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Woldenberg: con AMLO, peligro de regresión

A José Woldenberg le preocupa que se refuercen rasgos autoritarios luego de que el presidente ha expresado una serie de posiciones que sugieren su interés por concentrar facultades que hasta ahora la Constitución y la ley no le confieren.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– La preocupación de José Woldenberg no es que el país vaya a la dictadura, sino que se refuercen rasgos autoritarios a partir de que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha expresado una serie de posiciones que sugieren su interés por concentrar facultades que hasta ahora la Constitución y la ley no le confieren.

Enlista algunas de las posiciones presidenciales: desprecio a los partidos de oposición, a los que adjetiva y descalifica, lo mismo que a los poderes constitucionales cuando no se alinean a su voluntad; declaraciones sobre extinguir a los organismos autónomos, a los que reduce presupuesto y descalifica, como también lo hace con periodistas que lo incomodan y organizaciones no gubernamentales, a las que calumnia y difama.

Da la impresión de que al presidente de la República no le gusta convivir, dice Woldenberg, al inscribir en ese contexto lo que califica son “embates constantes” contra el INE en respuesta a un planteamiento sobre el futuro del sistema electoral.

Woldenberg, expresidente del otrora Instituto Federal Electoral (IFE), por estos días está inmerso en la promoción de su libro Contra el autoritarismo (Cal y Arena, 2021), una reunión de artículos sobre el estado de la democracia en México, sobre la que advierte: “El libro es un llamado de atención (sobre los riesgos para la democracia). No digo que (el sistema) sea perfecto. Se puede reformar, pero no sustituir”.

En entrevista con Proceso es cuidadoso declaradamente con los vocablos, por lo que rechaza el uso de expresiones como “tiranía”, “dictadura”, “autocracia”, y a pregunta expresa centra el planteamiento en un vocablo: hiperpresidencialismo, que explica como “la concentración de facultades del presidente que no derivan de la Constitución” y remite a El presidencialismo mexicano, la célebre obra de Jorge Carpizo sobre el sistema que en el pasado reunía los aspectos metaconstitucionales de los presidentes durante el régimen hegemónico. 

Por ejemplo, dice, nombraban a los gobernadores y a su sucesor en la Presidencia; legislaban de facto, porque el Poder Legislativo no era un contrapeso real y había diferentes expresiones autoritarias que, mediante lo que identifica como un proceso democratizador, cambió.

El concepto “hiperpresidencialismo” se tornó polémica el pasado jueves 3, por ser el abordado en el periódico francés Le Monde para describir lo que ocurre en México con López Obrador. Woldenberg lo ha usado desde hace tiempo para referirse a las condiciones de concentración que plantea el mandatario a partir de sus pronunciamientos sobre eliminar organismos autónomos y de sus confrontaciones con el Poder Judicial. La razón: para el entrevistado, en democracia el poder debe ser fragmentado y tener contrapesos, lo que, aun con deficiencias, se había logrado. 

–¿Ve un riesgo de regresión? –se le pregunta.

–Dependerá de que lo construido a lo largo del proceso democratizador resista... Gracias a ese proceso democratizador vimos en México cierta división de poderes; un presidente acotado por otros poderes constitucionales y también fácticos; un Congreso vivo; diversidad política en la que se escuchaba, negociaba y se llegaba a acuerdos.

Además, dice, existieron “prensa y medios con márgenes de libertad que no había en el pasado; organizaciones de la sociedad civil vivas, con agendas y propuestas interesadas en temas específicos y con seguimiento; partidos más equilibrados… hubo cambios y la historia no está escrita”.

En su perspectiva, se puede “fortalecer la precaria democracia”, pero como no hay nada escrito, dice, se pueden también dar pasos atrás, pues inclusive hay democracias potentes que desaparecieron o se erosionaron.

Para evitar la erosión

Más allá del actual proceso electoral y su resultado, el presidente López Obrador ya anunció uno de sus propósitos: impulsar una reforma constitucional que extinga al INE con diversas opciones, entre las que incluye supeditar los comicios al arbitrio del Poder Judical.

El tema, ampliamente sugerido en lo que va de la administración, tuvo su clímax en el contexto de la supresión de poco más de 60 candidaturas para Morena, entre ellas las de los excandidatos a los gobiernos de Guerrero, Félix Salgado Macedonio, y de Michoacán, Raúl Morón, a finales de abril. Esto fue considerado por el dirigente de ese partido como un exterminio.

Para Woldenberg, el planteamiento es “un error de enormes dimensiones” que ha generado preocupación entre muchas corrientes políticas.

Explica: “El IFE-INE fue fruto de una necesidad, no de un capricho. Surgió entre 1989-1990, después de las elecciones de 1988, que demostraron que las normas, instituciones y operadores políticos no estaban capacitados para procesar de manera limpia los resultados electorales. México vivió una crisis poselectoral enorme En esa situación, gobierno y partidos de oposición tomaron conciencia de que el país no podía ir a otras elecciones con la misma regulación pues estaba demostrada su ineficacia y faccionalismo”.

La creación del órgano electoral atiende, dice, a la necesidad de inyectar confianza en el procedimiento electoral y, desde entonces, “ha demostrado que las elecciones son la vía para que la diversidad política pueda seguir conviviendo y compitiendo”.

De ahí que el entrevistado sostenga que se requiere de fuerzas políticas autónomas y que el gobierno dé garantías de imparcialidad, por lo que pensar en someter el INE a un poder es un despropósito.

Inclusive, menciona, pretender someter al INE al Poder Judicial (y reunir ahí el INE y al Tribunal Electoral) proyecta una gran incomprensión del diseño de las instituciones electorales, pues el INE es una autoridad de carácter administrativo que forma parte del Estado, pero es autónoma de fuerzas políticas y poderes constitucionales, mientras que ya existe un eslabón adscrito al Poder Judicial (el Tribunal), que es última instancia con decisiones definitivas e inatacables. 

A pregunta expresa responde sobre lo oneroso del INE, un planteamiento persistente de López Obrador desde las primeras semanas de su gobierno. Woldenberg repasa en su explicación las funciones del instituto: una gran parte del presupuesto va al financiamiento de los partidos políticos; 30% del presupuesto es para el padrón y la credencial de elector, que por sus candados es cara y sirve como cédula de identidad ciudadana; los procesos electorales cuestan mucho por “la variable desconfianza”, lo que obliga a imprimir en papel seguridad; lo mejor es que sean los ciudadanos quienes realicen las elecciones y sirvan como funcionarios de casilla, lo que implica un despliegue territorial de capacitadores.

Luego, advierte, hay que ponderar todo eso a la hora de apuntar el presupuesto.

Woldenberg no admite fraudulencia. Inclusive en 2006, sostiene, nunca se ofrecieron pruebas de fraude; los resultados del conteo rápido, el PREP y el de consejos distritales, realizados por distintas personas y metodologías, fueron coincidentes. Y aunque no se autorizó el recuento total, dice, el muestreo que se hizo no reflejó fraude:

“Estamos ante una mentira que ha corrido con suerte. Peor: nadie ha dado evidencias de un fraude cometido por el INE (…) Hay evidencia suficiente de que los votos se contaron bien, pero cuando un candidato poderoso que logró votación millonaria dice que hubo fraude, se convierte en una convicción y aun en 2050 habrá quienes digan que la de 2006 fue una elección fraudulenta.”

Sin embargo, en cuanto al gobierno actual se resiste a usar, como han hecho dirigentes de oposición, intelectuales y personalidades del mundo empresarial, vocablos como dictadura, autocracia y tiranía.

“Todos esos términos no son lo mismo. Yo intento ser cuidadoso. Mi preocupación no es que vayamos a la dictadura, pero sí que se pueden reforzar rasgos autoritarios”.

Y ante eso alerta: “Hay que estar atentos porque al país le ha costado construir una germinal democracia y todo intento de regresión es peligroso. Se trata de generar conciencia de que fueron varias generaciones que construyeron la frágil, débil, democracia que tenemos, pero la salida no es la regresión”.   

Reportaje publicado el 6 de junio en la edición 2327 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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