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Informe de la Compañía de Jesús Las caravanas, producto de sistemas políticos fracasados

Centrado en la migración del norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala) y su relación con México y Estados Unidos, en su documento los jesuitas externan su preocupación por las condiciones históricas de desigualdad socioeconómica de la región y la violencia.
domingo, 19 de septiembre de 2021

TAPACHULA, CHIS.- Una crisis en todas sus dimensiones: pobreza, corrupción, centralización del poder, violencia, crimen, narcotráfico, modelo económico fallido y otros factores afectan a unos 22 millones de personas en Honduras, Guatemala y El Salvador. Son causas de una migración alarmante, advierten miembros de la Compañía de Jesús.

En un informe exponen su postura: En México y Centroamérica ante las migraciones forzadas. Analizan con detalle el modelo económico, el modelo de Estado, los sistemas de protección social y las reformas fiscales necesarias, los derechos humanos, la (in)seguridad y militarización, el narcotráfico y tráfico de armas, así como la calidad ambiental para la sostenibilidad del bienestar; desnudan también la trágica realidad que ha propiciado el masivo desplazamiento forzado de migrantes.

Centrado en la migración del norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala) y su relación con México y Estados Unidos, en su documento los jesuitas externan su preocupación por las condiciones históricas de desigualdad socioeconómica de la región y la violencia, y hacen propuestas para atender las causas estructurales y culturales de las migraciones forzadas en la región.

Sostienen que la migración humana contemporánea es una realidad compleja que rebasa las dinámicas propias de cada país e implica la colaboración con otros contextos.

Con base en la información recabada en foros con especialistas regionales, el informe sostiene que la migración se deriva de la pérdida de esperanza de muchas familias, atenazadas por la hostilidad en sus comunidades y en sus países. Y es esa falta de perspectivas la que los mueve a buscar protección internacional para salvarse de la inseguridad, violencia y su precaria economía doméstica.

A muchos los atrae Estados Unidos, donde las oportunidades laborales son mucho mayores que las de Honduras, El Salvador o Guatemala. Por eso salen en familia; otros van en busca de los que se fueron hace años.

El análisis enumera siete causas estructurales, entre ellas la desigualdad de oportunidades para el desarrollo humano pleno asociada a un modelo económico; la desilusión hacia los procesos democráticos existentes y que se asocia a un modelo de Estado; la deficiencia de los sistemas tributarios y de protección social, y la influencia del narcotráfico y el tráfico de armas.

De igual forma, la inseguridad, militarización y sistemática violación de los derechos humanos; la vulnerabilidad frente a las amenazas inducidas por el cambio y la variabilidad climática, y el horizonte individualista de la vida unido al universalismo que prioriza las categorías globales sobre las locales.

Un modelo aniquilador

Señalan los jesuitas que el modelo económico de Centroamérica genera pobreza, degradación ambiental y desigualdad. La región se encuentra sin convergencias estratégicas internas y externas que hacen ver un futuro incierto e inestable.

“Se tienen bajos niveles de inversión pública y privada, baja recaudación tributaria y la prevalencia de privilegios fiscales, lo que es muy inconveniente porque se enfrenta una situación de incapacidad y efectividad de los Estados, no sólo en materia de servicios públicos, sino en materia de gobernabilidad en los territorios”, dice el análisis de 14 páginas.

El crecimiento demográfico unido a niveles altos de violencia y una urbanización acelerada hacen una combinación riesgosa para la estabilidad social de Centroamérica. Además, las actividades económicas dominantes concentran los bienes naturales y generan impactos que los agotan, degradan y contaminan.

Explican que los mecanismos de redistribución de la riqueza no están funcionando, tampoco el mercado de trabajo ni la política fiscal, lo que imposibilita la provisión de bienes y servicios públicos. Guatemala es uno de los tres países con el menor gasto público en el mundo.

Señalan que en los países mencionados no se tienen suficientes recursos para hacer y cumplir lo que establecen sus constituciones, sobre todo por los privilegios fiscales. A esto se une la corrupción en casi todos los niveles del Estado.

En El Salvador los niveles de corrupción se concentran en los gobiernos locales; en el caso de Honduras se concentra en el gobierno central; en Guatemala está en todos los niveles, en todos los organismos del Estado, tanto a nivel central como local y en las relaciones público-privadas.

Uno de los cambios más significativos en estas últimas décadas es la pérdida de la capacidad de autosuficiencia alimentaria (maíz, frijol, arroz, trigo) con la consecuente mayor utilización de divisas para la compra de alimentos con crecientes precios, lo que tiene impactos en la ausencia de empleos e ingresos para la población en estos rubros. Lo que da la profundización de la precariedad de un segmento importante de hogares rurales que tienen formas diversas de ­trabajo.

Las propuestas

En su informe, los jesuitas explican que la migración forzada es un factor favorable para este sistema político fracasado, en el cual las remesas permiten mantener el modelo de crecimiento económico actual.

Proponen cambios macroeconómicos, como buscar una mayor progresividad del sistema tributario, así como atraer más inversión extranjera, generar empleo con mejores salarios; mejorar la productividad de los impuestos actuales.

En parte, la tendencia a la disminución de la tributación en Guatemala y en Centroamérica se está dando por estos efectos: más privilegios fiscales y mayor evasión en los impuestos que ya existen; generar incentivos para la gestión ambiental y otros.

Lo más importante, agregan, es la creación de empleo bien remunerado y estable en territorios expulsores de migrantes, fortalecimiento de la micro y pequeña empresas, acceso y regularización de la tierra, y otros recursos naturales.

Además de la endeble democracia, los jesuitas destacan el involucramiento de los sectores políticos, económicos y de gobierno en corrupción, crimen organizado y violación de derechos humanos.

“La debilidad institucional de los Estados centrales, subcentrales y locales o municipales ha sido utilizada por las élites nacionales para sacar ventajas en sus intereses económicos, siendo beneficiados por las prácticas de corrupción y la impunidad que laceran la vida social, sin entender que el desamor a su nación hace insostenibles sus negocios a largo plazo”, dice el ­documento.

Cuestionan la desigualdad producida por un modelo económico excluyente y un modelo de Estado ineficaz, que no garantiza el respeto a los derechos humanos; ha sembrado enojo y frustración social que fácilmente es retomado por los grupos criminales para seguir incorporando ciertos perfiles de jóvenes o personas migrantes a sus filas.

Pero sobre todo, la incapacidad en estos países por comprender y atender las causas de las movilidades humanas forzadas y la violencia juvenil ha fortalecido la militarización de la región, optando por aplicar la fuerza represiva para resolver un problema de desigualdad socioeconómica.

Les preocupa el incremento de la presencia del crimen organizado y la delincuencia común, pues en los últimos años se han diversificado sus negocios para organizar a las bandas delictivas locales y han apostado a la “pacificación” de territorios para posicionar su economía criminal.

Asimismo, que Centroamérica se ha constituido en un importante puente de tráfico de drogas y armas proveniente del sur hacia Estados Unidos.

“Tal parece que se negocia con los grupos delictivos la disminución de homicidios con la permisividad de la venta de droga”, advierten los jesuitas.   

Reportaje publicado el 12 de septiembre en la edición 2341 de la revista Proceso cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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