Marcha familiar

domingo, 18 de septiembre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Esta columna celebra que el 18 de mayo de este año naciera el Frente Nacional por la Familia para oponerse a los matrimonios de parejas del mismo sexo. Según su página digital, las reformas al artículo 4 de la Constitución incluyen “que los niños de México vivan con homosexuales; que los niños puedan cambiar de sexo sin la intervención de sus padres; a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y desde el preescolar les enseñarán a los niños la homosexualidad, transexualidad y actividades sexuales, y como padre de familia no te podrás oponer o serás castigado”. Uno se imagina a los niños cambiándose de sexo cada semana, obligados a una sobremesa sobre cine con gays y, encima, expuestos a la visión de sus propios padres amarrados con cueros negros –con la boca amordazada con una pelotita– por la Secretaría de Educación. Pero si eso no bastara, la página del frente agrega una atrocidad mayor: “Cambiar las leyes de género quiere decir que los hombres puedan entrar al baño de las mujeres y viceversa”. Como país no alcanzamos a imaginar esta nueva situación: el baño mixto en el que se mezclan sin decoro las toallas sanitarias con las braguetas, los retoques de última hora de la coqueta y el metrosexual, el encuentro fortuito entre un mingitorio y una pañalera en el lavabo de un sanitario. El baño mixto, desde su concepción misma, es caótico: si hombres y mujeres se mezclan, pueden decidir que las urgencias del desbeber y descomer se transformen en acuerparse sobre el voluptuoso asiento de un escusado público. Y, no importa de qué “género” sea el baño, el piso siempre está pringado y nunca hay papel. Quizás en ese caos piensa el frente: la unificación de los sexos en contra de los baños pringados y sin papel higiénico podría incluso llegar a la demanda masiva de jabón. Pero no sólo son los baños. Como escribió Fernando Savater: “cuando una causa no tiene suficientes argumentos, salen a relucir los niños”. En una reciente conferencia de prensa, Carlos García Villanueva, un dirigente de este frente, elaboró una teoría más integral (La Jornada de Aguascalientes, 7 de septiembre, 2016): “La ideología de género nos la están imponiendo las grandes corporaciones mundiales: la ONU, el Banco Interamericano, el Banco Mundial, la están imponiendo a México y a otros países; quieren despoblar a los países del tercer mundo para quedarse con las materias primas de los países del tercer mundo (…), no existe riqueza que no sea producida por el hombre, cuando despoblamos a un país, como es lo que se quiere hacer en México, estamos despoblando al país a largo plazo”. La idea de que la ONU es una “corporación” ya es fascinante en sí misma, pero lo es más la continuidad del despoblamiento que empieza y ya es de largo plazo: un matrimonio gay es un despojo de materias primas. En esa misma conferencia, María del Carmen Limón, vocera del frente, abordó el tema educativo así: “Es una educación donde se da por sentado que tu biología no existe, únicamente son tus deseos (Nota de la R: donde todo mundo sabe que el cinturón de castidad viene juntito a la Trompa de Falopio). La familia sufre accidentes, entiéndanlo; ustedes están equivocados tratando de confundir lo que es la familia, la familia es un hombre y una mujer que quisieron tener hijos pero en el caminar pudo haber un divorcio, una madre soltera o lo que sea (Nota de la R: donde el estado civil es inevitablemente un estado de confusión), ustedes están equivocados, la familia es el producto de un hombre y una mujer, a la mujer no la violó una piedra, son accidentes que sufre esta mujer con sus hijos”. Aquí hacemos un silencio y nos llevamos ambos índices a los labios. La piedra que violó a una mujer podría ser el origen de una familia. Pero no fue así, sino que la violó alguien más –un cuervo, quizás– y, entonces, tenemos una familia. Pero habría –reflexionamos– de tener cuidado con las piedras. Quizás su actitud taimada encierra una agresión sexual reprimida, lista para saltar en la oscuridad de una fiesta familiar con mucho Bacardí. Esas piedras. Cuando uno las daba por tan bien portadas. Pero el caso es que si la piedra te viola y resultas embarazada, he ahí el origen de la familia, una institución que el Estado deberá proteger. Se sigue de esta premisa que, entonces, se puede luchar por el matrimonio entre una piedra y una violada. Los gays no tienen derecho porque, como dijo el cardenal José Francisco Robles Ortega, en el comunicado del mismo 18 de mayo firmado por la Conferencia del Episcopado Mexicano, los matrimonios gays son “uniones precarias, cerradas a la comunicación de la vida”. Esto es: que son como vendedores ambulantes de “puesto semifijo”, que sí tienen la ropa, pero no es realmente la de marca. El matrimonio hetero es el del mall y debe ser garantizado por el Estado porque, como ya repasamos, protege las materias primas. Y a las piedras, aunque no estamos seguros de qué se quiso decir trayéndolas a colación. Subyace el tema de “lo natural” que es, básicamente, que se puede desprender una ética de cómo funciona la naturaleza. Y, entonces, no sería reprobable la conducta de los leones con los antílopes en el Serengueti, si la copia –digamos– mi tío. Es “natural”, como el matrimonio entre un varón y una mujer, como se ha visto en tantos documentales del Discovery sobre los diversos estilos de los velos de novia entre los hipopótamos. Y, por lo natural, “la comunicación de la vida” es intocable, aunque piense justo lo contrario mi sobrino, el adolescente. Para ello habría que crear los derechos del espermatozoide y el óvulo a la libre manifestación, libre expresión, derecho de reunión, y que puedan presentar un amparo. Yo creo que la unión del espermatozoide con el óvulo debería poder votar y ser votada si presenta su 3 de 3. No sé, quizás con una mórula en el Senado nos iría un poco mejor. Pero que tenga fuero porque hay gente interesada en vulnerarlo. Empezamos esta sacramental columna diciendo que celebrábamos la creación del Frente Nacional por la Familia que ha convocado a marchas por el matrimonio bendecido por Dios en ciudades como San Francisco del Rincón, Silao, Delicias, Saguayo y Bacalar. Lo hacemos de todo corazón porque no queremos hablar siempre de lo negativo. Las buenas cosas también se casan.

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