Argentina: Cristina y Moyano, un pleito abierto

ROSARIO (apro).- El secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), Hugo Moyano, se pasó a las filas de la oposición. Lo hizo a través de dos huelgas y de una concentración en la Plaza de Mayo. Ante la primera de las huelgas, que tuvo al país al borde de la parálisis, el gobierno respondió con una denuncia penal contra el sindicalista. La confrontación abre una grieta, por ahora impredecible, en la base de apoyo al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Hugo Moyano, líder histórico del Sindicato de Camioneros, supo ser un firme aliado tanto de la presidenta Fernández como de su antecesor Néstor Kirchner. Nunca resignó, sin embargo, su pretensión de convertirse en el “Lula argentino”. Los grandes medios, que siempre caracterizaron a Moyano como fiel exponente de una burocracia sindical corrupta y violenta, de pronto le abrieron sus puertas, no para darle alas a su intento presidencialista, sino para mellar el poder de Cristina.

“La presidenta cree que porque sacó 54% de los votos puede hacer lo que quiera”, dijo Moyano el pasado 21 de junio. Ese día, su gremio de camioneros transportistas llevó a cabo la primera de las huelgas. Reclamaba un aumento salarial del 30%, a fin de adecuar el salario real a la inflación estimada para 2012 por algunas consultoras privadas. También reclamaba elevar las asignaciones familiares y el nivel de ingresos a partir del cual un trabajador debe pagar impuesto a las ganancias.

La huelga de 72 horas de los camioneros comenzó a primera hora del 21 de junio. La paralización total del transporte de alimentos, insumos y mercaderías se combinó por la mañana con un bloqueo sorpresivo a las refinerías de petróleo. El miedo al desabastecimiento generó zozobra. Los cajeros automáticos del país se quedaron sin efectivo en cuestión de horas. El 80% de las gasolineras ya no tenía combustible al caer la tarde.

La presidenta anticipó su regreso de la Cumbre de Desarrollo Sustentable en Río de Janeiro. El gobierno anunció una multa de 4 millones de pesos (900 mil dólares) contra el sindicato de transportistas. Presentó una denuncia penal contra Hugo Moyano y su hijo Pablo, secretario adjunto del gremio, responsabilizándolos por la situación de caos generada.

El ministro de Planificación, Julio De Vido, denunció que la patronal de los transportes apoyaba la huelga. Amenazó con revisar los contratos que vinculan al sector con el Estado.

Como por arte de magia, un par de horas más tarde, Luis Morales, presidente de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (Fadeeac) y Hugo Moyano, en sendas conferencias de prensa, anunciaron un sorpresivo acuerdo del 25.5% de aumento salarial. Moyano ordenó el desbloqueo de las refinerías. Pero llamó a un paro nacional para el 27 de junio, esta vez de la CGT, con movilización a Plaza de Mayo.

Los sindicatos peronistas suelen dedicar este tipo de medida de fuerza a mandatarios de filiación política adversa.
La Plaza de Mayo es el lugar fundacional de dicho movimiento político. El 17 de octubre de 1945, una multitud de trabajadores colmó el centro neurálgico del poder en Argentina. Exigieron y lograron la libertad de Juan Domingo Perón, detenido por los sectores cívico-militares que temían su imparable ascenso. El 27 de junio, el kirchnerismo enfrentó por primera vez, en Plaza de Mayo, una protesta multitudinaria de trabajadores en su contra.

“No nos gusta la forma de imposición que tienen, nos molesta que quieran hacer todo sin consultar con nadie”, dijo Moyano frente a unas 70 mil personas. Allí estaban los 40 sindicatos que lo apoyaron. También algunas organizaciones sociales y grupos de izquierda.

Pero Moyano se topó con los límites que la realidad le impone a su sueño de querer ser un nuevo “Lula”. No logró trascender la convocatoria gremial para volverla política. No sedujo a los sectores independientes disconformes con Cristina. Y, por sobre todo, los “gordos” le dieron la espalda.

Los “gordos” constituyen el sector pesado del sindicalismo argentino. Son líderes que, como Moyano, llevan más de 20 años al frente de sus sindicatos. Algunos de ellos son Oscar Lescano (Luz y Fuerza), Armando Cavallieri (Comercio); Carlos West Ocampo (Sanidad), Rodolfo Daer (Alimentación) y Gerardo Martínez (Construcción).

Los “gordos” acusaron a Moyano de privilegiar fines personalistas, de cara a la renovación de autoridades que se llevará a cabo en la CGT el 12 de julio. Su reelección al frente de la CGT quedó así severamente cuestionada.

Sólo uno de los “gordos” apoyó a Moyano. Se trata del líder del sector de la gastronomía: Luis Barrionuevo, quien en los noventa acuñó una propuesta memorable: “Tenemos que tratar de no robar, por lo menos dos años”. Gobernaba por entonces el neoliberal Carlos Menem.

Moyano fue el único de los sindicalistas históricos que, a contramano del resto de los “gordos”, se opuso al desmantelamiento del Estado llevado a cabo en esa década. A partir de 2003, Néstor Kirchner y Moyano se aliaron manteniendo cada cual su proyecto. El jefe de la CGT consiguió que hasta el día de hoy se le retacee la personería (restringir la personalidad jurídica) a la otra organización nacional de trabajadores, la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Cristina suma con Moyano un enemigo declarado de esos que ningún presidente desea tener.

Golpear para negociar

Hugo Moyano tiene 68 años, siete hijos y una trayectoria de casi medio siglo como sindicalista. Comenzó a manejar un camión de transportes a los 17 años. Un año más tarde, fue elegido delegado gremial por primera vez. En 1972, con 28 años, ocupaba la Secretaria General del Sindicato de Choferes de Camiones de la ciudad de Mar del Plata.

La Resistencia Peronista tuvo lugar en los 18 años que Juan Domingo Perón vivió en el exilio. Entre 1955 a 1973, sus seguidores lucharon para levantar la proscripción que pesaba sobre el partido y traer al viejo líder de regreso a Argentina. La vida política de Moyano creció a la luz de la violenta lucha que involucró a los dos sectores que se disputaron la bendición de Perón, y el consecuente dominio del movimiento de masas.

El peronismo ortodoxo creía en el mejoramiento de las condiciones de vida a través de la “concertación de clases”, tal como había obrado Perón hasta su derrocamiento. El peronismo revolucionario, influenciado por la Teología de la Liberación y la Revolución Cubana, creía ver en Perón a un rojo agazapado, que durante el exilio había amalgamado una doctrina superadora del capitalismo. Los dos sectores lucharon a sangre y fuego para que a su llegada el líder los nombrara sus herederos.

Moyano perteneció desde joven al primer sector. Néstor Kirchner y Cristina Fernández, al segundo. A partir de 1971, Moyano dirigió junto con Miguel Landín la Juventud Sindical Peronista (JSP) de Mar del Plata. La televisión pública mostró repetidamente, en estos días de conflicto con el líder sindical, un artículo del diario La Capital, de Mar del Plata, del 12 de setiembre de 1974: “La JSP se abocará a la identificación y captura de los montoneros”, era el título. A la derecha hay una foto del inconfundible Hugo Moyano.

En 1981, en plena dictadura militar, Moyano asumió la secretaría general de la CGT de Mar del Plata. Tras el advenimiento de la democracia en Argentina (1983), dirigió el Partido Justicialista local y fue diputado provincial. Estuvo 20 años al frente del Sindicato de Choferes de Camiones de la provincia de Buenos Aires. Presidió las federaciones de camioneros del Mercosur y de América Latina y el Caribe. En 2003, Kirchner le devolvió a la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte la personalidad jurídica que la dictadura militar le había quitado. Moyano dirige desde entonces el gremio. En 2004 fue elegido secretario general de dicha organización.

Moyano heredó de su padre el gusto por la lucha sindical y de su madre, la religión evangelista. Ama el boxeo y los buenos asados. Se le describe como “intempestivo, rebelde, irritable, de léxico limitado pero marcada inteligencia, despiadado con sus adversarios, ‘el Negro’, como lo llaman los compañeros que lo siguen, es ‘un duro’”, según publicó el diario La Nación, el 16 de octubre de 2005.

Dicho artículo ubica a Moyano en la línea sindical de Augusto Timoteo Vandor, el líder metalúrgico de los sesenta: “La mejor defensa es estar en una permanente actitud firme y generando resultados permanentes: aumentos salariales, condiciones de trabajo, eso es lo prioritario”, cita el diario a un analista laboral, cuyo nombre no menciona.

Moyano practica una máxima de aquel líder metalúrgico: “Golpear para negociar”. De esta forma consiguió disputarle a Cristina el protagonismo que ostenta. Y generar agenda política en un país en el que la oposición, a falta de figuras de fuste, se ejerce desde los grandes medios.

Causas

“A las únicas dos personas que les temo es a Magnetto y a Moyano”, dicen que dijo Néstor Kirchner al enterarse que sería presidente, el 13 de mayo de 2003, día en que Carlos Menem anunció que no se presentaría a la segunda vuelta.

Héctor Magnetto es el director ejecutivo del Grupo Clarín, el más influyente consorcio de medios de Argentina. La buena relación acuñada por Kirchner con el grupo estalló en 2008, a pocos meses de asumir Cristina su primera presidencia. El gobierno intentó elevar las retenciones que pagan los productores agropecuarios. El Grupo Clarín usó su enorme poder de difusión para apoyar la enconada rebelión del “campo”. Cristina calificó el accionar de los grandes productores y los medios corporativos como “destituyente” (sic). Desde entonces, la relación entre el gobierno y Clarín es de confrontación abierta.

Kirchner entendió desde un primer momento que un acuerdo con Moyano era esencial para su estabilidad política. El gremio de transportistas es el sector más fuerte dentro del sindicalismo argentino. Con el apoyo de Moyano, y el de los “gordos” de la CGT, Kirchner creó el Consejo del Salario Mínimo, dio aumentos en las asignaciones familiares, otorgó incrementos a empleados privados y estatales.

La alianza prosiguió con Cristina. “Hugo Moyano ha recuperado lo que ha sido la raíz de la construcción sindical en la República Argentina y el movimiento sindical más importante de toda América Latina”, elogió la presidenta en 2009.
“Si queremos seguir avanzando y ser respetados, como corresponde, los trabajadores apoyemos con toda nuestra fuerza a Cristina, porque es la única garantía que nos va a permitir lograr este objetivo”, dijo Moyano en 2010.

Moyano ha sostenido que el movimiento obrero “sufrió un desplazamiento” tras la muerte de Kirchner en octubre de 2010. En diciembre de 2011, al asumir su segundo mandato con 54% de los votos, Cristina mandó una clara señal al sector sindical: “Hay derecho de huelga, no de extorsión y chantaje”, sostuvo.

“No somos chantajistas ni extorsionadores”, le contestó días más tarde Moyano.

El cruce verbal anunciaba todo lo que se vio la semana pasada.

“Moyano teme ir preso. Tiene seis expedientes abiertos y teme que la puja política genere efectos en tribunales.”, publicó La Nación el pasado 25 de junio. Se le investiga por la probable extorsión a funcionarios públicos, por cobrar tasas e impuestos de manera irregular en el puerto, por compras de medicamentos para la obra social, por lavado de dinero en Suiza.

Moyano sabe mejor que nadie que la impunidad de los “gordos” del sindicalismo tuvo algunas fisuras en los últimos años. Juan José Zanola, del gremio bancario, y José Pedraza, de los ferroviarios, terminaron en la cárcel.

Clarín y La Nación publicaron en los últimos años cada una de las sospechas que pesaban contra el Moyano kirchnerista. En noviembre de 2009, los camioneros de Moyano bloquearon las imprentas y distribuidoras de ambos diarios. En su actual enfrentamiento con el gobierno, los dos grandes multimedios brindan al sindicalista un trato privilegiado, cuya duración es difícil de predecir en este juego circunstancial de alianzas y ataques.

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