Los indignados de Israel

MÉXICO (apro).- Además de su inconformidad por el probable reconocimiento de Palestina como miembro de la Organización de las Naciones Unidas y de su crisis diplomática con Turquía, Israel vuelve a ser noticia por las manifestaciones internas derivadas de la injusticia social.
“La clase media judía no está disfrutando del crecimiento económico y la prosperidad del Estado, así que una parte de la población que trabaja duro, pero no gana lo suficiente para mantener un nivel de vida razonable, sale a las calles”, dice en entrevista con Apro el reconocido historiador israelí Ilan Pappe.
De acuerdo con el Servicio de Investigación de la Federación Americana de Científicos, el año pasado Israel recibió de Estados Unidos un total de 2 mil 800 millones de dólares bajo el concepto de ayuda. Sin embargo, el Reporte de 2010 del Instituto de Seguridad Nacional de Israel reveló que 123 mil israelíes entraron al “círculo de la pobreza” en el último año. En términos porcentuales, 25% de la población es pobre (un millón 774 mil 800 personas).
Además, detalla el reporte, el aumento de las desigualdades hizo que sólo 15% de la población sea parte de la clase media.
“Desde que Israel ingresó a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) tiene la brecha más alta entre ricos y pobres, y toda la economía está dirigida por muy pocas familias ricas” señala Pappe.
En apenas un año de la entrada de Israel a la OCDE, la inflación de los productos básicos alcanzó niveles récord. El requesón, producto de la canasta básica israelí, subió el último año de 45 a 70%, hecho causó una fuerte reacción en redes sociales, que fue llamada “el boicot del requesón”.
En cinco años, el alquiler en la capital, Tel Aviv, aumentó 34% y hoy es una de las ciudades más caras del mundo y con más millonarios per cápita, explica la nota del diario español El País titulada “Los indignados de Israel vuelven a alzarse”, publicada el pasado sábado 3.
Al boicot del requesón se sumaron las protestas de los doctores por mejoras en el sistema de salud y movimientos de ganaderos y jóvenes. El sábado 3 de septiembre, 300 mil personas salieron a las calles y al día siguiente lo hicieron 400 mil, las mayores marchas en la historia de Israel.
La liberalización y privatización de la economía en la década de los ochenta, dice el artículo de El País, además de las medidas proteccionistas han traído una inflación de 500% en los últimos años con otras consecuencias, como la caída del poder sindical, la desaparición de las cooperativas y la concentración de la riqueza.
Ilan Pappe considera que las protestas están motivadas no sólo por la situación económica, sino por la diferencia que existe entre la población en general y la cúpula de políticos y empresarios que se pavonean en los medios de comunicación.
Los millonarios israelíes, cuyo número y riqueza creció 20.6% en 2010, controlan la navegación, los químicos, la minería y el recientemente encontrado gas natural, detalla el artículo “10, 153 millonarios israelíes”, publicado el pasado 22 de junio por el periódico financiero Israelí Globes.
Los más importantes son la familia de Sammy Offer (quien murió en junio); el minero Beny Steinmetz; Shari Arison, la mujer más rica del Medio Oriente, y Yitzhak Tshuva, cuyo hijo celebró en marzo su boda. El evento, que costó 7 millones de shekel y al que acudieron los políticos israelíes, entre ellos el presidente Simon Peres, para tomarse la foto, indignó a toda la sociedad israelí.
La desconfianza en contra de los magnates israelíes se extiende a la animadversión por los políticos. La popularidad del primer ministro, el conservador Benjamín Netanyahu, cayó drásticamente desde su visita a Estados Unidos, en marzo pasado. Las últimas encuestas de julio lo señalan con menos de 35% de aprobación, y la tendencia va a la baja.
Entrevistado por Apro, el escritor joven más importante de Israel, Etgar Keret, habla sobre la relación entre los políticos y las personas de su país:
“(Israel) es un país con un fuerte distanciamiento entre la gente y sus representantes electos. El sistema político es corrupto y cruel. Está desconectado de la gente y de sus deseos”.
Y denuncia: “El paradigma en común aquí es que sólo corruptos y poco talentosos individuos entran a la política. Esto muestra la amplia crisis de liderazgo en la que este país se ha metido desde el asesinato de (Isaac) Rabin en 1995”.
En los cuentos de Keret, editado en México por Sexto Piso, se funde la realidad y la ficción como en las historias de su admirado Julio Cortázar. Pero sus obras también muestran la confusión entre violencia e injusticia de la sociedad israelí.
Keret es crítico de los asentamientos israelíes en Cisjordania. Explica además que su país se encuentra en las manos de intereses: “La injusticia social comienza con la ocupación, pero continúa con una realidad en la que los grupos de presión como los colonos, los ultra ortodoxos y los magnates manipulan al gobierno para apoyar sus intereses y no los de la nación”.
El prestigioso escritor israelí Amos Oz escribió un artículo en el diario israelí Hareetz donde denuncia el mal destino de los impuestos de los israelíes:
Escribió: “…En primer lugar, están los miles de millones que Israel ha invertido en los asentamientos, que son el error más grande cometido en la historia del Estado, así como su mayor injusticia. En segundo lugar, las sumas gigantescas canalizadas hacia las yeshivot (escuelas) ultra-ortodoxas, donde crecen generaciones de vagos ignorantes, llenos de desprecio hacia el Estado, a su gente y a la realidad del siglo XXI.
“Y en tercer lugar, y quizás la más importante, el ferviente apoyo del gobierno de Netanyahu y sus antecesores a favor del irrefrenable enriquecimiento de diversos magnates y sus compinches, a expensas de la clase media y los pobres”.
Oz menciona que su país nunca fue un estado igualitario, pero antes había solidaridad en las cooperativas o kibutz, educación pública y vivienda. Sin embargo, dice el escritor, desde hace 30 años el bienestar ha sido desmantelado en nombre de lo que llama “el gran capital”.
A pesar de ello, Oz es optimista: “Resulta profundamente conmovedor ver a los veteranos de todas las generaciones, que durante años fueron una voz clamando en el desierto, pasar el tiempo en las carpas de los jóvenes, que sabiamente están liderando la novedosa protesta.
“La gente como yo, que ha protestado durante muchos años contra la política de los gobiernos de Israel, abraza a esta nueva generación, que sobrepasa a las anteriores, con afecto y admiración”.

El asunto palestino

“Sólo hay movilizaciones populares en Israel, todavía no en Palestina. Las movilizaciones de los judíos no están tocando el tema de la ocupación de Palestina”, dice Ilan Pappe. “Este es el aspecto más decepcionante. Para mantener el movimiento de protesta amplio, la ocupación no está siendo mencionada”.
Explica: “Estas son marchas puramente judías, tienen apoyo de las clases medias, de algunos ciudadanos palestinos en Israel que viven las mismas dificultades, pero su propósito no está relacionado con las brutales políticas israelíes en los territorios ocupados”.
Por su parte, el escritor Etgar Keret, quien ha tomado parte en las protestas, opina distinto: “Muchos de ellos lo están haciendo (tomando el tema de la ocupación en Palestina), pero en una protesta desorganizada y anárquica como esta, hay una matrimonio de consignas abstractas detrás, en las que todos los manifestantes se ponen de acuerdo, y detrás de ellas hay muchos mensajes locales que pequeños grupos demandan”.
Las protestas de Israel, detalla el escritor, son en mayor parte de la gente de clase media. Pero la protesta no está cerrada a otros temas: “Muchos de los manifestantes demandan considerar las necesidades de otros sectores como los pensionados, los árabe-israelíes y no sólo de ellos”.
Además, Keret cree que los levantamientos populares de los vecinos árabes inspiraron a muchos de los manifestantes de Israel, aunque su situación es diferente, ya que los “indignados israelíes” protestas contra un gobierno electo.
Las protestas en Israel “no llaman al cambio de régimen, son protestas que no tiene riesgos para los manifestantes por parte de las fuerzas armadas y la policía, esto es porque son judíos y no árabes”, agrega Pappe. “Tienen más en común con los manifestantes en España, donde la confianza de la clase media y los jóvenes en los sistemas capitalistas se ha colapsado totalmente”.
Al preguntarle sobre el futuro de las protestas, y especialmente sobre la reacción del gobierno, Pappe es escéptico: “El gobierno de Netanyahu hará muy poco en término de políticas y buscará alguna crisis externa, quizás una guerra para distraer la atención, en caso de que las protestas sobrevivan y se expandan”.
Los campamentos todavía permanecen en Tel Aviv. De acuerdo con la nota “12 activistas arrestados por robar luz”, publicada el 19 de septiembre por el periódico israelí Hareetz, el gobierno planea levantar los campamentos.
Según esta nota, los manifestantes están preocupados por las crecientes medidas de seguridad que el gobierno israelí puede tomar a raíz del intento palestino de obtener reconocimiento como Estado miembro de Naciones Unidas, medidas que también pueden ser usadas contra los propios indignados judíos. Además, se encuentran todavía definiendo un programa, un cúmulo de puntos en común.
Para Keret, el destino de la protesta es incierto, y hay que esperar para ver sus resultados.
“Creo que este tipo de protestas tienen un efecto a largo plazo. Los estudiantes jóvenes que protestan en las calles se convierten luego en abogados, en doctores y economistas cuando crecen y cambian la naturaleza del discurso del país y el compromiso del gobierno”.
Y advierte: “Estos cambios pueden ser graduales y no dar la victoria heroica que la gente y especialmente los medios de comunicación piden. Pero son de gran importancia para la sociedad”.

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