Angélica Rivera: adiós al glamour del poder

Quien hasta el mes pasado fue primera dama de México, Angélica Rivera, parece haberlo perdido todo: ya no vivirá en Los Pinos, no tiene Casa Blanca, su antiguo lugar de trabajo –Televisa– le da largas y, según diversas versiones, hasta su matrimonio con Enrique Peña Nieto llega a su fin. Ahora La Gaviota peregrina en busca de un proyecto –un libro, tal vez una serie en Netflix– que la reconcilie con un público que alguna vez la admiró.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Sin el poder de Los Pinos, sin el carisma ni la popularidad que tuvo antes y sin el respaldo de Televisa –la empresa que la promovió para ser la “imagen” del Estado de México y luego la novia y esposa de Enrique Peña Nieto–, Angélica Rivera, La Gaviota, está en busca de un guion para restaurar su dañada imagen tras el derrumbe del simulacro de romance y matrimonio con el expresidente.

Desde mediados de este año la relación entre ambos naufragaba ya entre la derrota político-electoral del 1 de julio y los rumores de divorcio. El 2 de agosto Enrique Peña Nieto redactó en sus cuentas de Facebook e Instagram este mensaje de felicitación a su esposa, mientras él vacacionaba en Punta Mita, Nayarit:

“Muchas felicidades en su cumpleaños a quien me ha regalado ya 10 años de estar juntos y de compartir muchas vivencias que dejan huella. Angélica, te deseo todo lo mejor en la vida, salud y muchas alegrías. Gracias por tu entrega y dedicación a nuestra familia. ¡Que Dios te bendiga!.”

Más que cercanía, el texto sugería una despedida. Para nadie en el entorno íntimo de Peña Nieto y Rivera era ya un secreto la distancia física, política y emocional entre la pareja.

Durante todo el sexenio la relación entre ambos fue todo lo contrario a una telenovela rosa: desencuentros políticos, diferencias entre sus hijos, el escándalo de la Casa Blanca, el despido del vocero David López –quien nunca tuvo una buena relación con la primera dama–, otro escándalo por el departamento en Miami de La Gaviota, tensión protocolaria, viajes dispendiosos al extranjero, agresiones del Estado Mayor Presidencial a mexicanos que captaron en París a la entonces primera dama.

Sus últimas apariciones fueron acartonadas, casi obligatorias, como la ceremonia del Grito de Independencia del pasado 15 de septiembre, cuando ambos aparecieron por última vez en el balcón central del Palacio Nacional, acompañados de sus hijos. 

Y el 27 de noviembre, en su brindis de despedida para el gabinete, los encargados del protocolo modificaron el plan original: se retiró la invitación a los cónyuges. Angélica Rivera estuvo ausente. 

Libro o serie de Netflix

En días recientes, distintos medios de la farándula y personajes allegados a La Gaviota han sugerido que la exprimera dama pretende escribir un libro donde “contará sus experiencias” al lado de Peña Nieto, buscará producir una serie sobre su vida en Los Pinos y tiene planes de regresar a protagonizar telenovelas en Televisa o TV Azteca, pero no en el corto plazo.

De hecho, la empresa de Emilio Azcárraga Jean la ha borrado de las pantallas y no ha vuelto a mencionar nada de quien fuera su estrella de telenovelas en los noventa. Sólo el canal de televisión de paga de Televisa que reproduce viejos melodramas anunció el reestreno de Destilando amor.

El programa Ventaneando, de TV Azteca, comentó en días pasados que Angélica Rivera ha recibido propuestas para volver a la actuación, pero “regresará cuando algo le guste”, quizá en 2021.

En su canal de Youtube, el conductor de espectáculos Pedro Solá citó una anécdota de Angélica Rivera, cuando se “escapó” del Estado Mayor Presidencial y quiso ir a “comer unos tacos en Las Lomas” de Chapultepec. “¿Cuál sería su sorpresa que al llegar a la taquería, el del trompo de los tacos al pastor, o el de la cocina, eran elementos del hoy desaparecido Estado Mayor Presidencial”, comentó Solá para ejemplificar la “prisión de oro” en la que vivió la actriz.

Rivera ha intentado “vender” su biografía como primera dama lo mismo para una casa editorial que para la plataforma de series on line Netflix. Versiones de esta compañía indican que la exprimera dama le propuso al director Manolo Caro, creador de La casa de las flores, que dirigiera una serie sobre su vida. 

Paradojas del mundo de la farándula: Manolo Caro es el mismo joven que dirigió a Verónica Castro, excuñada de Angélica Rivera, en su retorno a la pantalla con La casa de las flores, estrenada en agosto de este año, tras casi una década de “veto” a la protagonista de telenovelas mundialmente famosas, como Los ricos también lloran.

Verónica Castro dejó de aparecer en la pantalla de Televisa cuando se atrevió a cuestionar en la revista Hola! la apresurada anulación matrimonial de Angélica Rivera y su hermano, el productor José Alberto El Güero Castro. Años después, en febrero de 2016, Proceso y Aristegui Noticias documentaron la trama eclesiástica y política que le permitió a la actriz de Televisa simular una boda en la catedral de Toluca.

En esta trama, el excardenal Norberto Rivera decidió castigar al sacerdote José Luis Salinas por haber “simulado” un enlace matrimonial entre Angélica Rivera y El Güero Castro en una playa de Acapulco, pero ignoró la validez de una boda auténtica realizada en la Ciudad de México, el 2 de diciembre de 2004, en la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima, en la colonia Roma.

El sacerdote de la orden teatina Ramón García López, quien ofició la ceremonia del sacramento del matrimonio católico entre Rivera y Castro, confirmó a Proceso que la boda de aquel 2 de diciembre de 2004 fue auténtica y, por tanto, nunca se anuló, según los distintos especialistas en derecho canónico consultados.

El simulacro llegó a tal grado que aquella “boda del año” entre Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto, realizada en la catedral de Toluca el 27 de noviembre de 2010, en realidad sólo fue “una bendición”, según confió a sus colaboradores cercanos el obispo de Atlacomulco, Juan Odilón Martínez, quien concelebró esta misa que se hizo pasar por matrimonio.

Reina de la moda

En su más reciente edición, del jueves 6, la revista Hola! publicó un extenso publirreportaje: 20 páginas de elogios y culto al “elegante estilo” de Angélica Rivera, a quien considera parte de un selecto “club de primeras damas”, como Juliana Awada, Brigitte Macron, Melania Trump o María Clemencia de los Santos.

En el “balance de su papel institucional”, la revista Hola! ignoró las polémicas de Angélica Rivera –el escándalo de la Casa Blanca, las constantes críticas  por el dispendio de sus viajes al extranjero– para privilegiar el halago por su estilo de vestir.

Para Hola! la principal herencia de la exprimera dama no es su papel frente a las víctimas de la delincuencia o su presunto apoyo a la infancia, sino las marcas de sus diseñadores de vestuario, los “colores sobrios”, la “discreción de los escotes” y su presunto “duelo de estilo” con la reina Letizia de España.

Nada hay en el elogio de esta afamada revista de sociales que represente una mínima autocrítica o una disculpa de Angélica Rivera a la sociedad mexicana, que acabó por cuestionar los excesos y la frivolidad de este simulacro de pareja.

Según ese reportaje, la exprimera dama confundió su papel de figura pública con una pasarela de vestuario: “La confianza que depositó en la moda nacional a lo largo de estos últimos años permitió a la primera dama de México atinar la mayoría de las veces en sus estilismos (sic) durante sus viajes al extranjero con su esposo, y responder con elegancia a los ‘desafíos estilísticos’ de otras esposas de mandatarios y personalidades de la realeza”.

Operación “mea culpa”

Desde antes de dejar la Presidencia, Peña Nieto y Angélica Rivera protagonizaron los últimos momentos de “arrepentimiento” y gratitud, en medio de la documentada lejanía entre ambos.

En vísperas de su último informe de gobierno, en una entrevista con Televisa, Peña Nieto modificó su versión original del escándalo de la Casa Blanca. El 21 de agosto pidió “perdón” a la teleaudiencia por “no haber explicado con suficiencia” este caso, que provocó la salida de Carmen Aristegui y de su equipo de MVS.

En entrevista con Denise Maerker, Peña Nieto confesó que se arrepentía de “haber involucrado” a Angélica Rivera, “porque creo que a ella le dejó también un mal sabor”. La Casa Blanca fue “un tema” que ha sido “difícil superar en todo este tiempo. Sigo pensando que no hubo conflicto de interés”. 

En su duelo de halagos y disculpas públicas, Angélica Rivera afirmó el 21 de agosto, en un evento para galardonar a los creadores mexicanos por su aportación artística en la cinematografía nacional: 

“Siempre tuve el deseo de que se reconociera el trabajo de los actores y de los creadores de la cinematografía. Con este premio se está dejando un legado muy importante a las grandes trayectorias.”

Dirigiéndose a Peña Nieto, Rivera le agradeció, en medio de sonrisas congeladas de los asistentes, “por toda tu ayuda y por tu gran sensibilidad para apoyar el arte y el talento que ha dado México y que nos ha hecho sentir tan orgullosos… hasta te casaste con una actriz.

“Te agradezco que hoy nuestros actores de México tengan seguro popular”, remató Rivera, quien no ocultó su distanciamiento ante el primer mandatario, sobre todo a raíz del escándalo de la Casa Blanca, que le costó a ella toda su popularidad.

Antes de esta aparición pública ocurrió un hecho bochornoso en la avenida Montaigne, una de las zonas más exclusivas de París, a dos cuadras de la avenida Campos Elíseos. El periodista y productor Paco Cobos grabó el 6 de agosto imágenes de Angélica Rivera comiendo con sus hijas en una terraza parisina, pero fue hostigado por los guaruras de la exprimera dama, quienes lo obligaron a borrar las imágenes. Así lo relató Cobos en su cuenta de Youtube.

Al conocerse las imágenes de su estancia en París, las reacciones de muchos usuarios de las redes sociales volvieron a demostrar que la caída del sexenio de Peña Nieto estuvo acompañada con una acelerada caída del afecto y de la popularidad de La Gaviota.

La historia de esta telenovela política no tuvo final feliz ni para él ni para ella. Pero la exestrella de Televisa aún anda en busca de guion para restablecer una imagen que difícilmente pueda separarse de la tragicomedia sexenal.

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