El INER, sin dientes para enfrentar la crisis

miércoles, 15 de julio de 2020
Pese a ser el centro hospitalario que está en la primera línea en el combate a la pandemia de coronavirus, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias debe hacer frente a diversas dificultades: por un lado, no tiene completa su planta laboral (debió mandar a su casa a personal médico y de enfermería con problemas como diabetes o hipertensión); por otro lado, enfrenta quejas de sus trabajadores, insatisfechos con los equipos de seguridad. Y además el presupuesto que se le asignó este año apenas sirve para cubrir la mitad de las necesidades del hospital. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso). - En señal de luto por los pacientes y los trabajadores de la salud que están muriendo en sus instalaciones, un enorme moño negro cuelga en lo alto del edificio central del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), el principal puesto de avanzada del sistema mexicano de salud para afrontar la pandemia del coronavirus. Frente a este edificio enlutado, en la plancha del estacionamiento que hoy semeja un campamento de guerra, la Cruz Roja instaló un “hospital de campo”: son abombadas carpas de tela térmica donde se está internando a muchos contagiados que llegan al INER, el centro hospitalario con mayor número de pacientes en todo el país. El director general del INER, el neumólogo Jorge Salas Hernández, comenta: “Llevamos prácticamente seis meses de lucha, desde enero pasado, cuando empezamos a prepararnos porque supimos que se venía una enfermedad de rápida transmisión. A estas alturas nos falta personal médico y nos encontramos agotados física y mentalmente, pero seguiremos dando atención a nuestros pacientes. Estamos para esto y para más”. –¿Qué tipo de pacientes covid llegan aquí? –Atendemos sólo a los más graves, a quienes ya requieren cuidados intensivos respiratorios, un manejo médico extremo. Todo el Instituto se transformó en una gran unidad de terapia intensiva. “Por el momento dejamos de lado la atención a otros padecimientos respiratorios, pues si atendiéramos a otro tipo de pacientes los pondríamos en alto riesgo de contagio. De manera que ahorita somos un hospital exclusivamente covid, al ciento por ciento. Estamos enfocados en combatir esta pandemia.” Actualmente, dice, el INER ya tiene capacidad para atender a 200 pacientes “en el máximo de condición grave”. Y agrega: “Hemos logrado que cada cama tenga su propio equipamiento de terapia intensiva”. –¿No se han visto sobrepasados? –No, nunca, pues en promedio hemos tenido unos 140 pacientes en estado de condición grave, cifra inferior a los 200 espacios con que contamos para ellos. Pero esta capacidad se debe –aclara– no sólo al presupuesto gubernamental, sino también a los apoyos y donativos que están recibiendo de empresas e instituciones. Dice al respecto: “La Cruz Roja, por ejemplo, se acercó a nosotros para ofrecernos su colaboración. Y así fue como levantó aquí su hospital de campo, que son carpas bien equipadas con camas, ventiladores, monitores y demás equipamiento requerido para atender a los pacientes”. El arranque de la reconversión del instituto –agrega– se dio a principios de enero, cuando el doctor Gustavo Reyes Terán, titular de la Comisión Coordinadora de Institutos Nacionales de Salud, les envió la siguiente alerta: “Brote de neumonía en China. Debemos estar pendientes. Sirve revisar los protocolos de atención”. Y el INER tuvo que tomar la siguiente medida preventiva: de sus 2 mil 412 empleados, 481 fueron enviados a sus casas por tener obesidad, hipertensión, diabetes y otras comorbilidades que los hacen vulnerables al virus. Pero aún con estas precauciones, actualmente 197 trabajadores se han contagiado de covid y dos han fallecido. Asegura Salas: “Más de 60% de nuestros trabajadores que dieron positivo no se contagiaron aquí, sino afuera del hospital; fueron contagios por transmisión comunitaria”. Sin embargo, muchos empleados del INER temen contagiarse porque, argumentan, están trabajando sin el equipo de protección adecuado y con extenuantes sobrecargas de trabajo, debido al déficit de personal. Este es un adelanto de un reportaje publicado en el número 2280 de la edición impresa de Proceso, publicado el 12 de julio de 2020 y cuya versión digitalizada puedes adquirir aquí

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