La propiedad intelectual en la Sociedad del Conocimiento

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El tema de la propiedad intelectual y los derechos de autor no es nuevo, tiene sus orígenes en el siglo XVIII, pero ahora el uso de las nuevas tecnologías de la información los pone constantemente en la palestra debido a que facilitan el uso, abuso y la piratería de obras literarias, pictóricas, fotográficas y audiovisuales, entre otras.

Para discutir los problemas derivados de ello y exponer otros aspectos relacionados que también impactan, como el Tratado de Libre Comercio (TLCAN) con América del Norte o el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), así como posibles soluciones, representantes de sociedades autorales participaron en el IV Foro La Creatividad en la Sociedad del Conocimiento, organizado por el Senado de la República y la Unión Nacional de Sociedades Autorales y Derechos Conexos (UNSAC).

Durante su intervención en el encuentro, realizado en el Auditorio Sebastián Lerdo de Tejada del Senado, en la calle de Donceles, en el Centro Histórico, José Dolores González, abogado especialista en propiedad intelectual, presentó la ponencia “La propiedad intelectual en la Sociedad del Conocimiento”.

Recordó que el origen del concepto y de su protección se remontan al siglo XVIII, cuando los alemanes identifican qué cerveza se bebía más y deciden ofrecer sus productos sólo en determinadas tabernas para darles mayor impulso y ello deriva en la creación de las franquicias.

Director de la puesta en escena Josefa, el musical de México, que se presentó hace un año en el Teatro Hidalgo, González destacó el impulso que dio a la defensa de los derechos autorales el escritor francés Víctor Hugo (Besançon, 1802-París, 1885), autor de Los miserables, quien fundó en 1878 la pionera mundial Association Littéraire et Artistique Internationale (Asociación Internacional Literaria y Artística) para esos fines.

La agrupación que presidió en su momento Hugo fue determinante para que, en 1886, se estableciera el primer Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, cuyo objetivo era controlar el uso de las obras creativas y recibir un pago a cambio.

Surgió primero el Convenio de París para la Protección de la Propiedad Industrial, que señaló la necesidad de la protección internacional. En la página de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual se cuenta que dicha necesidad se hizo patente en 1873 “con ocasión de la Exposición Internacional de Invenciones de Viena, a la que se negaron a asistir algunos expositores extranjeros por miedo a que les robaran las ideas para explotarlas comercialmente en otros países”.

El economista Joseph A. Schumpeter habló también de las aportaciones teóricas al concepto de innovación y desarrollo industrial, que han sumado al concepto de los creadores del conocimiento, como lo hicieron también Ernest Mandel y Peter Drucker, creador éste del concepto mainstream, y quien afianza la idea de la Sociedad del Conocimiento.

En otras intervenciones se habló de la necesidad de fortalecer los mecanismos de protección de los derechos de propiedad y autorales, si es necesario transformar la ley para proteger a las industrias culturales de México –especialmente frente a las industrias culturales de otros países, como Estados Unidos que compiten en condiciones preponderantes.

La senadora María del Carmen Ojesto Martínez, quien apoyó la organización del foro, expresó su preocupación por que en plena era de la Sociedad del Conocimiento la industria cinematográfica está dejando de producir y varios de sus creadores se están convirtiendo en maquiladores de plataformas como Netflix.

El cineasta Víctor Ugalde recordó que durante décadas México fue un enorme productor de bienes culturales, pero se han ido reduciendo los presupuestos para apoyar la innovación y la creatividad, tanto en los campos de la ciencia y la tecnología, como de las industrias culturales.

Preguntó quién se beneficia al final con un pueblo consumidor y no creador, y respondió que las grandes industrias transnacionales, que además no pagan impuestos. En el caso del cine, dijo, se invierte dinero para perder, pues las prácticas de la industria norteamericana van en contra de la libre competencia.

En los últimos 5 años se han producido 738 largometrajes, que han dejado una derrama de 16 mil 750 millones de pesos, pero las perdidas representan 12 mil millones de pesos. El insulto más grande, lamentó, es que una película como Avengers se exhiba simultáneamente en varias salas y se deje una sola con horarios inaccesibles para las películas mexicanas, mientras instituciones como la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) o la Procuraduría Federal del Consumir (Profeco) no hacen nada frente a esas prácticas.

“Todos cierran los ojos en contra de México”.

Advirtió que se ratificó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), sin considerar los efectos negativos sobres las industrias culturales, y todo apunta a que hay una urgencia por querer concluir la renegociación del TLCAN lo antes posible, por lo cual señaló la necesidad urgente de establecer las salvaguardas y reservas para las industrias culturales.

El panorama presentado por los otros participantes también fue preocupante, pues ven que no hay apoyo para las industrias creativas, cuando México debería estar en el auge de la Sociedad del Conocimiento por la riqueza cultural que posee.

Participaron Álvaro Guzmán Gutiérrez, director general de Concesiones de Radiodifusión del Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel); Rubén Galindo, presidente de la Sociedad Mexicana de Directores Realizadores de Obras Audiovisuales; Paul Achar, presidente de la Sociedad de Productores de Artes Plásticas (Somaap) y presidente en turno de la UNSAC; Mario Casillas, presidente de la Asociación Nacional de Interpretes (ANDI); José de Jesús Calzada Gómez, presidente de la Sociedad de Escritores de México; y Carlos Manuel Gómez, director general de EGEDA/MEX, Entidad de Gestión de Derechos para los Productores Audiovisuales.

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