Cecilia Lugo, 25 años de Contempodanza

Veinticinco años de trabajo ininterrumpidos celebró Cecilia Lugo el sábado 30 en el Palacio de Bellas Artes. Con su grupo Contempodanza Danza Contemporánea la artista está convencida de que es su mejor momento como artista:
“La ruta creativa que he seguido tiene que ver con mi vida, soy una mujer de retos. Con 25 años del grupo siento que ya no tengo que demostrar que mi trabajo vale la pena.”
Directora también de su propia escuela de danza, la coreógrafa nacida en Tamaulipas ha desarrollado un plan de estudios para formar bailarines de carrera. Y aunque no es un centro de dimensiones grandes, para ella es un “espacio donde se crean sueños y se consolidan diferentes disciplinas relacionadas con el cuerpo”.
Y no sólo eso: la gente que colabora a su lado debe estar totalmente convencida de que quiere trabajar en sus proyectos:

“Si no hay mística no hay proyecto que funcione. Mis bailarines no están conmigo por el dinero, ni tampoco yo. Soy muy crítica con mi trabajo y no creo en los bailarines que saltan de grupo en grupo, los míos tienen conmigo 20, 15 o 12 años, no son aves de paso. Yo hago equipo y eso coincide con lo que yo soy. La estabilidad de una compañía no depende del dinero.”
No obstante, la artista ganadora del premio José Limón que otorga el gobierno de Sinaloa, se siente en un momento difícil:
“A estos 25 años de sostener a mi compañía me ha llegado una gran crisis. Veo un páramo institucional, las instituciones culturales no saben qué es la danza ni les importa. Las escuelas no enseñan, se ha perdido la vocación y la dignidad. Los funcionarios no saben qué es lo que están apoyando. Incluso puedo decirte que yo me he sostenido de becas y apoyos. Mi trabajo no es autosustentable, no es reconocido así y yo no quiero seguir en esa dinámica. Me gustaría que me pagaran por lo que vale realmente mi danza. Vivir dignamente, y cuando llegue el momento poder retirarme tranquila.
“Si no hay un apoyo decidido a la danza todo está perdido para nosotros. Hay ocasiones en que me apena hablar con funcionarios, me descorazona su ignorancia. Debe haber conciencia. En México hay excelentes bailarines y coreógrafos que no tienen futuro porque dependemos de gente improvisada, estamos en manos ineptas.”
A pesar de ello, la coreógrafa apunta que no se deja afectar en lo artístico, “esa es la parte poética de mi vida, cuando creo mis obras estoy en mis espacios de reconciliación, que mantengo a buen resguardo y que no permito que se contaminen. Y claro que me merezco celebrar estos 25 años en Bellas Artes, pero no puedo creer que tengas que concursar mediante una convocatoria para ver si te eligen y bailas ahí.
“Si un grupo tiene un nivel técnico como el mío, si llenas todas tus funciones, si tus bailarines son reconocidos como de los mejores del país y uno gana reconocimientos de forma permanente, es absurdo que concurses. Bueno, todo es tan absurdo que nos redujeron el apoyo del programa México en Escena del Fonca sin ninguna razón. Es el colmo porque me queda claro que los jurados ni siquiera conocen mi trabajo ni están capacitados para valorarlo. Hay grandes y graves injusticias, insisto.”
Lugo se queja además de que no existan foros dónde bailar. O cuando le llegan a llamar y no le quieren pagar. O pretenden que se vaya a la taquilla o le pagan tres o seis meses después y en ocasiones nunca:
“Tenemos obligaciones con el país, hay una deuda con México. Tiene que haber un cambio y hay que hacerlo ya.”

Polifacética

Una de las cualidades más significativas de Cecilia Lugo es que es una coreógrafa –tal vez la única de su generación– que domina todos los géneros del baile. Formada dentro de la ortodoxia del ballet, conoce y domina con la misma eficacia la danza contemporánea, el jazz, el folclor y los bailes populares. Por ello ha permanecido dentro de la primera fuerza de la coreografía nacional, y por ello es de las pocas que pueden jactarse de tener una compañía estable y celebrar 25 años de existencia.
El grupo ha viajado a Alemania para presentarse en el Theater Impfalzbau del reconocido Festival Ludwigshasen en la ciudad del mismo nombre. Pero su experiencia internacional abarca también los principales festivales artísticos de Argentina, Canadá, Chile, España, Estados Unidos y Francia. Cecilia Lugo se dice afortunada de poder mostrar su trabajo en el extranjero, al mismo tiempo que lamenta las pocas oportunidades en el país.
“Pero a pesar de todo no cambio el momento que estoy viviendo por nada. Tengo fotografías en la que me ves bailando de joven con Alicia Alonso y en otras bailando danzón. Estoy en plenitud y sigo siendo rebelde. Sigo siendo la niña que bailaba mambo en la plaza de Ciudad Madero. Hay una parte mía que es absolutamente libre y cachonda e incluso insolente.
“No me reprimo de nada, vivo la vida con voluptuosidad y al mismo tiempo soy amante de mi soledad, mi vida no es la sociedad y me concedo estar sola y en silencio. No me considero frívola y en ocasiones siento que la danza escénica es una oportunidad compartida de vivir en un mundo que a veces parece impenetrable. Y logro salir al foro porque me conozco y sé que me gusta la otra realidad que existe ahí.
“Crear sigue siendo como tirarse de un avión sin paracaídas, trato de no repetirme y eso me lleva a otros universos. Y entre más danza veo más creo en el movimiento. Ya no me dan gato por liebre, porque si no te mueves y no te entrenas y no tienes una verdadera técnica para qué te subes al escenario. Por todo esto sé que mi trabajo tiene un enorme valor y que mis obras tienen un sentido estético importante, y pese a todo seguiré dando la batalla porque soy una guerrera.”

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