El seductor folclor urbano de Eblín Ruan

domingo, 3 de marzo de 2019
Un caleidoscopio de nueve canciones con ritmos latinoamericanos en poesía y rap, así como una experimentación inspirada por la danza yaqui al venado, integran la grabación de Eblín Ruan, joven arpista y compositora, Cantos de Tierra y Luna. Folklore urbano. Es su segundo disco, que describe así: “Aprendí a desvestir mi alma para poder cantar a ustedes desde los bellos y sutiles grises de la Ciudad de México que acompañan mi andar”. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Eblín Ruan es sinónimo de valentía. Padeció asma desde muy pequeña, pero conforme fue madurando se entregó a su vocación artística, y hoy, con voz que evoca el cantar de los mirlos primaverales citadinos, dice sonriendo a Proceso: “La música me curó, los instrumentos que toco han sido mi rescate, y en agradecimiento siempre los bautizo: mi arpa se llama Amelie; mi ukulele, Rigo, como mi papá Rigoberto Ruan, de Guadalajara, Jalisco. Y mi guitarrita jaranera es Julieta.” Nacida en la colonia Narvarte de la Ciudad de México en noviembre de 1985, de signo Escorpión, hacia junio de 2012 grabó su primer disco en la Escuela Nacional de Música (UNAM), de donde es egresada: Nueve latidos. Música mexicana para arpa de pedales, firmándolo “Eblin Ruan Guerrero”. “Muchos creen que Eblin Ruan es mi nombre artístico, pero no, es el que aparece tal cual en mi acta de nacimiento. Curiosamente los notarios no me lo escribieron con acento; me lo puso mi mamá, Araceli Guerrero, quien nació en Morelia, Michoacán, porque Eblin se llamaba una amiga suya; es alemán y significa ‘grande’. Me puso Gisela también, pero nunca me gustó. Yo pronuncio Eblín con acento agudo, aunque a veces no lo escriben así.” Aquella primera grabación instrumental contiene Siete Dibujos sobre Papel Amate, de José Enrique Guzmán (incluye Égloga, del compositor nacionalista Leonardo Velázquez, y Arabesque número 1, de Germán Tort); la Suite Pa Su Meche, de Eugenio Toussaint, aparte de las piezas: “El columpio”, de César Tort; “Oleaje”, de Eduardo Gamboa; “Danzonete” y “Flor silvestre y campesina”, del sonorense Arturo Márquez; “Estudio núm. 1”, del poblano Eduardo Angulo, y “Tierra mestiza”, de Gerardo Tamez. Para su segundo álbum, Eblín Ruan ha decidido dar un gran salto. Acompañada de un puñado de amigos músicos, el productor Álvaro Chávez y los arreglos profesionales de Alfonso Zarco; Marco Morel (guitarrista de Guadalupe Trigo) y Jeisél Torres, entró a los estudios “Más Ruido” de Manuel Mora con el ramillete de temas compuestos por ella, para grabar su independiente Cantos de Tierra y Luna. Folklore Urbano, el cual describe así: “Es un proyecto que surge de cuestionar mi identidad musical y de la necesidad de reinventarme como músico, de sentirme parte de esta Madre Tierra y del deseo de plantar una semilla con ella. Busqué entre los rincones musicales de mi historia, de mi tradición, con el deseo de descubrirme, y me dejé llevar por los diferentes paisajes sonoros que habitaban en mi memoria, los cuales fueron forjando la música de este disco, y fue así que, de pronto y sin darme cuenta, floreció una gran variedad de melodías que se encontraban allí esperando a ser cantadas. Aprendí a desvestir mi alma para poder cantar desde los bellos y sutiles grises de la Ciudad de México en mi andar.” Alma fragante En la Facultad de Música de la UNAM estudió con las arpistas reconocidas Lidia Tamayo y Janet Paulus. Ha tomado clases magistrales con los maestros: Baltazar Juárez (México), Marcela Méndez (Argentina), Manuel Jiménez (Chile), Isabelle Perrin (Francia) y Ann Yeung (EU). Enamorada de los estudios del guitarrista cubano Leo Brouwer, ha viajado por Sudamérica; tocado con la Orquesta Filarmónica de la UNAM o de Acapulco, y las sinfónicas de Nuevo León, Minería y del Teatro de Bellas Artes, además del Ensamble Arpas de México. En 2018 obtuvo beca del PECDA para realizar una investigación acerca de la música urbana callejera de la Ciudad de México. El CD Cantos de Tierra y Luna abre con “Vida de mi vida”, bailecito caribeño con acordeón de Rosendo Casasola y batería de Dan Y. Velasco: Y yo, yo, cantando a la vida/ estas cancioncitas/ siembro semillitas/ pa’ preñar el tiempo/ compongo el silencio/ desde el corazón… Cual homenaje pegajoso al Manu Chao de Esperanza, en “Será el tiempo” Eblín rapea: Que te sobren las canciones/ que te sobren las pasiones/ que te sobren los acordes/ que te sobren las flores, las flores, las flores… El son jarocho “Café con pan” arranca los coros de Zacy Torres, Jenny Silva y Jeísel: Mil gritos de libertad/ molienda de sangre y pan/ mis palabras extrañan tu voz que grita/ café con pan, café con pan… –¿Por qué no podemos evitar relacionarla con la música jarocha? –Se me remite a Veracruz porque tengo­ varias piezas que son sones jarochos y, claro, porque toco el arpa. Sólo que el arpa de pedales que estudié en la Superior de Música y en la UNAM tiene 47 cuerdas, anda poco menos que en los dos metros de altura y son siete pedales en su base. “De tal manera que con esta arpa puedes hacer alteraciones, sostenidos y bemoles, pero con un arpa jarocha no los puedes hacer tan fácilmente. Digamos que un arpa jarocha sería como si tuvieras un piano con puras teclas blancas”. Ejemplifica con la terciaria rítmica “Versos y rimas”: A mí me quedan mis canciones, versos y rimas por montones,/ a mí me sobran pantalones, no ando rompiendo corazones…/ a ti te faltan pantalones hasta para inventar canciones. La rumba romántica “Suena que sueno” sacude con trompetas de Juan Carlos Zaá, bajo de Armando Correa, teclados de Juan Manuel Ibáñez y el tumbao de Carlos Tovar El popis (Banco del ruido) pregona: Yo con mi culpa camino solita/ mientras se marchitan mis notas de amor/ miro a la luna esperando que me dicte una solución... Alegría y zapateado de Zacy Torres en “Bailadora”: Vengo de tierra linda/ de tierra buena, de tierra santa/ mis manos son de barro/ mi piel dorada, mis versos claros. Aires andinos vibran en “Canto a la tierra”, acompañados de la marimba por Eliud Columba y Misael Rosales en quena, quenacho y zampoñas, mientras Eblín reza: Las montañas, tus músculos;/ los árboles, tus pulmones;/ los ríos, las venas que tejen sus hebras…/ Eres la tierra que abraza mis venas. “El pescador” es otra cumbia (autoría del colombiano José Barros) armada magistralmente por Gino Galán (guitarra), Roberto Lira (percusión), Torres, Casasola y Zarco, dando paso a la ranchera “Cicatrices en el viento”, letra y música de Eblín con Alfonso Zarco, y guitarras de Marco Morel: Ve cómo es el tiempo, que como mata, cura;/ la sangre hizo en mí una cicatriz…/ Hoy me despido y te pido me perdones/ pues por las noches no consigo dormir,/ las cicatrices me recuerdan tus dolores,/ las cicatrices me recuerdan tus traiciones. “Danza del venado” es un vasto despliegue de su arte como arpista, contrastando tiempos con Roberto Lira en las percusiones. Hoy sacrificaré mi cuerpo y sentiré tu aliento/ te regalaré mi llanto para que florezca tu canto/ hoy moriré para verte vivir,/ regálame tu danza para poder morir… Pero si hechizan las nuevas piezas que ella libera con su garganta en Cantos de Tierra y Luna, los conciertos de Eblín Ruan y su grupo emocionan y contagian, al grado de suscitar el fandango. Se presentará el 27 de abril en el “Rotterdam Bar”, de la calle Adolfo Prieto 213, y el 4 de mayo en “Chapata vive Café”, de la colonia Narvarte (ver video https://vimeo.com/287607296). Este texto se publicó el 24 de febrero de 2019 en la edición 2208 de la revista Proceso.

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