La barbarie regresa a Pumas UNAM, multiplicada

sábado, 2 de julio de 2016
Hace un año, un muchacho estuvo a punto de morir en una de las novatadas de los equipos de futbol americano de la UNAM. Contritas y demagógicas, las autoridades universitarias ordenaron que se acabaran las iniciaciones. Pero este año se repitieron. Un joven atleta, con una carrera brillante, se negó a pasar por ese ritual de golpes y humillación, y el equipo lo hizo a un lado. A esa irracionalidad se sumó la de Raúl Rivera, antiguo head coach de los Pumas, quien defendió la práctica vejatoria, contraria a los principios universitarios y a los más elementales derechos humanos. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Alejandro García Rosado es un quarterback de 18 años. Siete de los 11 años de su carrera como jugador de futbol americano los ha pasado en equipos de distintas categorías de los Pumas de la UNAM. Por sus cualidades fue invitado a subir a la Liga Mayor, aunque por su edad podría jugar un año más en Intermedia. Alejandro estudia en la Facultad de Ingeniería de esa casa de estudios y vive cerca de Ciudad Universitaria. Pero Alejandro no va a jugar con los Pumas CU. No va a cristalizar su sueño de pertenecer al equipo de la universidad más importante de México. No va a vestir el uniforme azul y oro porque se rehusó a participar en la novatada. Alejandro no quiere ser chancleado por los veteranos del equipo hasta que le revienten la carne del pecho y de las nalgas de tantos golpes. Tampoco quiere someterse a los castigos que forman parte del ritual de iniciación. Alejandro es seleccionado nacional de la categoría under 19 que está participando en el Mundial en Harbin, China. Cuando regrese a México, el próximo martes 12, no tendrá dónde jugar. Aunque a regañadientes, el coach Otto Becerril le entregó una carta de liberación para cambiarse de equipo, pero el muchacho no tiene un lugar seguro en otro. Y pese a que la Dirección General del Deporte Universitario asegura que están prohibidas las novatadas, Alejandro sabe que no tiene condiciones para quedarse: rompió un código no escrito. El 10 de mayo, al término de la práctica del equipo de Liga Mayor Pumas CU, los veteranos del equipo le dieron la “bienvenida” a los novatos. Los hicieron ir a las regaderas, los obligaron a desnudarse y, así, los golpearon reiteradamente en el pecho con las chanclas que utilizan para bañarse. Son las famosas “chanclizas” que forman parte del rito de iniciación o de los “filtros” que los jugadores más jóvenes están obligados a pasar si aspiran a formar parte del equipo de Liga Mayor. En este equipo el talento deportivo no es suficiente. Aquel día, cuando Alejandro García vio que los veteranos se fueron a los baños, sabía que no se salvaría de la chancliza. Le sorprendió que aquello ocurriera, porque en julio del año pasado, el entonces director de Actividades Deportivas y Recreativas de la UNAM –ahora Dirección General del Deporte Universitario (DGDU)–, Severino Rubio, emitió un comunicado en el que anunció que se cancelaría “cualquier actividad del proceso de iniciación que ponga en riesgo la salud de nuestros jugadores. A partir de ahora, serán reguladas y supervisadas por un equipo médico que dictaminará las actividades a realizar”. La medida se tomó a raíz de que un jugador novato, Juan Francisco Espinoza Martínez, terminó en terapia intensiva en estado grave, con neumonitis (intoxicado por vía tópica y por inhalación) y quemaduras de segundo grado como consecuencia de los ejercicios extenuantes, las golpizas y la pintura de aceite que le aplicaron en el cuerpo durante la novatada de 2015 (Proceso 2023). Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2070, ya en circulación

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