Los encuestadores, inmersos en la corrupción

Conteo de boletas electorales en Veracruz. Foto: Yahir Ceballos Conteo de boletas electorales en Veracruz. Foto: Yahir Ceballos

Con cada nueva elección, los errores de las casas encuestadoras son mayores, y en los comicios del domingo 5 esto llegó a niveles de escándalo. Sin embargo, ningún encuestador ha hecho autocrítica ni explicado públicamente las razones de sus pifias. “El problema que estamos viviendo ahora es de falta de integridad”, resume Federico Berrueto, director general de Gabinete de Comunicación Estratégica. La corrupción, los sondeos “cuchareados”, la desconfianza de los entrevistados y la indolencia del árbitro electoral no presagian nada bueno rumbo a 2018.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Fallaron en las elecciones de 2010, también en las de 2012 y volvieron a errar en las del año pasado, pero este domingo 5 las principales empresas encuestadoras cometieron un monumental fiasco; para algunos, el peor de su historia en México.

“De una vez por todas, para empezar, que los encuestadores den la cara, que expliquen por qué las encuestas son erráticas. Que se olviden un poquito del dinero y se comprometan con el oficio”, reta Federico Berrueto, director general de Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE), también encuestador.

“Que le digan al mercado que hay un problema estructural que difícilmente se puede abatir mejorando método y técnica para el levantamiento”, subraya. Berrueto admite que las encuestas erráticas se explican, en parte, por dificultades metodológicas, pero sobre todo por un problema mayor: la corrupción.

“Además de problemas técnicos y metodológicos, el problema que estamos viviendo ahora es de falta de integridad. Lo que más nos debe ocupar es resolver eso”, puntualiza tras recordar que en las elecciones fallaron las encuestas preelectorales, pero sobre todo las de salida, casi todas erróneas.

Sobre la manipulación y falsificación de encuestas pone un ejemplo: en Ciudad Juárez, Chihuahua, el candidato independiente a presidente municipal Armando Cabada le encargó una encuesta a GCE; los resultados, al 8 de abril, le fueron favorables con 43%, seguido del PRI, con 16%, y el PAN, con 14%.

Los resultados oficiales confirmaron ese triunfo: Cabadas, quien era conductor y director del Canal 44 local, logró 48% de los votos, por 25% del PRI y 33% del PAN.

Sin embargo, el diario digital Tiempo de Chihuahua publicó los resultados de una encuesta de Consulta Mitofsky, empresa dirigida por Roy Campos; el sondeo, levantado entre el 16 y el 18 de abril, decía que Cabadas sólo obtenía 5% de los votos; el PRI, 37.7%, y el PAN, 22.8%.

“Éstas no son fallas técnicas. Éste es un problema de integridad. Es una encuesta falsa. O el encuestador se puso en manos de un campero que le dio información falsa o los datos se alteraron de manera deliberada”, asegura Berrueto, quien advierte que los encuestadores también tienen la práctica deshonesta de “borrar su historial”.

–Si es problema de integridad, ¿es un problema de corrupción?

–¡Sin duda, sin duda!

Por su parte, Rafael Giménez-Valdés, fundador de las encuestas del Grupo Reforma, coordinador de Opinión Pública de la Presidencia de la República con Felipe Calderón y coordinador de estrategia de la campaña de Josefina Vázquez Mota, acusa que en estas elecciones los encuestadores trabajaron para el PRI, igual que en 2012.

“No todos los encuestadores son iguales, no lo son Berumen y Berrueto, por ejemplo, pero la mayoría le apostaron al statu quo, a que no iba a haber la gran sacudida que hubo en el país”, dice. En 2012, recuerda, la mayoría de las encuestas otorgaron una ventaja de hasta 20 puntos a Enrique Peña Nieto sobre Andrés Manuel López Obrador, su más cercano contendiente, cuando la diferencia al final fue de sólo 6.5%.

Buendía y Laredo, de El Universal, le dieron a Peña 17.1 puntos de ventaja; Ulises Beltrán y Excélsior le otorgaron 16; Parametría y El Sol de México, 15.2; Roy Campos, de Televisa, 15.1; GEA-ISA, en Milenio, 18 puntos, y Harris-Indermerc, que publicó en El Financiero, le asignó 20.1.

“Está probado que un grupo de encuestadores sistemáticamente favoreció a Peña Nieto. Es un error que ya no es aleatorio ni muestral propio de las encuestas”, declaró Giménez-Valdés a Proceso tras esa elección, y ahora se repite la historia, subraya.

“Si una encuesta se la facturan al PRI y luego la publican en un diario, esa encuesta jamás va a ir contra el PRI. Mientras sigamos teniendo esos dobles casos de encuestadores que trabajan para medios y partidos, para medios y gobiernos, vamos a seguir viendo grandes fallas en las encuestas.”

El estratega recuerda que en las elecciones de 2010 las encuestas fueron erróneas en las elecciones estatales; fue peor en 2012 y también en 2015, a escala local. “Pero en 2016 son un fiasco la mayoría de las encuestas, sobre todo las de salida. Es el desastre, el peor desastre de toda la historia de las encuestas”.

En efecto, El Financiero dio como ganadores a los candidatos del PRI en Veracruz, Tamaulipas, Quintana Roo, Aguascalientes y Oaxaca, pero acertó sólo en este último estado.

En Quintana Roo dio al priista Mauricio Góngora 44%, y 41% al aliancista expriista Carlos Joaquín González, pero éste ganó por más de 10 puntos, y en Tamaulipas dijo que había un empate entre el candidato priista, Baltazar Hinojosa, y el del PAN, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, ambos con 44%, pero éste ganó con casi 15 puntos de margen.

Parametría, de Francisco Abundis, ahora publicó en el diario Milenio, que en 2012 difundió a GEA-ISA, pero volvió a presentar encuestas erróneas. Por ejemplo, aseguró que el priista Héctor Yunes ganaría con 36% sobre su primo Yunes Linares, con 32%, pero fue al revés.

En Durango y Quintana Roo, Milenio-Parametría adelantó que ganaría el PRI, pero ganó el PAN, y en Tamaulipas habló de una elección “incierta”, pero el candidato panista se impuso con 15 puntos, lo mismo que en Chihuahua, que la dio como “cerrada”… pero Javier Corral ganó con 10 puntos.

Así, rumbo a 2018, coinciden Berrueto y Giménez-Valdés, el escenario puede ser desastroso si no se toman medidas urgentes para evitar encuestas erróneas, sobre todo porque se prevé una elección cerrada.

“Estamos ante un escenario ominoso si no hay responsabilidad de parte de medios, de encuestadores, y si la autoridad electoral no empieza a manejarse con un criterio un poco más inteligente”, alerta Berrueto, quien urge al Instituto Nacional Electoral (INE) a tomar medidas.

Lo mismo opina Giménez-Valdés. El INE, dice, debe evitar que el actual mercado siga generando encuestas preelectorales y de salida con grandes grados de error. “Si en 2018 está competida la elección y si estamos viendo encuestas que están diciendo que va a ganar uno o va a ganar el otro, va a ser un escándalo terrible”.

Inseguridad y desconfianza

Socio de Liébano Sáenz, exsecretario particular de Ernesto Zedillo, Berrueto explica que el problema de las encuestas erráticas comenzó en 2010, cuando todos los encuestadores, incluyendo GCE, tuvieron resultados diferentes a los oficiales.

Encuentra una doble explicación: “Primero porque se politizó el tema de las encuestas, que empezaban a verse como instrumentos de propaganda y no de investigación, y segundo porque la inseguridad y la desconfianza generaban dificultades, empezando por el trabajo de campo”.

Sobre la labor a pie de calle, “el entorno de confianza” entre el encuestado y el encuestador se rompió por la inseguridad y la desconfianza de los ciudadanos, que rechazan responder o mienten, una situación que ha ido creciendo en México.

“Las condiciones para hacer encuestas precisas no existen en México, y los encuestadores, por alguna razón, no lo están diciendo”. Por esta razón, abunda Berrueto, las encuestas de salida se
equivocaron.

“Se equivocan porque el rechazo a ser encuestado está entre 12% y 15%. Incluso, el ciudadano al ser encuestado –cuando toma la papeleta o el símil de boleta– anula y no dice realmente por quién votó, y este rechazo es normalmente opositor. Por eso el PRI no se está dando cuenta que tanto en las encuestas preelectorales como en las de salida hay, en la no respuesta, normalmente un voto contra el PRI.”

Exasesor de Zedillo y de Peña Nieto, Berrueto afirma que además de estas cuestiones técnicas, hay un problema de integridad, como el evidenciado en el ejemplo de Consulta Mitofsky.

Recuerda que Warren Mitofsky vino a México para que, con la empresa que lleva su nombre, diera certidumbre a las elecciones. “Ése es el origen y es un origen muy encomiable, pero ahora las encuestas son un factor de incertidumbre y de engaño deliberado”, afirma.

“¿Por qué deliberado? Porque los encuestadores, a sabiendas de que no hay certeza, porque no hay condiciones para hacer encuestas precisas, están saliendo a los medios a presentar sus resultados como si fueran precisos. ¡Ellos saben que no lo son! ¡Y lo que sucedió el domingo 5 es una de las varias demostraciones de que las encuestas perdieron veracidad!”

Medios, cómplices

Pero este problema, continúa, es también de los medios de comunicación que difunden encuestas erróneas: “Los medios están jugando un papel perverso al utilizar como un instrumento de posicionamiento instrumentos que no son precisos. Esta tarea no es sólo entre encuestadores, también debe incorporar a los medios, porque los medios están propiciando este tipo de crisis.”

Explica: “Éste es un tema muy serio. Es cuando el medio se deja utilizar o cuando el medio, por no pagar la encuesta, publica la pagada por alguien más. Esa práctica es la que tiene que frenarse”.

Por ello urge a que el INE organice una discusión para enfrentar el problema, pero que sea incluyente, porque en los encuentros que organiza regularmente asisten sólo los encuestadores “tradicionales”, los que fallan.

“A nosotros nunca nos han invitado. Nunca. No existimos para el INE. Y no es un reclamo gratuito, pero no invitan a nadie que no sean los mismos”, reprocha Berrueto.

“Ojalá el INE tenga una mayor conciencia, que vea la gravedad de la situación y asuma una responsabilidad, no en términos de policía ni un criterio normativo excluyente, sino para airear de una forma más incluyente y por otra parte más rigurosa el problema que actualmente están teniendo las encuestas.”

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Reportero de Proceso desde 1994, Premio Nacional de Periodismo en periodismo de investigación y autor de tres libros.

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