Migración

Haití: el hiperrealismo de la marginación y el caos

Miles de personas están saliendo de la isla para intentar llegar a Estados Unidos, República Dominicana, Brasil, Chile o México. Cientos de ellos están varados en la frontera sur mexicana. Es una fuga masiva de un país devastado.
miércoles, 8 de septiembre de 2021

Muchos de los migrantes que recientemente han sufrido represión en la frontera sur mexicana provienen de Haití, el país más pobre del continente, el más vulnerable frente a las catástrofes naturales y políticas, y el de más baja esperanza de vida, con 65 años; una nación que vive un “duvalierismo sin Duvalier”; un país hundido en la miseria, inviable, al que García Márquez comparaba con Macondo y que sirvió de inspiración a Carpentier para escribir El reino de este mundo.

BOGOTÁ (Proceso).- El cineasta haitiano Arnold Antonin no ha tenido necesidad de recurrir a la ficción para retratar a su país. 

La mayoría de su obra, que ha sido reconocida en el Festival de Cannes, la ha hecho en el género documental, a través del cual muestra la realidad desgarradora que agobia a los haitianos: opresión política, miseria, sida, terremotos, impunidad y un orden criminal que lo domina todo.

Estos problemas han estado tan presentes en la nación caribeña y golpean de manera tan dura a sus 11.5 millones de habitantes, que no hay necesidad de hacer con ellos elaboradas dramaturgias para llevarlos al cine. Basta con reproducirlos tal cual y dar visibilidad a sus protagonistas para generar relatos cuya épica central es la capacidad de resistencia humana.

No sólo porque 80% de los haitianos son pobres y seis de cada 10 pasan hambre, sino porque los escenarios de ese desastre social son extensos barrios urbanos asentados sobre lodazales, aguas negras y basura en los que colonias de ratas disputan el espacio con la gente.

Haití es el país más pobre del continente, el más vulnerable frente a las catástrofes naturales y políticas y el de más baja esperanza de vida, con 65 años, 10 menos que la de su vecino República Dominicana, país con el que comparte la isla de Quisqueya. 

El pasado 7 de julio el presidente haitiano Jovenel Moïse fue asesinado en su residencia por un comando de mercenarios colombianos contratado por políticos y empresarios que pensaban tomar el poder.

Y cinco semanas después, mientras el país aún no se reponía de ese magnicidio, un terremoto de 7.2 grados Richter sacudió la región sur y dejó unos 2 mil 200 muertos, 5 mil viviendas y edificios destruidos, y pérdidas por unos 3 mil millones de dólares, equivalentes a la quinta parte del producto nacional.

Fuga en masa 

La inestabilidad política, los ajustes de cuentas en los círculos de poder, el terremoto, las tormentas tropicales que le ha seguido y una recesión económica han agudizado la pobreza, el desempleo y la migración en Haití. 

Miles de personas están saliendo de la isla para intentar llegar a Estados Unidos, República Dominicana, Brasil, Chile o México. Cientos de ellos están varados en la frontera sur mexicana. Es una fuga masiva de un país devastado.

Este texto es un adelanto del reportaje publicado en el número 2340 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 5 de seprtiembre de 2021.

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