Cuba 1964: Fotos inéditas de Rodrigo Moya

El fotógrafo, comenta que su trabajo documental se situó “en una acción ideológica y sentimental”, componentes que su cámara buscó retener en los inicios de la Revolución Cubana. Más de mil imágenes, algunas de ellas tomadas al Che Guevara, de las cuales el Festival Internacional Cervantino mostrará 90 –jamás vistas en México– se insertan en el tema genérico de “las revoluciones”, a las cuales se dedica el evento en su 45 aniversario. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Los primeros años de la triunfante Revolución Cubana fueron captados por la cámara del reportero gráfico Rodrigo Moya (mexicano nacido en Colombia en 1934), alrededor de mil 200 imágenes sobre el pueblo y líderes de la isla, de las cuales 90 se exhiben por primera vez en México. “Me interesaba que se mostraran las fotos en el país, y me da un poco de rabia que en la República mexicana, tan hermanada con Cuba, y con todo lo que significamos para ellos y ellos para nosotros, nadie me abrió las puertas para exponerlas hasta ahora”, realza Moya en entrevista. En la 45 edición del Festival Internacional Cervantino (FIC) se mostrarán estas imágenes en blanco y negro, captadas por Moya en 1964, bajo el título Cuba 1964, la revolución en marcha, en la Sala Manuel Doblado del Museo Regional Alhóndiga de Granaditas, del 11 de octubre de 2017 al 15 de enero de 2018. Ahí el fotoperiodista ofrecerá una charla el jueves 12 al mediodía. Moya pone énfasis en 19 retratos tomados en La Habana a Ernesto Che Guevara (que este día 9 cumple 50 años de haber sido asesinado en La Higuera, Bolivia), de los cuales integra 12 a la muestra: “Estaba muy chavo y tenía un entusiasmo tremendo por la Revolución Cubana, como toda la juventud pensante de entonces. Esta serie de fotos del médico, político y militar, cuando era ministro de Industrias de Cuba, ha circulado mucho en Estados Unidos. Es curioso pero los estadunidenses me compran muchas fotos de eso y aquí ni una canija postal. “No puedo decir que de esta exhibición me gustan sólo las imágenes del Che, las cuales son una secuencia muy privada, muy íntima, hay otras de Fidel Castro, en fin. Pero aquí es un Che muy espontáneo, sin conciencia de la cámara, y esas fotos han tenido un gran éxito. En Barcelona, en 2009, las destacaron mucho.” Moya se remonta al 26 de julio del séptimo aniversario del triunfo de la revolución. Al fotógrafo lo acompañaban dos mexicanos, el caricaturista Eduardo del Río, Rius, y el periodista Froylán Manjarrez. Los tres publicarían un libro. “Nos dijeron que el comandante Che estaba muy ocupado, por lo cual sólo nos iba a recibir quince minutos, ¡y se convirtieron en dos horas y media!”. –¿Qué les dijo? –Muy contra la versión que tenemos del Che, bohemio, peludo, desarreglado, con boina, todo ese mito que corrió no sé de dónde, yo lo vi flamante, con las botas como esmaltadas, la raya del pantalón perfecta, como ministro de Industrias era un hombre impecable, y a mí me llamaban mucho la atención sus manos, y como había muy poca luz al interior yo me dediqué a trabajar sobre las manos y la expresión. Puse un telefoto medio chico y me clavé, no escuché la primera parte de la charla, pero lo que si capté es que preguntó llegando: “¿Quién de ustedes es el famoso Rius?”. Rius era muy tímido, se quedó quieto, se puso rojo, rojo, y levantó la mano, y respondió: “Yo”. Se pusieron a hablar de Los Agachados. ¡El Che era fanático de la historieta de Rius! Material para un libro Moya fue a Cuba a mediados de 1964 con Rius y Manjarrez porque los tres planeaban publicar un volumen: “El libro se llamaría Cuba por tres, una idea que sugerí a la revista donde trabajaba, Sucesos, y se trataba de efectuar entrevistas a los grandes personajes de la revolución. Manjarrez escribiría, Rius haría las caricaturas y yo las fotos. Un rico judío holandés, pero muy de izquierda, Mony de Swaan, quien había luchado contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial, nos financiaba el libro. Yo iba a realizar cuatro viajes a Cuba, ya después regresaría a la isla solo, por desgracia mientras preparamos el volumen –todo hecho a la antigüita– falleció de pronto el judío, le dio un infarto fulminante, y ya no se hizo la publicación. Y guardé el material treinta y tantos años.” Explica que Rius publicó alguna de sus fotos de ese viaje a La Habana en su obra Cuba para principiantes. Moya, quien desde 1998 radica en Cuernavaca, Morelos, relata que esas imágenes las encajonó: “Abandoné el periodismo. Luego me dediqué a la cosa editorial, pero cuando se acercaban los cincuenta años de la revolución en Cuba, en 2009, me pareció que era un acontecimiento del cual todos los latinoamericanos debíamos estar conscientes, pero como en México gobernaban los azules (el Partido Acción Nacional), no se abrió ninguna puerta para aquí exponer. ¡Estas fotos nunca se han expuesto! “Ahora que el FIC dedica su programa al concepto revolución y a Francia, me invitaron. Así que rehago una visión que tuve de Cuba, y las imágenes las acompañan unos textos cortos que escribí. La exhibición está dividida en cinco partes: La fuerza, La educación, La ciudad y la gente, La enseñanza, y Música y danza. Se aborda lo que en aquel entonces estaba empezando, pero con enorme empuje.” Moya fue reportero gráfico de 1955 a 1968, especialmente en revistas donde la fotografía se desplegaba con amplitud. En esos años publicó más de un centenar de reportajes y numerosas reseñas e ilustraciones fotográficas, particularmente en semanarios como Impacto, Sucesos, Política y Siempre!. Hacia 1968 fundó la revista especializada Técnica Pesquera, que dirigió y editó mensualmente durante 22 años. En ese tiempo abordó con la escritura y su fotografía todo lo concerniente a la pesca y los mares de México. En los años noventa exploró la narrativa, y en 1997 obtuvo el Premio Nacional de Cuento del Instituto Nacional de Bellas Artes, con las narraciones Cuentos para leer junto al mar, que publicó Tusquets Editores con Conaculta. Ese mismo año ganó el Concurso Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés, al tiempo que publicó crónicas y reportajes en periódicos y revistas culturales. En otros países Resalta que en Europa una parte de las fotos que tomó en Cuba ya se exhibió: “Fue una exposición un poco más grande y las imágenes en otros tamaños, otro formato, para otro espacio. En Barcelona se llamó Cuba mía. Se organizó justamente por los cincuenta años de la revolución y es que un fotógrafo y promotor catalán, que me entrevistó para un libro, vio las fotografías y le gustaron, además es un promotor de la fotografía, se llama Claudi Carreras. Le entusiasmaron tanto las imágenes que las sugirió en Casa América Cataluña, que es como la Casa de España pero catalana, y vino la directora aquí a ver el material, porque Carreras le envió información electrónica. “A ella le gustó mucho la idea y decidió patrocinar una exhibición. Se crearon las fotos en tamaños grandes. A mi esposa (la diseñadora e ilustradora Susan Flaherty) y a mí nos invitaron a España. Se inauguró en 2009, poco después de los cincuenta años.” Rememora que Cuba mía recorrió varios lugares de España: “Después la compraron toda, lo cual para mí fue muy bueno porque generalmente mi trabajo es político y la cosa comercial queda en segundo plano. Ha circulado por muchas partes.” En La Habana también se mostraron las fotos en junio del 2009, por la celebración el medio siglo: “Fue otra versión. Vino un cubano por acá, la vio y me dijo: ‘Ésta hay que llevarla a Cuba’. Pero todo eso cuesta dinero, y yo pagué todo, fue de cincuenta piezas pequeñas.” –Al público, ¿qué le pueden provocar estas fotos en este momento? –Es muy importante que se exhiban porque ya hay dos generaciones de por medio, dos generaciones totalmente despolitizadas en nuestro país, que no salen de Facebook y de todas esas cosas tecnológicas. Es recordarles lo que fue esa Revolución de Cuba, va mucha gente joven a Guanajuato, de las secundarias y los bachilleratos de la zona. Se publica un folleto. Fue la única condición que puse, que se creara no un catálogo-libro como me lo hicieron en Barcelona. Pero bueno, aquí en el FIC no se puede pedir eso. Sólo insistí en una especie de folleto para que se les obsequie a los jóvenes, con fotos, y se les explica qué es la Revolución Mexicana. –En Cuba 1964, la revolución en marcha, ¿de qué tamaño son las fotografías? –Todas son pequeñas, en plata-gelatina. Es a la usanza antigua. Yo me quedé en el jurásico de la foto. Todas mis imágenes son hechas en cuarto oscuro, ya no imprimo yo, ya paso de los 80 años. Tengo una impresora muy buena y pago e importo el papel o lo consigo como sea, pero todo es plata-gelatina sobre cartulina. Su ilusión es mucha porque las nuevas generaciones de mexicanos verán sus fotos: “Verán cómo era la gente en esa época en Cuba, los internados de niños campesinos, la música, las escuelas, el carnaval y Fidel y Raúl Castro, en fin.” Moya cuenta con ofertas para que Cuba 1964, la revolución en marcha recorra unas partes de México, “tengo algunas propuestas medio vagas todavía”, comenta. Suma emocionado: “Todo fue hallazgo o descubrimiento, inmerso en un puro trabajo documental, pero también en una acción ideológica y sentimental, admitiendo que el sentimentalismo y la ideología, negados por los fotógrafos más avezados como factores selectivos de la imagen, en mi caso son los componentes que eligen los sujetos y las circunstancias que la cámara busca retener. “Así, me dejé llevar por la vida cubana de cada día, y capté fragmentos de lo que miré estremecido, que es a su vez algo de lo que se enseña en esta muestra.” Permaneció cinco semanas en Cuba en ese 1964. El fotoperiodista ya ha participado otras veces en el FIC con varias exposiciones, como La muerte de Francisco Goitia, La eterna infancia y Tiempos tangibles; cuando presentó esta última fue galardonado con la Presea Cervantino. En noviembre 2015 elaboró la muestra Fotografía y conciencia (Photography and Conscience) en los Wittliff Collections, Texas State University, San Marcos, con un libro retrospectivo y bilingüe del mismo nombre, y tiene una extensa presencia en colecciones privadas y museos en México y Estados Unidos. Este texto se publicó el 8 de octubre de 2017 en la edición 2136 de la revista Proceso.

Comentarios