El precio de la fama y la fortuna

domingo, 8 de enero de 2017
Debido a los repetidos golpes en la cabeza, los jugadores de futbol americano suelen desarrollar enfermedades neurológicas degenerativas, que pueden terminar con demencia o muerte. Sin embargo, la NFL ha antepuesto sus ingresos a la vida de los deportistas, y ha hecho todo por ocultar y minimizar esos problemas de salud. La última víctima de esa política es Darryl Ashmore: está tan enfermo que no pudo viajar a realizarse los exámenes médicos que le exigía la liga, y justo por esa razón le fue negado el acceso a un plan de beneficios. Los exatletas afectados son ya legión… CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El exjugador de la Liga Estadunidense de Futbol Americano (NFL, por sus siglas en inglés) Darryl Ashmore inició acciones legales para que el Plan de Beneficios Neurocognitivos e Incapacidad (PBNI) le otorgue la pensión y pago de gastos médicos que le corresponden por los problemas físicos que padece tras haber jugado 12 años en esa liga. Ashmore, de 47 años, no pudo viajar desde su casa en Palm Beach, Florida, hacia otras ciudades en Estados Unidos para someterse a una serie de exámenes que demuestren el deterioro físico y cognitivo que sufre, y que incluye, entre otros daños, demencia temprana. Por esta razón, a pesar de que lo solicitó, la NFL le negó el acceso a los beneficios que otorga el plan a los jugadores jubilados con problemas de salud. En 2015 Ashmore pidió a la Liga que fuera declarado con discapacidad total y permanente. El Comité del PBNI programó para octubre de ese año la realización de tres exámenes médicos. Este comité está integrado por tres miembros, representantes del Sindicato de Jugadores (Players Association, NFLPA) y directivos de la NFL. Debido al dolor crónico que Ashmore padece, su abogado, Edward Dabdoub, pidió al comité que los exámenes se realizaran en Florida, pues su cliente no soporta los viajes, sobre todo si son en avión. Las citas para las consultas del exjugador se reprogramaron para realizarse en noviembre de 2015, en Atlanta. Entonces el abogado insistió en que el lugar designado se encuentra fuera de Florida y solicitó que se realizaran en hospitales más cercanos. El 3 de noviembre de 2015 el comité rechazó otorgar los beneficios del PBNI a Darryl Ashmore, porque como no asistió a las citas “no existen evidencias” sobre su estado de salud. El defensor se inconformó, pero recibió por respuesta que el expediente administrativo del caso no contenía ningún registro relacionado con la reprogramación de las citas. El PBNI es un programa al que tienen derecho los jugadores retirados de la NFL. Otorga una pensión económica y cubre los gastos médicos de quienes han quedado discapacitados por haber jugado futbol americano. Forma parte del Seguro de Ingresos para Empleados Jubilados (Employee Retirement Income Security, ERIS, por sus siglas en inglés). El 11 de octubre de 2016, el abogado Edward Dabdoub presentó la demanda en la Corte de Distrito de Estados Unidos en Florida, división West Palm Beach. En ella explicó que su cliente sufre de dolor crónico en cuello, rodillas, espalda, muñeca y hombros, hernias discales, artritis degenerativa, hipertensión, náuseas y migrañas frecuentes y severas. Además, acusa problemas cognitivos y mentales, como encefalopatía, demencia, pérdida de la memoria, depresión, ansiedad y concentración deteriorada. Darryl Ashmore jugó durante 11 temporadas en la NFL. Fue tackle ofensivo con los Rams (de Los Ángeles y luego de San Luis) de 1993 a 1995, con los Redskins de Washing­ton de 1996 a 1997 y con los Raiders de Oakland de 1998 a 2001. En los últimos años se ha incrementado el número de jugadores retirados de la NFL que han desarrollado problemas cognitivos y de memoria como, demencia, Alzhei­mer, depresión o encefalopatía traumática crónica a consecuencia de conmociones cerebrales. Una conmoción cerebral es un tipo de lesión traumática causada por un golpe en la cabeza. La mayoría de las veces ocurre sin que el jugador pierda la conciencia. La encefalopatía traumática crónica (ETC) es una enfermedad degenerativa del cerebro que se asocia con traumatismos repetidos en la cabeza. Las cifras de la propia NFL son alarmantes. La Liga reveló que en 2012 fueron diagnosticadas 261 conmociones cerebrales en los partidos de pretemporada, temporada regular y postemporada. En 2013 fueron 229; en 2014, 206, y en 2015 el número se elevó hasta 271. De acuerdo con el Protocolo de Conmociones de la NFL, los síntomas de una conmoción cerebral son desequilibrio, dolor de cabeza, confusión, pérdida de memoria, pérdida de conciencia, cambio de visión, cambio de audición, cambio de humor, fatiga y malestar. El viacrucis imposible En la demanda presentada por Darryl Ashmore (Caso 9:16-cv-81710-KAM) puede leerse que, después de haber solicitado que se le declarara en estado de total y permanente discapacidad, el 9 de octubre de 2015 la NFL le informó que unos especialistas elegidos por la Liga le realizarían tres evaluaciones médicas. Se trataba de una revisión neurológica, programada para el 16 de octubre en San Antonio, Texas; una evaluación ortopédica, el 20 de octubre en Palm Beach, Florida, y un examen neuropsicológico, el 22 de octubre en Tampa, Florida. El 13 de octubre, a través de sus abogados, Ashmore envió una carta a la NFL para informar que estaba de acuerdo con someterse a dichas evaluaciones, pero solicitó que las citas se realizaran en ciudades más cercanas a su lugar de residencia. Un día después, la NFL envió una carta a Ashmore en la que le informó que recibiría nuevas fechas para las citas, pero ese mismo día (14 de octubre de 2015), mediante un correo electrónico, la Liga le aclaró que los exámenes médicos no serían cerca de su casa. Vía correo electrónico, los consejeros legales del exjugador explicaron a la NFL que, debido al dolor crónico, Ashmore no puede viajar, menos aún a bordo de un avión. El médico que lo atiende, Frank Conidi, también escribió una carta en la que dio fe del estado de salud y de que está impedido de viajar por ese medio de transporte. El 16 de octubre, la NFL respondió que los estudios habían sido reprogramados para los días 2, 3 y 4 de noviembre en Atlanta, Georgia. Ashmore respondió que sí asistiría a realizarse las evaluaciones –a pesar de que volvieron a citarlo fuera del estado de Florida– siempre y cuando le consiguieran el hospedaje. “En una carta fechada el 3 de noviembre de 2015, la demandada NFL negó al señor Ashmore ser declarado en estado de discapacidad total y permanente para acceder a los beneficios del plan. La única razón para negarlo fue que ‘no asistió a las citas’ y ‘no dio suficiente información’ sobre su incapacidad para asistir”, dice el documento obtenido a través del sistema PACER. La demanda indica que la NFL proporcionó a Darryl Ashmore una copia de su expediente administrativo, pero omitió incluir las cartas entre ambas partes, en las que el exatleta pidió que se recalendarizaran las citas y se le consiguiera el hospedaje. El 29 de abril de 2016, los abogados de Ashmore apelaron la decisión de la NFL. En la inconformidad también incluyeron reportes médicos, documentación e información que confirma la discapacidad. Los análisis fueron realizados por 15 especialistas e incluyeron evaluaciones psicológicas, físicas, neurológicas y múltiples resonancias magnéticas de la espina dorsal, rodillas y cerebro del exjugador. El 24 de agosto de 2015 la NFL volvió a negar el acceso a los beneficios del plan con la justificación de que no asistió a los exámenes médicos y que tampoco avisó que no acudiría, con dos días de anticipación. “La negación de los beneficios por discapacidad permanente es una infracción en contra del señor Ashmore, de acuerdo con los términos del plan, y la decisión es equivocada, arbitraria y caprichosa. El que la NFL haya negado los beneficios por discapacidad al señor Ashmore violó los derechos fiduciarios que posee bajo los términos del ERIS”, se lee en la demanda. Por todo lo anterior, el demandante exige que se le conceda recibir los beneficios del plan de forma retroactiva a la fecha que fueron solicitados por primera vez, más intereses por los actos y omisiones de la NFL. También solicitó el pago de todos los gastos derivados de las acciones legales que emprendió. Una ola silenciada Darryl Ashmore es uno de cientos de exjugadores de la NFL que han presentado demandas por conmociones cerebrales. Entre ellos se encuentran estrellas del calibre de Art Monk, Tony Dorsett, Jim McMahon y Jamal Anderson. El problema ha alcanzado tales dimensiones que, en 2012, 2 mil jugadores presentaron una demanda colectiva en la Corte Federal de Filadelfia acusando a la NFL de negligencia y de no notificar a los jugadores sobre el vínculo entre conmociones cerebrales y lesiones permanentes. En 1994, el entonces Comisionado de la NFL, Paul Tagliabu, creó el Comité de Lesiones Cerebrales Traumáticas Leves (hoy conocido como Comité de Cabeza, Cuello y Espina Dorsal) y nombró al reumatólogo Elliot Pellman presidente del mismo comité. Pell­man no tenía ninguna experiencia ni conocimientos acerca de lesiones cerebrales. Nunca antes se había considerado que el futbol americano fuera un deporte que provocara lesiones cerebrales a los jugadores. Pero en 2002 el patólogo forense de origen nigeriano Bennet Omalu identificó en el cerebro del excentro de los Acereros de Pittsburgh Mike Webster un padecimiento que nadie conocía: la encefalopatía traumática crónica (ETC). Omalu realizó la autopsia de Webster, quien a los 50 años, inexplicablemente, se suicidó. En enero de 2005, y a raíz de que Omalu hizo públicos sus descubrimientos, el Comité de Lesiones Cerebrales Leves de la NFL fue tajante y declaró que volver a jugar después de que un jugador hubiera sufrido una conmoción cerebral no implicaba riesgo significativo de una segunda lesión, ni en el mismo juego ni durante la temporada. Durante 2005 y 2006 Omalu identificó la ETC en los cerebros de los exjugadores de los Acereros de Pittsburgh Terry Long y Andre Waters, quienes, al igual que Webster, se suicidaron. Entre 2009 y 2010 se realizaron dos audiencias en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, concretamente en el Comité Judicial sobre Asuntos Legales Relacionados con Lesiones en la Cabeza en el Futbol. En la primera, el comisionado de la NFL, Roger Goodell, defendió la política de la NFL sobre conmociones cerebrales. En la segunda, el doctor Ira Casson, uno de los copresidentes del Comité de Lesiones Cerebrales Traumáticas Leves, negó que existiera un vínculo entre los repetidos golpes en la cabeza y el daño cerebral en el largo plazo. Por años, la NFL se rehusó a aceptar que la práctica del futbol americano amenaza la salud de los jugadores. A regañadientes, en octubre de 2010, Goodell envió un memorándum a los 32 equipos, en el que advirtió que serán suspendidos los atletas que golpeen directamente la cabeza y el cuello de otros compañeros. Ese mismo año, el otrora safety de los Osos de Chicago Dave Duerson, de 50 años, se suicidó con un disparo en el pecho y dejó indicaciones de que su cerebro fuera analizado. Un grupo de investigadores de la Universidad de Boston encontraron que padecía ETC. Y continúan presentándose casos. El que causó gran impacto fue el exlinebacker Junior Seau, quien en mayo de 2012 fue encontrado muerto con una herida de bala en el pecho. Su deceso, a los 43 años, fue considerado un suicidio. Amigos y familiares aseguraron que Seau se mató por las lesiones causadas por múltiples conmociones cerebrales. La autopsia no reveló daño en el cerebro, pero partes de ese tejido fueron enviadas a los Institutos Nacionales de Salud del gobierno de Estados Unidos. En enero de 2013 se confirmó que Seau sufría de ETC. La familia de Seau demandó a la NFL por “muerte injusta”, alegando que el suicidio fue el resultado de una enfermedad cerebral causada por golpes violentos que sufrió como jugador. En julio de 2014, el Tribunal de Distrito de Estados Unidos en Filadelfia otorgó la aprobación preliminar a un acuerdo entre jugadores retirados y la NFL. Para ese momento, la demanda colectiva sumaba 4 mil 500 demandantes. Los deportistas en retiro reclamaban el pago de 765 millones de dólares para financiar exámenes médicos, compensaciones por las conmociones cerebrales, investigación médica y pago de abogados. En 2014 se incrementó el número de demandas colectivas e individuales en contra de la NFL y de la NFLPA. Los exjugadores acusaban a la Liga y al sindicato de haber ocultado información sobre el vínculo entre las conmociones y los problemas de salud en el largo plazo. En abril de 2015, un juez federal ordenó a la NFL indemnizar con hasta 5 millones de dólares a cada jugador retirado que acusara condiciones médicas graves asociadas con repetidos traumatismo cerebrales. Durante ese tiempo, trascendieron los casos de jugadores que de forma póstuma fueron diagnosticados con ETC. El exlinebacker Jovan Belcher, cuyo cadáver fue exhumado un año después de que matara a su exnovia y se suicidara. Tenía 25 años cuando lo hizo. El exquarterback de los Raiders de Oakland, Ken Stabler, murió en julio de 2015 de cáncer de colon. Luego, investigadores de la Universidad de Boston revelaron que padecía ETC. Incluso el exjugador de los Gigantes de Nueva York y comentarista deportivo de la cadena ABC, Frank Gifford, fue diagnosticado con ETC. Su familia lo dio a conocer tres meses después de que falleció. El 29 de diciembre, la agencia de noticias AP reveló que el exjugador Rashaan Salaam se suicidó con un disparo en la cabeza, después de haber luchado durante años contra la depresión. Él fue un corredor de la Universidad de Colorado y en 1994 ganó el Trofeo Heisman, la máxima distinción que puede recibir un jugador universitario. Sólo jugó una temporada completa en la NFL. Su cuerpo fue hallado el 5 de diciembre en un parque cerca de la universidad. Según el reporte policiaco, consumió alcohol y mariguana antes de suicidarse. Por indicaciones de la familia, el cadáver no será analizado para comprobar si padecía alguna enfermedad relacionada con los golpes que recibió durante su carrera. No fue sino hasta marzo de 2016 que por primera vez un alto directivo de la NFL reconoció públicamente que existe una conexión entre el futbol americano y la encelopatía traumática crónica. En una mesa redonda con el Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes, cuando se le preguntó si existe ese vínculo, Jeff Miller, vicepresidente senior de Política de Salud y Seguridad de la Liga, respondió: “Sí”. l El texto anterior fue elaborado como parte de la asignatura Textos y Contextos Internacionales, de la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos del CIDE.

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