Un excapo colombiano, testigo estelar contra “El Chapo”

Juan Carlos Ramírez Abadía "Chupeta", exlíder del Cártel del Norte del Valle. Se deformó el rostro tras varias operaciones. Foto: AP Juan Carlos Ramírez Abadía "Chupeta", exlíder del Cártel del Norte del Valle. Se deformó el rostro tras varias operaciones. Foto: AP

Los fiscales del Departamento de Justicia presentaron a un testigo apodado Tololoche, a quien la defensa del sinaloense nulificó al mostrarlo como un adicto lleno de rencor contra el acusado. Sin embargo, el testigo “as” de la parte acusadora fue el excapo colombiano Chupeta, quien retrató al El Chapo como el gran jefe del narco mexicano.

 

NUEVA YORK (proceso).– Cuando Andrea Goldberg, quien encabeza al equipo de fiscales del Departamento de Justicia de Estados Unidos, subió a la palestra, las piezas del rompecabezas comenzaron a tomar forma en el complicado juicio contra Joaquín El Chapo Guzmán Loera. La fiscal debutó en el proceso judicial contra el narcotraficante mexicano durante la novena audiencia, para interrogar al primer testigo estelar del gobierno estadunidense: el colombiano Juan Carlos Ramírez Abadía, Chupeta, exlíder del Cártel del Norte del Valle (CNV).

Su fama de ser una de las fiscales más efectivas de Estados Unidos se confirmó cuando, con sus preguntas a Chupeta, empezó a desenredar la abultada madeja de actividades delictivas de El Chapo Guzmán.

–¿Como cuánta cocaína exportó a Estados Unidos durante sus casi 20 años como narcotraficante? –fue una de las preguntas que le hizo Goldberg.

–Como unos 400 mil kilogramos.

–¿Alguna vez usted ordenó el asesinato de personas? –machacó la fiscal.

–Sí.

–¿Sabe a cuántas personas mandó asesinar?

–Como a unas 145 personas –contesto el capo colombiano.

Las preguntas con las que arrancó Goldberg estaban elegidas para exponer ante el jurado la clase de criminal que presentaba a la sala del juez Brian Cogan, de la Corte Federal del Distrito Este en Brooklyn.

La intención de la fiscal pareció ser sorprender al jurado con los antecedentes criminales de Chupeta y destruir la poca ventaja que habían tomado los abogados del narco mexicano en las audiencias previas, haciendo caer en contradicciones a otros delincuentes que han testificado para inculpar al Chapo, como Jesús Zambada García, El Rey, o Miguel Ángel Martínez Martínez, Tololoche o El Gordo.

El aplomo aderezado con un tono de orgullo con el que Chupeta habló, dejó perplejos a los integrantes del jurado, quienes minutos antes no pudieron evitar que en sus rostros se dibujaran el asombro y el miedo cuando entró el testigo escoltado por cuatro alguaciles federales. Guzmán Loera también quedó estupefacto cuando miró al colombiano, a quien hacía años no veía en persona.

El juez había advertido al jurado que podrían darse situaciones de prórrogas en la audiencia de ese 29 de noviembre, debido a que el testigo tiene problemas de salud. No fue eso lo que robó el aliento al jurado, a El Chapo y a todos los presentes en la sala de la Corte, sino el rostro de Ramírez Abadía.

“Me hice cambios en la cara, me alteré las quijadas, los pómulos, la nariz, los ojos, las orejas y la boca; me hicieron como tres o cuatro operaciones”, confesó Chupeta a pregunta expresa de Goldberg. El narco colombiano está irreconocible. Tiene deforme el rostro.

El Chapo no lo dejaba de mirar; sólo esporádicamente volteaba a su izquierda para buscar con la mirada a su esposa, Emma Coronel, quien estoica y leal ha asistido a las nueve audiencias formales del juicio.

 

Reunión en México

“Lo conocí aproximadamente a principios de los noventa… nos reunimos en el lobby de un hotel en la Ciudad de México”, respondió Chupeta a otra pregunta de Goldberg. Y declaró en la corte que supo de Guzmán por Ismael, El Mayo, Zambada García, cuando se reunió con éste a finales de 1989 en Tijuana.

–¿Con quiénes, además del señor Guzmán Loera, se reunió en esa ocasión en el hotel de la Ciudad de México? –preguntó la fiscal.

–Con su hermano Arturo El Pollo Guzmán Loera; El Gordo (Martínez Martínez); Sergio Ramírez, Pechuga; y una mujer colombiana de nombre Cristina –contestó Chupeta.

Goldberg le pidió que explicara al jurado qué le dijo El Chapo sobre el papel que jugaban en su organización criminal las personas con quienes llegó al hotel.

“Me dijo: ‘Éste es mi carnal, Arturo, y El Gordo, mi primer hombre a bordo’”, narró Chupeta, anotando que Pechuga era su lugarteniente y encargado de logística y coordinación en México para la importación de cocaína enviada por aviones y que Cristina era la anfitriona para su presentación con El Chapo.

Más incisiva y directa que en sus preguntas anteriores a Chupeta, la representante del gobierno de Estados Unidos logró que, paso a paso, el testigo expusiera la ansiedad con la que en esos años Guzmán Loera quería ser un traficante colosal de cocaína colombiana.

El exlíder del CNV habló sobre el acuerdo que formalizó respecto a las cantidades de cocaína que le enviaría al Chapo, de pistas clandestinas de aterrizaje en Durango, Nayarit, Sinaloa y Sonora, de los pilotos de las aeronaves y los posibles horarios para las llegadas de los cargamentos y su posterior exportación a Los Ángeles, California.

En ese primer encuentro en la Ciudad de México, El Chapo le exigió a Chupeta que le enviara cocaína cien por ciento pura. Ajustaron precios y se acordó que el pago del narco colombiano al mexicano sería en especie. “Me dijo que me iba a cobrar un porcentaje de mi cocaína… 40% del total de la cantidad que transportara a Estados Unidos”, confesó Ramírez Abadía.

Goldberg insistió para que aclarara las razones del compromiso. Chupeta admitió que a Guzmán Loera le aceptó pagarle un porcentaje más alto que a los otros capos del Cártel de Sinaloa (al Mayo le daba 37%) porque le garantizó la entrega rápida de la carga en Estados Unidos, la seguridad de ésta en México y su transporte a la frontera norte, gracias a que tenía bajo su dominio a muchas autoridades del gobierno a todo nivel y a mandos policiales en casi todo el país.

–Me dijo, soy mucho más rápido para meterla. Pruébame y te vas a dar cuenta –contó Chupeta parafraseando al Chapo.

–¿Le envió al señor Guzmán la cocaína después de que concluyera su viaje a México? –cuestionó Goldberg.

–Sí. Cinco aviones con aproximadamente cuatro mil kilos de mi cocaína llegaron a una pista que estaba cerca de Los Mochis, Sinaloa. No recuerdo exactamente el lugar –respondió.

Chupeta le enfatizó a la fiscal que la carga con la droga llegó como entre las dos y tres de la madrugada, que sus pilotos le dieron cuenta del éxito del viaje, le contaron que los trataron bien y que la descarga fue realizada por pistoleros del Chapo y por efectivos de la Policía Federal, quienes subieron la droga en camionetas Suburban y se la llevaron.

–¿En cuánto tiempo le entregaron la droga en Los Ángeles? –quiso saber la fiscal.

–En menos de una semana –contestó Chupeta. Según el colombiano, los otros narcos mexicanos con quienes colaboraba entonces tardaban un mes o más en pasar su cocaína a Estados Unidos.

 

“Tololoche”

En la audiencia del 26 de noviembre, Tololoche acusó a El Chapo de narcotráfico, soborno a autoridades, lavado de dinero y de haber perpetrado cuatro intentos de asesinato en su contra. “Trabajé para el señor Guzmán en el narcotráfico de 1986 a 1998”, dijo Martínez Martínez al ser interrogado por Michael Robbotti, otro de los siete fiscales del Departamento de Justicia.

“Para el señor Guzmán cargué drogas, cocaína, mariguana y heroína, sobre todo cocaína colombiana… muchas toneladas que él enviaba a Los Ángeles… el 100% de la cocaína llegó a Estados Unidos, 55% era de cárteles de Colombia y el 45% del señor Guzmán”, aseguró Tololoche ante el jurado. Además, hizo un recuento del tipo de relaciones que tenía El Chapo con narcotraficantes colombianos de los cárteles de Cali y Medellín y de los métodos para hacer llegar a México los cargamentos de droga que se enviarían a Estados Unidos.

Le contó al jurado la relación del Chapo con los hermanos Arturo y Héctor Beltrán Leyva, con Amado Carrillo Fuentes y con Miguel Ángel Félix Gallardo, entre otros capos mexicanos. Tololoche se encargó de mencionar, por primera vez en el juicio, el nombre del abogado Huberto Loya Castro, operador de El Chapo con los colombianos y a quien el gobierno de Estados Unidos califica como representante legal del Cártel de Sinaloa.

Al hablar de corrupción por narcotráfico en sus años como gerente del negocio de El Chapo, Tololoche narró la relación de su jefe con Guillermo González Calderoni.

“El señor Guzmán tuvo una relación desde siempre con González Calderoni, desde 1987 cuanto empecé a trabajar con él hasta que el otro se fue de la policía (federal) a principios de 1991 o 1992; era su amigo, decía (El Chapo) que era un policía muy inteligente”, dijo.

A los abogados de Guzmán –Eduardo Balarezo, Jeffrey Lichtman y William Purpura– parecía no preocuparles lo que contaba Tololoche. En ocasiones El Chapo y el testigo intercambiaban miradas de odio.

Purpura, quien con sus gestos y comentarios sarcásticos pone en aprietos a los testigos del Departamento de Justicia, obligó a Tololoche a que admitiera que odia al Chapo, presuntamente por los cuatro intentos de homicidio en su contra. El abogado de Guzmán forzó al testigo a decir que fue adicto a la cocaína y que por inhalar mucho de ese alcaloide se le perforó el tabique nasal y tuvo que ser sometido a un injerto de cartílago.

Sin dejar de sonreír maliciosamente ante el jurado, Purpura estableció con sus preguntas y con las respuestas que le dio Tololoche, que éste es un testigo prejuiciado y tendencioso.

Como colofón, Purpura incluso puso en entredicho que fuera cierto que a Tololoche lo hayan intentado asesinar cuatro veces por órdenes de Guzmán.

 

Interés a la baja

Para la tercera semana del juicio la atención de la prensa internacional y del público había mermado. El 26 de noviembre sólo unos cuantos reporteros despistados madrugaron para hacer fila y entrar a la Corte cuatro horas antes de que arrancaran las sesiones.

El 29 de noviembre, por mera precaución para asegurar lugar dentro de la sala del juez Cogan, unos 30 reporteros llegaron dos horas y media antes de la audiencia. Hasta Emma Coronel dio señales de fatiga.

En dos de las cuatro audiencias de la semana pasada, la esposa de El Chapo dejó de calzar tacones altos y optó por zapatillas bajas. Y en dos sesiones, al darse cuenta de que su marido estaba más ocupado en mirar con desprecio al Tololoche que hacerle gestos de cariño a ella, decidió abandonar la sala una hora antes de que el juez decretara el receso del almuerzo.

–¿Te impresionó la cara de Chupeta? –preguntó el reportero a Emma Coronel durante uno de los recesos del juicio el 29 de noviembre.

–No me impresionó.

–Se le ve deforme.

–Se desgració, aunque se escuche muy grosero –remató Emma.

Este lunes 3, y probablemente hasta el jueves 6, Chupeta seguirá sometido a las preguntas de Goldberg y a las de la defensa. El excapo colombiano tiene mucho que contarle al jurado sobre la relación criminal que tenía con su contraparte mexicana.

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