La polémica García Cantú-Del Paso sobre el códice Tonamátl-Aubin

MÉXICO, D.F. (apro).- La subasta de arte precolombino de la colección Barbier-Mueller que se realizó el pasado 22 y 23 de marzo en la casa de subastas Sotheb’ys Francia en París (Proceso, 1900), marcó un nuevo record en venta de piezas de este tipo.

Asimismo, puso en evidencia la desprotección en la que se encuentra el patrimonio arqueológico en México, y devolvió a la luz pública la polémica que se dio entre Francia y México durante nueve años a partir de que en junio de 1982 el abogado José Luis Castañeda del Valle “extrajera” –según los mexicanos– o “robara” –según los franceses– el notable códice Tonalámatl-Aubin de la Biblioteca Nacional de Francia.

Enrique Mueller del diario El País, de España, escribió:

“Las autoridades mexicanas han decidido por orden de la Procuraduría General de la República, dejar en libertad bajo reserva al abogado de 36 años José Luis Castañeda, autor confeso del robo del Códice Tonalámatl-Aubin. Esta reliquia mexicana se encontraba en la Biblioteca Nacional de París. ‘No existe documentación probatoria del delito’, dice la Procuraduría. Además, el códice pertenece a México, de donde fue sustraído ilegalmente.

“La Prensa Mexicana trató al ladrón casi como un héroe nacional. Los periódicos alabaron su acción ‘altamente nacionalista’, y la televisión le dio las gracias por el robo. Sin embargo, para el gobierno francés, el hecho sigue siendo un simple y vulgar robo que debe de ser castigado.”

El suceso causó un daño enorme a las relaciones Francia-México, incluyendo cancelaciones de becas, enfriamiento de relaciones diplomáticas y hasta la prohibición por parte de su director de que algún mexicano cruzara siquiera el umbral de la puerta de la Biblioteca Nacional de Francia. Y no fue hasta que en 1991 se llegó a un “arreglo técnico” más que legal, por el cual ambos países reanudaron programas de intercambio y cooperación.

Bronca intelectual

En 1993, el escritor Fernando Del Paso enfrentó a Gastón García Cantú (Proceso, 865) sobre el tema del códice a propósito del proyecto de construcción de una galería mexicana en el Museo Británico:

“La insistencia de Gastón García Cantú en ‘calificar’ como una violación de las normas protectoras sobre ‘la propiedad nacional de las obras prehispánicas’ y de lo que denominó como ‘la controversia nacional por el destino del Códice Aubin’ me han obligado a escribir estas líneas. No tanto en defensa del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, como en defensa de la cordura y la lógica: los aludes de rabia del señor García Cantú no parecen obedecer al temor de que, en efecto, pese sobre nosotros el obscuro deseo de destruir el pasado sino al miedo de que sea el suyo, su pasado, y su débil huella por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), los que queden borrados para siempre.”

Enseguida el autor de Noticias del Imperio y exconsejero cultural de la Embajada de México en Francia, señaló:

“Se pregunta el señor García Cantú ‘¿por qué destino de colonizados nuestros mejores hombres deben de estudiar en las bibliotecas del saqueo, en los museos extranjeros, el pasado de su patria?’. Y agrega: ‘¿quiénes pueden enorgullecerse de semejante indignidad?’.

“En primer lugar, el destino no es tan obscuro sino que está muy claro, ya que la pregunta de García Cantú contiene su propia respuesta: fuimos colonizados y, por lo mismo, víctimas como tantos otros pueblos, de un saqueo implacable.”

Y lo remitía a distintos museos y bibliotecas europeas si se querían consultar códices mexicanos, “de modo que, si queremos ver el Códice Dresde, tenemos que ir a la Sachsische Landes Bibliotek de Dresde, en Alemania”, etc.

“Y nadie, nadie señor García Cantú se enorgullece de esto, y usted lo sabe muy bien, lo que pasa es que su pregunta sugiere –y por eso la hace usted– que sí hay alguien que se enorgullece de ello. ¿Quién? ¿Quiénes?”.

Del Paso explicó entonces que debido al cargo que ocupó en la Embajada fue responsable de elaborar el informe completo sobre el códice:

“Varios fueron sus dueños: formó parte de la colección de Lorenzo Boturini y pasó después a manos del Convento de San Francisco, siendo vendido a un tal conde de Waldeck, quien a su vez lo vendió al investigador francés Joseph Marius Alexis Aubin, que se lo llevó consigo ilegalmente a Francia en 1840. Arruinado Aubin vendió el códice y otros documentos de su colección –462 en total– a Eugene Goupil, anticuario nacido en México de padre francés y madre mexicana, que en su testamento legó la colección conocida desde entonces como Aubin-Goupil a la Biblioteca Nacional de París, la cual en términos del derecho, pasó a ser un ‘tercer adquiriente de buena fe’.”

En su versión, Del Paso apuntó que el 23 de abril 1898 el presidente de Francia, Félix Fauré, emitió un decreto para establecer que la colección no sería nunca obsequiada o vendida en parte ni en su totalidad. En 1982 José Castañeda del Valle extrajo el Códice Aubin y dos meses después fue localizado en Cancún, Quintana Roo, México.

Castañeda, por su parte, dijo “haber recuperado un bien inalienable del patrimonio nacional’ y añadió que ‘se esforzaría en recuperar otros documentos prehispánicos que se encuentran en museos europeos”.

La glorificación inmediata del hecho que hicieron tanto la prensa como la televisión mexicanas impidió que la opinión pública tuviera en cuenta que:

“Si Castañeda del Valle decía la verdad, no hubiera esperado dos meses a que la policía lo descubriera para entregar a México el códice; que ni el gobierno mexicano ni México como nación podían dar el espaldarazo a un acto que, de acuerdo con los términos del derecho internacional vigentes en tratados suscritos por nuestro país, constituía un delito calificado; que menos podía México dar su bendición a Castañeda u otros ‘investigadores’ para recorrer los museos del mundo y perpetrar el robo de cuanto objeto de arte, antigüedad o documento prehispánico tuvieran conocimiento.

“Un sólo robo más, o únicamente un intento más, nos hubiera cerrado las puertas de todos los museos y bibliotecas de Europa y los Estados Unidos. Por último, que un país que considerara este método como un medio legítimo de reapropiación de sus bienes culturales tendría que estar dispuesto a admitir que los otros países ejercieran el mismo derecho. Así México no podría protestar si un investigador español, en nombre de la recuperación del patrimonio cultural de su país, se robara alguna o algunas muy valiosas piezas de arte español que forman parte del museo Franz Mayer.”

Protesta

Las versiones del “robo” del Códice Tonalámatl-Aubin son múltiples y se han modificado en el transcurso del tiempo. Según los franceses, José Castañeda del Valle lo metió entre sus ropas y huyó fácilmente entregando las cajas con los códices que había revisado –la del Tonamatl-Aubin vacía–. Para ello se había granjeado la confianza de la bibliotecaria y del personal haciéndose pasar por un investigador. Posteriormente trató de vender el códice en Nueva York.

En las versiones de México se dijo que desde el inicio Castañeda del Valle había iniciado todo un movimiento para repatriar los bienes culturales de México en el extranjero. Se enfatizó que llegó a la Biblioteca y exigió como mexicano que lo dejaran ver los códices mexicanos y hasta en algunos casos se publicó que el abogado iba vestido con un sarape y que fue debajo de éste que se escondió el códice. Envalentonado llegó a señalar que José López Portillo lo protegía.

A unas cuantas semanas de que Del Paso publicara su artículo, Castañeda del Valle envió una carta formal a Proceso (No. 869) en la que señaló:

“Del Paso me imputa un delito, que considero nunca fue cometido, ya que, ningún tribunal ha dictado sentencia conforme a derecho en el que se me haya declarado culpable del bien inmueble denominado Códice Tonalámatl, de México. Como me imputa dicho delito varias veces en el artículo de referencia, debe considerarse que, presuntivamente, Del Paso incurrió en una conducta que puede llegar a tipificar los delitos de difamación y/o calumnia, por lo que me reservo los derechos que la ley me otorga para hacerlos valer por la vía judicial, que al caso corresponda.

“Según la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que aparece en los manifiestos publicados en Francia en 1789 y que posteriormente han sido aprobados por las naciones del mundo el privar a cualquier ciudadano del derecho que tiene de estudiar e investigar y analizar el acervo cultural que le han legado sus ancestros, trae como consecuencia la violación de sus derechos humanos. Los facsímiles no tienen el mismo valor que los originales, ya que, incluso los colores con que fueron pintados los Libros Sagrados denominados ‘Tonalámatl’, se refieren a un planeta específico, esto lo afirman varios tratadistas europeos, entre ellos Forsteman. Los originales deben de estar en México por ser producto del esfuerzo intelectual y de la inventiva de los antiguos mexicatl!”

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