momento que diferencias con el entonces presidente del Conaculta, Sergio Vela, y aun con el mismo Calderón, lo llevaron a renunciar. No obstante, las investigaciones que hizo como responsable y el conocimiento de su propia historia familiar fueron base para su segunda novela, El último brindis de Don Porfirio, donde presenta una crónica de las celebraciones que Díaz organizó para el primer centenario de la Independencia. Cuando publicó en los primeros meses de 2009 Paraíso es tu memoria, contó a esta reportera que le interesaba seguir por el camino de la historia y del fin del régimen porfirista. Comentó entonces que pocas familias siguieron en su exilio a Europa a Díaz, y por lo tanto fue Victoriano Huerta quien realmente afectó los intereses de los hacendados. --¿Hay alguna añoranza por esa vida aristocrática? --se le preguntó. --No. De mi parte, ninguna; primero porque no me tocó, la oí y compartí los recuerdos. Y no busco aquí ni una reivindicación ni una glorificación de esa época. Creo que en el claroscuro que ha sido nuestra historia, ese momento tuvo grandes contradicciones que ya no escaparán nunca al juicio histórico. Sin embargo, vale la pena tratar de tener el conjunto de la película. Pero, repito, a pesar de que muchas de estas historias las oí y me encantaba escucharlas, fue un mundo que no viví. Me tocaron algunos puntos finales. Pero cuando aún era coordinador por los festejos del Bicentenario, durante la inauguración de la muestra Parafernalia e Independencia en el Museo de Arte Popular, le comentó Susana Cato, curadora con David Israel Pérez Aznar, mientras observaban a la multitud volcada para ver los objetos reunidos del primer centenario, algunos de los cuales permitían percibir el culto a Díaz: --Parece que seguimos en el porfiriato. Y él, medio en broma, suspiró y dijo: --Ojalá. De cualquier manera, la sede de la Secretaría de Cultura que encabezó hasta este sábado 10 de diciembre, fue parte de la Hacienda de Guadalupe Chimalistac, en Arenal 40. Cuando Tovar y de Teresa supo que la secretaría de Hacienda la liberaba para uso público, se enamoró de ella, se apresuró a adquirirla para el entonces Conaculta, la restauró y decoró de todo a todo, hasta convertirla en una de las más bellas casonas de la Ciudad de México.

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