Perú: Los corredores de los Andes

LIMA (apro).- “Al día siguiente desperté y creí que todo había sido un sueño. Pero no, había ganado la maratón de la Ciudad de México. Había vencido a los kenianos, a los africanos que durante 11 años se llevaron el primer puesto. Me dije: ‘Gané’ y suspiré de alivio”, dice la peruana Gladys Tejeda Pucuhuaranga, la triunfadora de la carrera.

Su compatriota, Raúl Pacheco Mendoza, también sobrepasó a los africanos.

“Sabía que los kenianos eran los dueños de la competencia. Me daban un poco de miedo, para qué voy a mentir. Pero nosotros tenemos más experiencia en carreras de fondo a gran altura. Confiamos en eso y ganamos”, declara Pacheco.

Tejeda y Pacheco son peruanos nacidos en Huancayo, la más importante localidad de los Andes centrales. Huancayo está ubicado a 3 mil 271 metros sobre el nivel del mar y a esa altura han entrenado toda la vida. Esa ventaja les permitió superar a los africanos que desde el 2002 no soltaban el primer puesto de la Maratón Ciudad de México.

Pacheco llegó prácticamente solo a la meta, con una marca de 2 horas 16 minutos 56 segundos, delante de los kenianos Simon Kariuki Njoroge y Rodgers Ondati Gesabwa.

Tejeda marcó 2 horas 37 minutos 34 segundos. Relegó a la etíope Demise Misker Mekonen y a la keniana Ogla Jerono Kimaiyo.

Para Gladys Tejeda, probablemente tener como entrenador al keniano Michael Lekura Koipat contribuyó mucho en conocer la mentalidad, los trucos, las debilidades de los corredores africanos a los que tuvo que enfrentar. Koipat adiestra a Tejeda hace tres años.

“No sólo se trata de disciplina, de sacrificado entrenamiento y de gran experiencia. También se trata de determinación”, afirma Koipat: “Ellos compitieron en un terreno que sabían perfectamente que dominaban los africanos. Considero que pronto darán que hablar en las próximas Olimpiadas. Se lo merecen”.

Pacheco y Tejeda son de cuna muy humilde.

A Pacheco, de 34 años, lo llaman El Chasqui Huanca. Chasqui era el nombre del correo personal del Inca que corría grandes trayectos para llevarle los mensajes secretos al emperador. La población huanca es guerrera y tenaz. Pacheco no nació en un palacio sino en una casa de adobe en Chilca, un poblado en las afueras de Huancayo, la capital de la región Junín. Es el tercero de ocho hermanos.

“Mi padre es albañil. Jamás se imaginó que uno de sus hijos aparecería en los periódicos. Mi padre y mi madre hablan quechua, la lengua de los antiguos peruanos. Yo no hablo pero entiendo. Cuando vieron mi foto en los diarios, con una medalla en el cuello, todos lloramos de alegría. Fueron muchos años de privaciones, sacrificios y sinsabores. Eso nunca se olvida, aunque tengas mucho dinero. Cada vez que regreso a la casa de mis padres, recuerdo de dónde vengo”, relata Pacheco, nacido el 26 de abril de 1979.

A Tejeda, de 27 años, sus paisanos la llaman “La locomotora de los Andes”. Sus padres también son quechuahablantes.  El quechua lo hablan en el Perú los más pobres de los pobres y está en proceso de extinción. En el Congreso peruano, en un  intento por evitar la desaparición definitiva, han propuesto la obligatoriedad de la enseñanza.

Gladys tiene cinco hermanos. De niña, pastoreaba ovejas. Cuando se escapaba alguno de los animales, corría para rescatarla. Así empezó a desandar grandes distancias en las alturas de los Andes. La muerte de su padre Alejandro, la doblegó.

 

La humildad de origen

“Quise dejarlo todo, el deporte, mi casa, mis amigos, todo. Mi madre Marcelina fue la que me sacó del hoyo. Ella me dio fuerzas. Me convenció de que siguiera corriendo, que volviera a entrenar. No había dinero. Una vez el premio de una carrera era una cocina muy grande. Quedé segunda. Yo le dije a mi mamá: ‘Perdóname por haber perdido, nos quedamos sin la cocina que tanto querías’. Ella me dijo: ‘No importa. No dejes de correr. Ya llegarás al primer lugar’. Así ha sido. A veces ganaba, a veces perdía, pero mi madre siempre tenía un plato de comida para mí. Ella es mi apoyo incondicional”, relata Gladys Tejeda. Ella nació el 30 de septiembre de 1985.

Desde adolescente se ha acostumbrado a correr. Entre las 5 y 5:30 de la mañana, cuando el viento helado recorre afilado por las alturas de Junín, Gladys Tejeda sale religiosamente a entrenar. Luego desayuna y se dirige a la escuela donde dicta clases a los niños. Ella podría elegir vivir en la capital, en Lima, pero prefiere continuar en su pueblo, rodeado de los familiares y amigos. Nunca olvida su origen.

“Cómo voy a olvidar las calles de Huancayo donde empecé a correr. Recuerdo que una vez quedé segunda en una competencia importante. No perdí porque la primera era mejor que yo. Perdí porque no tenía zapatillas”, rememora la fondista.

Los triunfos de Raúl Pacheco y Gladys Tejeda estimularon a las autoridades deportivas a construir un Centro de Alto Rendimiento en Huancayo porque la región andina se había convertido en un verdadero semillero de atletas de largas distancias.

“Empecé a correr en Huancayo hace más de diez años cuando había escaso apoyo para el deporte. Nuestra generación demostró que así como en Kenia y Etiopía, había en Huancayo deportistas capaces de triunfar en las más importantes competencias del mundo. Mis compañeros y yo lo hemos demostrado. Lo sucedido en México es una evidencia de lo que digo. Desplazamos a los africanos. Fíjese que cuando llegué a la meta, creyeron que yo era mexicano. No podían creer que era peruano. Estaban acostumbrados a que ganaran los africanos o algún deportista local”, explica Raúl Pacheco, casado, padre de un niño de dos años y profesor de Educación Física.

El 19 de noviembre del 2012, las autoridades del Instituto Peruano del Deporte (IPD) presentaron al director del Programa Maratonistas 2012-2016, el mexicano Rodolfo Gómez Orozco. Su tarea es seleccionar y entrenar a atletas de las localidades andinas de Huancayo, Arequipa, Cerro de Pasco, Huancavelica, Huaraz, Cusco y Puno para que participen en competencias internacionales. Gómez, ganador de las maratones de Tokio (1981), Atenas (1982), Pittsburgh (1984) y Ciudad de México (1987), entre otras, se ha propuesto que los peruanos ganen medallas olímpicas.

Al comentar el doble triunfo de los peruanos Raúl Pacheco y Gladys Tejeda en México, Rodolfo Gómez dijo: “Ahora podemos soñar con alguna medalla olímpica en Río 2016”, dijo el mexicano en conferencia de prensa.

Para cumplir con su tarea, Gómez se ha instalado en Huancayo, de donde sale la mayoría de maratonistas.

En las olimpiadas de Londres 2012, Raúl Pacheco quedó en el puesto 21, de un total de 88 que llegaron a la meta. Espera mejorar para Río 2016. “Al llegar a la meta en Londres me sentí como si hubiera ganado la medalla de oro. Fue para mi una extraordinaria experiencia. Ahora mi mente, espíritu y cuerpo están concentrados en la próxima olimpiada. Justamente el programa del profesor Rodolfo Gómez tiene ese objetivo. Venceremos”, dice Pacheco.

En Londres, Gladys Tejeda se ubicó en el puesto 43, sin embargo fue la segunda mejor latinoamericana y superó a dos rivales que la vencieron en los Panamericanos de Guadalajara, la brasileña Adriana Da Silva y la mexicana Madai Pérez.

“Desfilé vestida con un traje típico huancaíno y llevé a mi madre Marcelina a Londres. La competencia fue muy dura, no gané la medalla de oro, pero obtuve una significativa experiencia”, comenta Tejeda.

En Londres se produjo un incidente. Tejeda acusó de maltratos a su entrenador, el surcoreano Pedro Kim. Al final las autoridades decidieron licenciar a Kim. Tejeda entonces eligió como entrenador al asistente del asiático, el keniano Michael Lekura Koipat.

 

La mano mexicana

“Pacheco y Tejeda consiguieron el triunfo en Ciudad de México en gran medida porque son parte del Programa Maratonistas 2012-2016. Yo también creo que cumplirán un gran papel en Río 2016. En eso estamos trabajando”, afirma el entrenador de Tejeda, el keniano Michael Lekura Koipat.

Koipat recuerda que Gladys Tejeda se había preparado para competir en el mundial de atletismo de Moscú, pero una hemorragia nasal le impidió participar.

“Me costó mucho aceptar que no podía viajar para competir. Sin embargo, me enfoqué en la siguiente competencia, en Ciudad de México. Me propuse ganar y lo hice. Fue un alivio porque significaba que me encuentro en buena forma. Ahora vienen los Juegos Boliviarianos, en Perú. Ya me estoy entrenado para ganar la medalla de oro”, dice Tejeda.

Ella es pequeña, de un metro y 52 centímetros, y es muy delgada. Pesa 47 kilos. Habla muy despacio y es un notorio su modo de hablar andino.

Pacheco también es de hablar muy sencillo, con el dejo huancaíno. Es un poco más alto. Mide 1 metro 64 centímetros.

En Perú, pierda, gane o empate, la selección nacional de fútbol recibe la atención de toda la prensa. Cuando llegaron de México, solo algunos reporteros esperaban a Pacheco y Tejeda.

“El atletismo todavía sigue siendo la Cenicienta en nuestro país”, dice con cierta resignación Pacheco.

“Lo bueno es que deportistas de otras regiones andinas han comenzado a prepararse, queriendo imitarnos. Eso es importante para nosotros. Perú ya comenzó a dar que hablar en el mundo deportivo. En México, le ganamos a los africanos, algo que no sucedía hace décadas”, declara Gladys Tejeda.

Pacheco y Tejeda no son los primeros ni solitarios huancaínos en carrera.

Juan José Castillo, récord nacional de 5 mil y 10 mil metros planos, hoy de 46 años, quedó segundo en la famosa carrera de San Silvestre, en 1992. Castillo, triunfador en numerosas competencias, es en la actualidad dirigente deportivo, además de promotor e inspirador de nuevos atletas. Durante una carrera, una motocicleta lo atropelló. Luego de seis años de rehabilitación, Jujoca, como lo llaman en su pueblo, volvió a las pistas.

Inés Melchor Huiza, nacida en Huancavelica, pero criada en Huancayo, de 27 años, participó en el mundial de atletismo, en Berlín, en el 2009, e intervino en la maratón internacional de Seúl, en 2012. En los juegos Olímpicos de Londres, Melchor quedó en la posición 25. Fue la primera sudamericana en alcanzar la meta. Es una promesa para Río 2016.

Paulino Canchanya, otro joven atleta huancaíno, ha ganado varias competencias nacionales e internacionales, se suma a la nueva generación de deportistas.

A los huancaínos se han aunado cusqueños, puneños, huancavelicanos, arequipeños y otros deportistas entrenados en las alturas de los Andes que han descubierto que sus cualidades son ventajosas respecto a otros deportistas en competencias de largo aliento.

“Las ventajas de los peruanos es la tradición de ser corredores y las alturas. Desde que están en el vientre de la madre, en los lugares altos, ya vienen con características para desempeñarse bien en deportes de resistencia. Eso nos facilita el trabajo a los entrenadores”, dijo a la prensa el entrenador mexicano Rodolfo Gómez.

“Cuando llegué a la meta en México en primer lugar tenía sentimientos encontrados. Felicidad por el éxito pero también tristeza porque recordaba a mi familia. Nosotros hemos salido de un pueblo muy pobre. Con la victoria que alcanzamos, damos un ejemplo de que la miseria se puede vencer con perseverancia y sacrificio”, dice Pacheco.

“Hacemos un esfuerzo extraordinario. A veces hay mucho dolor. Muchas veces estamos muy solos. Sin embargo, lo damos todo, hasta el último aliento, para conquistar nuestro objetivo. Siento que corro como cuando era muchacha, por las lagunas heladas, por los pastizales, superando todo tipo de obstáculos. Ahora pensamos en la próxima competencia”, dice Tejeda.

“Los huancaínos están hechos de acero”, apunta el keniano Koipat: “Son atletas de gran altura. Hay pocos como ellos. Pronto el mundo hablará de ellos”.

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