Octavio y Marie José: A lo que es temporal llamar eterno

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Mujer de excepción, Marie José Paz fue musa, albacea, heredera universal y defensora sin tregua del legado intelectual de su esposo. Resistió con entereza el atraco contra la Fundación Octavio Paz y durante más de un lustro sostuvo el Premio Internacional de Poesía y Ensayo Octavio Paz de manera independiente con los recursos de la sociedad de amigos que llevó el nombre del Premio Nobel de Literatura. Ante su ausencia, la responsabilidad de ese invaluable legado recae en la Secretaría de Cultura.

 Octavio Paz consideraba su encuentro con Marie Jo como un segundo nacimiento. Se conocieron en la residencia de la embajada en Delhi y de inmediato se produjo una poderosa atracción mutua que encendió la llama doble del erotismo y el amor. Se casaron en 1964 y desde entonces hasta la muerte del poeta en 1998 no se separaron un solo día. Tuve el privilegio de atestiguar la adoración que se profesaron.

La presencia de Marie Jo transformó la vida y la obra de Octavio Paz: la tomé de la mano /juntos atravesamos /los cuatro espacios los tres tiempos /pueblos errantes de reflejos /y volvimos al día del comienzo (Viento entero).

En el caso de la obra poética de Paz, fue un recomienzo alimentado por el erotismo enamorado. Así nació Ladera este y el prodigioso poema en prosa El mono gramático, en el que Marie Jo es llamada Esplendor.

En Árbol Adentro la serenidad reflexiva del amor adquiere primacía sobre el erotismo poético: Amar: /hacer de un alma un cuerpo, /hacer de un cuerpo un alma, /hacer un tú de una presencia / … /endiosar a una criatura / y a lo que es temporal llamar eterno (Carta de creencia).

Dicha reflexión culmina en La llama doble, en el que ocurre la transformación del objeto deseado en sujeto deseante. En suma, el amor exige como condición previa la noción de persona y ésta la de un alma encarnada en un cuerpo.

Esa alma y ese cuerpo fueron los de Marie Jo. Hoy, el presente perpetuo que vivió con Octavio ha renacido en la dimensión del misterio.

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