Chile: una gira desafortunada de Bachelet la tiene contra las cuerdas

La presidenta de Chile Michelle Bachelet. Foto: AP La presidenta de Chile Michelle Bachelet. Foto: AP

SANTIAGO DE CHILE (apro).- Un repentino y mal preparado viaje a la Región de La Araucanía, el primero en sus casi dos años de su segundo periodo de gobierno, terminó en un bochornoso incidente que horadó aún más el poder de la presidenta Michelle Bachelet.

Todo partió así: minutos después de las 6 de la mañana del 29 de diciembre, los periodistas que cubren las actividades de la presidenta fueron alertados con llamadas y mensajes que debían trasladarse al Grupo 10 de la Fuerza Aérea de Chile, en el Aeropuerto Arturo Merino Benítez, de Santiago. Allí debían estar a las 07:30 horas porque pocos minutos después de esa hora –les dijeron— partiría el avión presidencial Boeing 737-500, con destino no precisado.

Cuando ya se encontraban dentro del avión junto con la mandataria, ésta bromeó: “Nos vamos a París”, dijo sonriente a los periodistas presentes.

Aunque el plan de vuelo decía que el destino era Valdivia –ciudad fluvial ubicada a 800 kilómetros al sur de Santiago– la propia mandataria les contó que el destino real era Temuco, capital de La Araucanía.

Sólo cuando el avión ya había despegado, desde la Presidencia se informó de la gira al ministro de Interior, el democratacristiano (DC) Jorge Burgos. Pero este ya había sido advertido de este viaje por asesores suyos contactados por periodistas que buscaban mayores detalles de la gira presidencial.

La gira de Bachelet fue preparada por el equipo de asesores de la Presidencia –el llamado “Segundo Piso” de La Moneda– que es encabezado por la exministra de Medio Ambiente en la pasada administración de Bachelet (2006-2010) Ana Lya Uriarte.

Al entrar a La Moneda a las 8 de la mañana de ese martes, por la histórica puerta de Mornade 80 -en que el 11 de septiembre de 1973 fuera sacado en camilla el cadáver de Allende- Burgos escuetamente reconoció los hechos ante la prensa: “No, no supe del viaje”.

Poco más tarde este abogado de 59 años declaró otra vez a los medios reunidos en Palacio: “Necesito conversar sobre el tema con la presidenta”, informando que había pedido que lo recibiera al otro día.

No fue el único desairado. El diputado por la derechista Renovación Nacional, Nicolás Monckeberg, expresó su sentir al respecto en un tuit: “Insólito viaje de MB (a La Araucanía). Avisó a prensa a las 6.30 am, no lo puso en la pauta y a los parlamentarios los invitó a las 12:10 am”.

El hecho que no se le haya avisado implicaba –según coincidieron los analistas políticos– que Burgos ya no tenía nada que hacer en el gobierno más que renunciar.

La molestia de Bachelet se debe a que Burgos ha desobedecido instrucciones presidenciales, ha filtrado sus conversaciones con ella a los medios y, sobre todas las cosas, ha manifestado su oposición a muchas de las reformas impulsadas por ella, como la de educación y la referida a la legalización del aborto, en algunas causales.

Gira insípida

La gira de Bachelet contempló una reunión en la Intendencia Regional de Temuco, en la que además de autoridades locales y el obispo de Temuco Héctor Vargas, participaron víctimas de la violencia mapuche y entidades empresariales agrupadas en la Multigremial de La Araucanía. Ante ellos Bachelet anunció la creación de una mesa de trabajo, iniciativa que pasó casi desapercibida.

“Las personas que están aquí muchas han sido víctimas de incendios, quema de camiones, hostigamientos, amenazas, distintos tipos de violencia”, señaló Bachelet, en sintonía con los chilenos que se sienten afectados por el levantamiento araucano.

Ningún representante mapuche fue invitado a este encuentro, aunque Bachelet reconoció por enésima vez que parte de la violencia se explica en la histórica deuda que tiene el Estado con el pueblo mapuche.

Por la tarde, la mandataria inauguró un hospital en la ciudad de Lautaro y un sistema de agua potable en la localidad de Chol Chol. Poco antes del atardecer tomó el vuelo de retorno a Santiago sin haberse reunido con ningún representante del pueblo mapuche ni generado ninguna iniciativa que ayudase a reducir la tensión extrema que en dicha región se vive.

El proceder de Bachelet fue transversalmente criticado. Nadie pareció quedar contento con su primera visita a La Araucanía. Del lado del mundo mapuche quien llevó las banderas fue el periodista y escritor Pedro Cayuqueo.

Desde su cuenta de Twitter @pcayuqueo señaló a las 10:40 A.M. del 29 de diciembre: “Bachelet visita clandestinamente la Araucanía. Ese debiera ser el titular. Tocamos fondo, señores.”

Cinco minutos después, escribió: “Se avisa a los medios a última hora y se mantiene en secreto la agenda. No es Obama en Irak. Es Bachelet en Temuco.”

Poco más tarde: “En Santiago no entienden nada. Estamos en presencia del conflicto más grave existente en Chile. Se requiere una visita de Estado, no esto.”

Enseguida: “Atentados, víctimas, violaciones de derechos humanos, mala convivencia, décadas de conflicto y viene a inaugurar ‘alcantarillados’.”

Desde la derecha –donde se ha impulsado férreamente la criminalización de la demanda mapuche– tampoco quedaron conformes con lo obrado por la mandataria. El diputado de RN por Lautaro, Diego Paulsen, planteó: “Este gobierno es una vergüenza para Chile. Actúan como si fueran delincuentes”.

Alzamiento DC

La operación de Bachelet contra Burgos –que según coinciden diversos medios apuntaba a apurar su salida– terminó siendo un fiasco puesto que supuso un descrédito del “segundo piso” de La Moneda.

En este, además de la exministra de medio ambiente Ana Lya Uriarte, destaca la presencia de la jefa de prensa de Bachelet, Haydee Rojas, y del doctor en sociología Pedro Güell, conocido como el consigliere de Bachelet.

La reunión entre Bachelet y Burgos –verificada el miércoles 30, a las 16 horas, en el despacho presidencial– estuvo rodeada de gran expectación sobre todo por el hecho que la DC amenazó a través de algunos de sus principales dirigentes, que de no resolverse bien este asunto, abandonarían el gobierno.

El presidente de la Democracia Cristiana Jorge Pizarro expresó su sentir en relación con lo hecho por la Presidenta: “No supo (de la gira) el ministro del Interior ni el subsecretario (Mahmud Aleuy) yse hizo intencionalmente con un secretismo que es propio de regímenes donde la transparencia no es la característica. Me parece que es la peor de todas las formas”, según consignó el diario La Tercera en su edición del 30 de diciembre.

“Nosotros tenemos que fijar un camino a seguir, porque si no hay cambios en la forma de tomar las decisiones y ejecutarlas, bueno, quiere decir que tendremos que cambiar nosotros nuestra forma de relacionarnos con el gobierno”, aseveró el senador Pizarro en declaraciones a Radio Cooperativa.

El contenido de la cita entre Bachelet y Burgos fue filtrada por éste último a los medios. La versión entregada, que no fue desmentida por la presidencia, dejó en muy mal pie a Bachelet. “El equipo que le organizó esto lo hizo pésimo: le hizo daño a usted y a su gobierno”, le habría dicho el jefe de gabinete a la mandataria según publicó La Tercera, el 3 de enero. Su fuente: “cercanos a Burgos”.

Junto con dar a conocer que él llegó con su renuncia escrita bajo el brazo, Burgos reveló que Bachelet casi le imploró que no se fuera: “Jorge, no me puedes dejar en estas circunstancias”.

Lo peor para la integridad de la mandataria es que Burgos relató abiertamente que le pidió a ésta que se comprometiera a que “este tipo de hechos no se volverían a repetir”, lo que señaló a numerosos medios que se encontraban a la salida de la reunión.

Según señaló el sociólogo de la Universidad de Chile, Alberto Mayol, en su columna publicada el 5 de enero en El Mostrador: “con la aceptación de esta exigencia y del comentario público de Burgos, Michelle Bachelet dejó la Presidencia de la República en posición vacante”.

Así de grave se percibió su situación tras este impasse.

En los días siguientes, la DC siguió demoliendo el escaso capital con que actualmente cuenta la presidenta. Y lo hizo para intentar frenar lo poco que queda del espíritu reformista que animó el arribo al poder de la centroizquierdista coalición de partidos Nueva Mayoría, en marzo de 2014.

El pasado domingo 3 de enero, 26 militantes y simpatizantes de la Democracia Cristiana, entre los cuales había exministros y subsecretarios, hicieron público en las páginas del conservador diario El Mercurio un documento que critica al gobierno y sus reformas.

En la misiva titulada “Progresismo sin progreso: ¿El legado de la Nueva Mayoría para Chile?”, los signatarios manifestaron su preocupación por el rumbo que está tomando el país bajo el actual gobierno. El punto 1 plantea: “en lugar de seguir avanzando, lo conseguido con mucho esfuerzo –en los gobiernos anteriores– está en riesgo de perderse por un diagnóstico errado y un mal diseño de políticas públicas”.

Pizarro y otros líderes DC salieron a validar estos dichos y, con esto, ratificaban su apuesta por la gradualidad en las reformas que ha caracterizado su participación en la actual administración, concretamente en aspectos como la reforma tributaria, educacional y laboral, que han sido aprobadas por el Congreso Nacional, pero vaciadas de contenido.

Joaquín Hernández, periodista de Radio Villa Francia y analista político, expresó que el affaire Burgos Bachelet marcaba el triunfo de la Democracia Cristiana que ha terminado demoliendo cualquier intento de Bachelet de actuar de manera independiente: “En realidad esto fue una jugada magistral de la DC para reposicionarse en el poder”.

Añadió Hernández: “por un lado presentaron la renuncia de Burgos y por otro presionaron para que Bachelet no se la aceptara”, señaló.

Cabe consignar que Burgos asumió el 11 de mayo en medio de una crisis política derivada de los casos de corrupción en los que aparecían como protagonistas personas del entorno político y familiar de Bachelet. Lo hizo en remplazo de cientista político Rodrigo Peñailillo, otrora hijo político de Bachelet y portavoz original de su programa de reformas.

A diferencia de Peñailillo, que era muy cercano a la mandataria, Burgos ha sido relegado de muchas decisiones presidenciales en muchas materias claves como la reforma educacional, lo que ha generado un resentimiento del ministro y de la DC.

Ahora queda por ver si Burgos terminará por imponer o por el contrario, Bachelet, muy molesta por la humillación a la que ha sido sometida, opte por sacar del gabinete a su ministro disidente, aunque ello le implique un rompimiento con la DC.

Según reseñó la experimentada periodista Blanca Artur en su columna titulada “Burgos: Ahora o nunca”, difundida el 8 de enero por el Diario Financiero, “para lograr el propósito de ejercer su cargo de jefe político en propiedad (…) el primer gran desafío de Burgos es lograr que se restablezca el esquema institucional del poder, de manera que éste quede en manos de los ministros, impidiendo que lo ejerzan los asesores informales que rodean a Bachelet”.

El margen de acción que tiene la presidenta, por su parte, no es muy amplio. Según la última encuesta Cadem dada a conocer el 4 de enero, la aprobación a la gestión de Bachelet es de 24% mientras que su rechazo alcanza a 68%.

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