“La Verbena de la Paloma”

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La Verbena de la Paloma o El boticario, las chulapas y celos mal reprimidos (1894) es considerada como la reina de las zarzuelas, el género chico (de breve duración), obra de Tomás Bretón (1850-1923) y libreto de Ricardo de la Vega.

Originalmente el Teatro Apolo de Madrid encargó la música a Ruperto Chapí, autor de exitosas zarzuelas como La revoltosa, La bruja, La tempestad, pero se disculpó; en cambio Bretón, hábil compositor y violinista, no había escrito ninguna trascendente. Parecía que la obra sería fácilmente olvidada, porque además el libreto es inconsistente excepto por Julián, el protagonista. En cambio el tabernero, su mujer, don Hilarión, don Sebastián y sobre todo Casta dejan muchos cabos sueltos.

Por ejemplo, a Casta le hace falta un solo, una romanza o un buen dueto para que valga la pena el montaje del personaje; igualmente no le habrían caído mal a Susana, si bien tiene una bella intervención en la famosísima habanera Dónde vas con mantón de Manila”, pero no dejan de ser pequeñas frases.

El argumento de La Verbena de la Paloma está basado en un hecho real, pues trata de las cuitas del Joven Julián, un empleado de imprenta, con su novia la hermosa Susana que gusta de provocarlo coqueteando con un viejo rabo verde, el boticario Don Hilarión.

Tomás Bretón no estaba seguro de haber hecho una obra valiosa. Se cuenta que el día del estreno (que él mismo dirigió), comentó momentos antes del inicio: “Me parece que me voy a poner en ridículo”. Pero el éxito fue inmediato y la pieza pronto se convirtió en un fenómeno dentro y fuera de España. Contribuyeron a ello la partitura, en la que cada uno de los números es de gran calidad y fuerte sabor madrileño, y la chispa del libreto, que emocionó tanto al compositor que Ángel S. Salcedo consignó en el libro Tomás Bretón, su vida y sus obras (Madrid, 1924):

“En la escena en que Julián, ahogado por los celos, llega hasta la casa de Susana dispuesto a todo, se me cayeron las lágrimas en el papel y hasta crispé los puños al ver la burla de la traviesa moza.”

La Verbena de la Paloma ha sido objeto de muchas grabaciones y versiones en DVD. ¿Quién no recuerda las coplas de Don Hilarión?

Una morena y una rubia,

hijas del pueblo de Madrid,

me dan el opio con tal gracia,

que no las puedo resistir.

O la mazurca dueto entre Julián y Susana:

¿Dónde vas con mantón de Manila,

dónde vas con vestido chiné?

O las sevillanas en brillante número musical encomendado al coro:

Por ser la Virgen de la Paloma,

un mantón de la China te voy a regalar…

Hay el malentendido de que la zarzuela es para cantantes que no pudieron con la ópera… nada más falso. Tan difícil o más este género como aquel, pues en la zarzuela los intérpretes deben de actuar hablando o cantando, a veces bailan, y así usan su voz de dos maneras, a diferencia de la ópera donde sólo se canta.

La Verbena de la Paloma se presentó en la Sala Ponce del Palacio de Bellas Artes con los Solistas Ensamble del INBA, con José Luis Bustillos como director invitado, al piano Eric Fernández. Los principales personajes del elenco: Graciela Díaz Alatriste (la Señá Rita), muy bien cantado el personaje, un poco seria quizá; Iván Juárez (Don Sebastián) y Ánge Ruz (Don Hilarión), pareja de pícaros amigos muy bien resuelta, pues son dos hombres maduros pero no necesariamente unos ancianitos, como frecuentemente se les representa.

Edgar Gil (Julián) posee una oscura y bien timbrada voz baritonal. Violeta Dávalos (Susana) –toda una leyenda en la ópera mexicana– cantó de maravilla y lució muy bien, Itia Domínguez (Casta), canta bien y es una agraciada rubia que con gran histrionismo completó la pareja de hermanas (con Susana). Tamara Kontseva (La tía Antonia) con su pronunciación eslava aportó mucha gracia. Linda Saldaña (La Cantaora) con mucha garra y porte escénico.

Bailaores y bailaoras, gente del pueblo, gendarmes, etcétera, todos interpretados por Solistas Ensamble e invitados hicieron un espectáculo sin escenografía en el pequeño foro de la Sala Ponce de lo más disfrutable. Cantantes de alto nivel cada uno de ellos, hicieron las delicias del público que prácticamente llenó la sala y demostró que en México la zarzuela gusta, y mucho.

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