“La señora presidenta”: Héctor Suárez bien, pero…

Héctor Suárez en el Teatro Aldama Héctor Suárez en el Teatro Aldama

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Ante la añoranza colectiva de los adultos que extrañan a esos grandes comediantes que le dieron a muchas generaciones momentos de buena risa, en carpa teatral, en televisión, y en más de 90 películas, Héctor Suárez sigue en cartelera.

Fue famoso en la televisión de los 80 con su sketch ¿Qué nos pasa?, donde criticaba con ácido humor la psicología del mexicano.

En los últimos tiempos protagonizó, en el gran teatro del mundo, una fuerte crítica al gobierno censor que incluso, declaró, lo había amenazado de muerte en un episodio como de película de gángsters, que terminó cuando en un baño bien cerrado un tipo le pidió -entre groserías y serias amenazas-, silencio. Pero él no calló. En un video, Suárez habla de frente con el presidente Enrique Peña Nieto y, entre otras cosas, le dice: “Lo único que sí ha logrado con éxito es el repudio nacional”.

Y por su historia, pero también esperando ver más del espíritu crítico de este gran actor, muchos espectadores vuelan a ver La señora presidenta, obra que protagoniza Suárez en el Teatro Aldama con Eduardo España, Ana Ciocchetti, Ana La Salvia, Michelle Vieth y Ricardo Fastlicht, bajo la dirección de Héctor Suárez Gómiz y la producción ejecutiva de Guillermo Wiechers.

La señora presidenta no tiene, sin embargo, nada que ver con la política mexicana, como el título sugiere.

Es una obra francesa estrenada en París en 1981, donde unos gemelos, hombre y mujer, separados durante mucho tiempo por problemas familiares, tienen que volverse a encontrar para arreglar un asunto con papeles oficiales, y en ese encuentro saldrán a la luz secretos tremendos que revelan que ninguno de los dos sabe lo que tiene enfrente.
La señora presidenta fue lanzada en México en 1991 y protagonizada durante 17 años con éxito por el también reconocido actor Gonzalo Vega, hasta que tuvo que retirarse por enfermedad.

Y es en esta nueva temporada en donde Héctor Suárez comienza a llenar de risas el teatro desde las llamadas a escena, con el telón cerrado: “falta un minuto, no, menos, como cinco…”

Pero lo que parece anunciarse como humor político desaparece.

Y empieza la obra. La historia tiene un planteamiento interesante, pero se estanca en sí misma y no logra un humor a carcajadas. Risas sí, como las provocadas por superficiales comedias comerciales. Para pasar un buen rato.

Hasta el final, donde se inserta un extraño baile con disfraces sadomasoquistas, y el público no sabe entonces si reír, llorar o estornudar.

Héctor Suárez se desdobla en La señora presidenta como personaje femenino y masculino. Y lo hace bien.

Aunque no es ésta la obra en la que muchos quisiéramos verlo.

Y por supuesto, el problema es parte de los productores de teatro comercial que no voltean nunca a algo que también les daría dinero, pero mejor ganado. No queremos ser tan radicales como a principios del siglo XX el famoso Manifiesto del Grupo de los Siete que, entre otras cosas, pedía:

“QUE SE EXPULSE DE LOS TEATROS a los mercaderes que ven en ellos únicamente un medio de vida ajeno al arte; a los cómicos estultos que fomentan el gusto deplorable de cierto público”.

No pedimos tanto. Sólo pedimos incluir comedias de calidad, que en el mundo hay muchas. Y aprovechar a los grandes dramaturgos mexicanos, a los que el humor -pero con fuerza- no les falta, como Jorge Ibargüengoitia.

Porque los grandes actores, como Héctor Suárez, ahí están.

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