Chile: La muerte política de Ricardo Lagos

El expresidente de Chile Ricardo Lagos Escobar. Foto: Twitter @RicardoLagos El expresidente de Chile Ricardo Lagos Escobar. Foto: Twitter @RicardoLagos

VALPARAÍSO (apro).- La reciente derrota del abanderado presidencial Ricardo Lagos Escobar en la elección interna del Partido Socialista (PS) que debía definir su candidato de cara a las elecciones primarias de la Nueva Mayoría (NM), a celebrarse el 2 de julio, marca el fin de una época de la política chilena, coinciden analistas de todas las tendencias.

La definición de la candidatura presidencial –que se llevó a cabo el domingo 9 en el estadio El Llano de Santiago– estuvo a cargo del Comité Central del PS. Este, por 67 votos contra 36, determinó que su candidato será el periodista, sociólogo y senador Alejandro Guillier, quien es promovido por el socialdemócrata Partido Radical.

El abogado y economista Ricardo Lagos –que fue presidente entre 2000 y 2006- ya había sido proclamado como candidato a la presidencia por el Partido por la Democracia (PPD), de centroizquierda neoliberal, el pasado 15 de enero. Sin embargo, Lagos ambicionaba llegar a las primarias de la NM con el respaldo completo del eje PS-PPD.

Lagos, siendo uno de los líderes de la corriente más moderada del PS, encabezó en 1987 la formación del PPD que tenía un fin meramente instrumental: asegurar que no hubiera fraude en el plebiscito de 1988 que definiría la continuidad del dictador Augusto Pinochet en el mando del país. Tras el triunfo de la opción “No” (5 de octubre de 1988), el PPD se mantuvo como partido –sin ideología– y creció en torno a la entonces carismática figura de Lagos, quien nunca renunció al PS, transformándose así en el único doble militante de la política chilena.

Lagos, que bajo el gobierno de Salvador Allende fungió como secretario general de la Universidad de Chile y fue designado embajador en la entonces URSS aunque nunca pudo asumir, pero se ganó la confianza de los empresarios en los noventa, en los que ejerció como ministro de Educación y Obras Públicas. En este último rol promovió la privatización de infraestructura pública como puertos y caminos, y también de las empresas sanitarias que proveen de agua potable a las principales urbes del país.

La DC también barajó en su momento apoyar a Lagos como su candidato a La Moneda. Es lo que intentaron a lo largo de 2016 el grupo de hombres fuertes de este partido como el exministro de Interior de Bachelet Jorge Burgos (mayo 2015-junio 2016), y el expresidente de este partido y exdiputado Gutenberg Martínez. En esta postura también estaba el senador Jorge Pizarro, quien debió dejar la presidencia de la DC en mayo de 2016 acosado por sus vínculos directos con escándalos de corrupción.

Pero el plan no resultó. Ante el casi nulo respaldo ciudadano al expresidente Lagos este partido optó por proclamar –el 11 de marzo– a su figura menos contaminada por los escándalos que sacuden a la política chilena: la senadora y actual presidenta de la DC Carolina Goic.

En su deseo por volver a La Moneda, Lagos no dudó en dar un “sablazo” a su aliada la presidenta Bachelet al señalar –el 28 de julio de 2016-: “Yo no sé si el país aguanta año y medio con esta crisis”. No hubo dos lecturas: él se promovía como el salvador del país.

Pero sus sueños no calzaban con la actual deriva de la opinión pública. Según una encuesta de la consultora Cadem dada a conocer el domingo 9, el candidato Lagos concitaba el respaldo de sólo 3% del electorado. Otro estudio demoscópico –de Criteria Research– difundido este jueves 13 sostenía que Lagos era, con 63%, el candidato que más rechazo concitaba entre los chilenos.

La carrera presidencial es actualmente liderada por Piñera, seguido de Guillier y de la representante del izquierdista Frente Amplio, la periodista Beatriz Sánchez.

La derecha llora

Sintomáticamente, los más afectados por la derrota de Lagos no fue el mundo de la izquierda, como cabría suponer tratándose del descalabro de un aspirante socialista a La Moneda, si no que fue la elite política y económica la que más acusó dolor. Expresión de esto son las numerosas notas editoriales y columnas de opinión emanadas en los días posteriores a su caída en El Mercurio, el diario más tradicional y conservador de Chile. El martes 11 su columnista estrella, el abogado y rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, sentenció que “la derrota del expresidente Ricardo Lagos es de las cosas más significativas del último tiempo”, añadiendo que ésta “ensombrece el futuro de la izquierda en Chile porque equivale al derrumbe de un proyecto histórico: la conducción gradual de la modernización capitalista hacia mayores niveles de igualdad”.

Entre los analistas que no forman parte del establishment, el diagnóstico fue otro. El periodista Víctor Herrero en su tradicional columna “Decisión presidencial del PS: la dura derrota de la elite concertacionista”, publicada el lunes 10 en el Diario Universidad de Chile, afirmó que la victoria de Guillier “jubila, en los hechos, a toda una generación socialista que contribuyó a construir la transición pactada y negociada de Chile”.

Herrero destacó, además, que en los días previos a la definición del PS “los partidarios de Ricardo Lagos aprovecharon la tribuna libre que tienen en la prensa tradicional, en especial en El Mercurio y La Tercera, pero también en El Mostrador, para aumentar la presión al máximo y forzar el voto a su favor (…) el mensaje era claro: Lagos o el caos. Lagos o el fin de la historia”.

El historiador Rafael Luis Gumucio en su columna “Los miembros del Comité Central de su partido faenaron al doble militante Ricardo Lagos” –publicada el martes 11 en El Clarín– reflexionó en torno al sentido de este episodio histórico. “La derrota de Ricardo Lagos marca, nada menos, que el fin de una generación que ha manejado el poder durante más de cuatro décadas”.

Agregó: “(Se trata) de un grupo de políticos, que antes fueron idealistas e, incluso revolucionarios; que tuvieron el valor de combatir a Augusto Pinochet, pero que paulatinamente se fueron convirtiendo en nuevos ricos, y, entre coctel y coctel con sus antiguos verdugos, terminaron actuando y viviendo igual a ellos. No en vano la posición social determina la conciencia, como lo escribiera un barbudo filósofo alemán”.

A Lagos se le ha criticado –desde la izquierda– el haber impuesto una serie de tratados de libre comercio como el celebrado en 2003 con Estados Unidos, que suponen grandes garantías para los inversionistas extranjeros en detrimento de las comunidades locales y el interés nacional.

Aunque no se ha ventilado en la prensa, Lagos fue el presidente que promulgó el Tratado Minero entre Chile y Argentina (agosto de 2000), que supuso la entrega de una amplia faja de territorio, de varias decenas de miles de kilómetros cuadrados, a una Comisión Administradora controlada por grandes empresas mineras, especialmente por Barrick –la impulsora del proyecto Pascua Lama– que habría sido la empresa que redactó este Tratado.

También se le recordará por haber sido el primer presidente en aplicar la Ley Antiterrorista contra los mapuches, y por haber convertido la persecución política contra este pueblo originario en una política de Estado.

Además, fue el impulsor del plan de transportes urbano “Transantiago” –ícono de la mala gestión de los gobiernos de la Concertación– y por haber impulsado el crédito con Aval del Estado (CAE): política educacional y financiera que supuso el sobre endeudamiento de decenas de miles de familias con el sistema bancario.

Se le reconoce al presidente Lagos el haberse opuesto en 2003 a la invasión que el presidente George Bush realizó a Irak. También las reformas constitucionales de 2005 que supusieron el fin de la institución de los senadores designados, entre otras materias; y la implementación del Régimen de Garantías en Salud más conocido como Plan Auge (2004).

El gran engaño

El sociólogo e historiador Felipe Portales es unos de los académicos e investigadores que con más ahínco ha estudiado el periodo de la transición a la democracia, iniciado en 1990.

En su libro Chile: Una democracia tutelada (2000) revela cómo la elite concertacionista pactó con la derecha, los militares y el empresariado para mantener incólume el orden político y económico instalado en la dictadura cívico militar encabezada por Augusto Pinochet (1973-1990).

En entrevista con Apro Portales expresa que “así como el triunfo de Lagos, en 1999, y su gestión presidencial entre 2000 y 2006, representaron el punto culminante de la legitimación y consolidación pacífica del modelo neoliberal impuesto a sangre y fuego por la dictadura; su derrota de hoy va a tener un efecto desencadenante en la decadencia del liderazgo concertacionista, que hoy hegemoniza la Nueva Mayoría, y en el progresivo reconocimiento de la población chilena del gran engaño que aquel liderazgo le ha hecho por tantos años a nuestro país”.

El historiador Portales –autor del libro Los mitos de la democracia chilena– estima que “todas las estructuras económicas, sociales y culturales heredadas de la dictadura se conservaron y perfeccionaron luego de veinte años de gobiernos concertacionistas (1990-2010)”. En 2010 la Concertación cambió de nombre por el de Nueva Mayoría al integrarse el Partido Comunista.

Asegura que estas estructuras “generaron un poder altamente concentrado en pocos y poderosísimos grandes grupos económicos”.

Portales afirma que los grandes empresarios –nacionales e internacionales– “querían y quieren tanto a Lagos, porque naturalmente era de quien menos expectativas tenían y, sin embargo, fue el más funcional a sus intereses”.

En efecto, Lagos despertó los más elogiosos comentarios de numerosos y destacados exponentes de la derecha nacional e internacional. Quizás si la más representativa de las declaraciones suscitadas en su favor fue la expresada en octubre de 2005 por el entonces presidente de la patronal Confederación de la Producción y Comercio (CPC), Hernán Somerville quien declaró: “Mis empresarios todos lo aman (…) realmente le tienen una tremenda admiración”.

Somerville dijo esto mientras participaba en un foro empresarial paralelo a la XV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, realizada en Salamanca (España).

Singularmente elocuente fue el comentario efectuado por el destacado profesor de Economía de la Universidad de Chicago, Arnold Harberger, en 2007: “Estuve en Colombia el verano pasado participando en una conferencia, y quien habló inmediatamente antes de mí fue el expresidente Ricardo Lagos. Su discurso podría haber sido presentado por un profesor de economía del gran período de la Universidad de Chicago. Él es economista y explicó las cosas con nuestras mismas palabras. El hecho de que partidos políticos de izquierda finalmente hayan abrazado las lecciones de la buena ciencia económica es una bendición para el mundo”, según reportó el diario El País en su edición del 14 de marzo de 2007.

Portales dice que Lagos “fue muy importante en las renuncias (más que pactos) efectuadas por el liderazgo de la Concertación en 1989, ¡luego de su triunfo plebiscitario de 1988!, victoria que contaba además con el pleno apoyo de Estados Unidos y Europa”.

Se detiene en un punto que considera crucial en la historia reciente de Chile, y sobre el cual impera el más absoluto silencio de la clase política y entre historiadores y cientistas políticos. Portales acusa que la Concertación, en la que Lagos desempeñaba un papel crucial, regaló en una negociación secreta –en 1989, último año del gobierno de Pinochet– “la mayoría parlamentaria simple que la Constitución original de 1980 le había otorgado al futuro presidente, obviamente pensando que Pinochet iba a ser ratificado por el plebiscito de 1988”.

Pero como Pinochet perdió el plebiscito y la derecha no quería que el nuevo gobierno pudiera tener esa mayoría parlamentaria simple que le permitiría realizar reformas democratizadoras, presionó a la Concertación por la Democracia para que se modificara la Constitución con la finalidad de cambiar los quórums necesarios e impedir cualquier reforma importante. Y la Concertación, sin que casi nadie lo supiera, accedió.

Este regalo se hizo efectivo –afirma Portales– mediante el ‘paquete’ de 54 reformas constitucionales acordadas entre Pinochet y la oposición a mediados de 1989 y que fueron ratificadas el 30 de julio de ese año “en un plebiscito ‘express’ y completamente desinformado”.

Una de esas reformas fue la que modificó el hecho de que para obtener la mayoría parlamentaria simple bastaba con la mitad de los miembros de una cámara y solo un tercio de la otra: “Se introdujo el requisito de tener mayoría en ambas cámaras, lo que en teoría era democrático, pero que dada la subsistencia de los senadores designados y el sistema electoral binominal hacía imposible que la Concertación reflejara su mayoría electoral en una efectiva mayoría en el Senado”, explica Portales.

El historiador concluye: “De tal manera, que perdiendo la mayoría parlamentaria inminente que le aguardaba al presidente Aylwin, el liderazgo concertacionista quedó en condiciones de argüir plausiblemente (¡como lo hizo abundantemente!) que sus promesas de profundas reformas al modelo neoliberal impuesto por Pinochet no podía efectuarlas dado que no poseía la mayoría parlamentaria para aprobarlas”.

Remata: “Dicho regalo de la mayoría parlamentaria era muy importante para hacer realidad –sin costos políticos mayores– el nuevo y oculto diseño del liderazgo concertacionista; esto es: llevar adelante una ‘convergencia’ con el pensamiento económico de la derecha, ‘convergencia que políticamente el conglomerado opositor no estaba en condiciones de reconocer’”, como confesó el principal ideólogo de la Concertación, Edgardo Boeninger, en su libro Democracia en Chile. Lecciones para la gobernabilidad (1997).

–¿Cómo consiguió Lagos superar la desconfianza que tenían hacia su figura los militares? –se le pregunta a Portales.

–Antes de asumir la Presidencia, en marzo de 2000, Lagos había hecho todas las gestiones imaginables ante la Internacional Socialista y el gobierno laborista británico para lograr la liberación de Pinochet (detenido en Londres desde el 10 de octubre de 1998 hasta el 2 de marzo de 2000). Eso fue lo determinante.

Al sociólogo e historiador se le pregunta si fue un error de Lagos presentarse nuevamente a una elección presidencial a estas alturas de su vida.

“Su actual postulación presidencial estaba condenada al fracaso desde el comienzo, dada la creciente insatisfacción experimentada por la sociedad chilena desde 2011 con la obra ‘consolidadora’ que efectuó el liderazgo concertacionista y cuyo principal exponente fue el propio Lagos. Esto lo han demostrado abrumadoramente las encuestas desde el mismo momento en que lanzó su precandidatura el año pasado. Y por cierto en nada lo ayudaron sus visibles esfuerzos por desplazar ‘por secretaría’ a todos los rivales que podrían haber amagado su candidatura en el PPD y particularmente en el PS”, señala Portales.

Alude a varios hechos, entre ellos uno sucedido a fines de octubre de 2016: en medio de una reunión privada, Lagos exigió a la entonces timonel y candidata presidencial del PS, senadora Isabel Allende “ser el candidato único del PS-PPD”. Tras esto, ella bajó su postulación. No obstante, Allende tomó una pequeña venganza al ventilar el contenido de la conversación lo que hizo en entrevista con Radio Cooperativa el 2 de noviembre. Posteriormente, no movió un dedo en pos de que Lagos se impusiera al interior de su partido.

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