“El diccionario” de María Moliner

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- María Moliner, bibliotecaria, filóloga y lexicógrafa española, fue autora del diccionario para el uso del español más importante, equiparado al de la Real Academia Española (RAE),  al que dedicó 15 años de su vida.

Su ímpetu y entrega, su vida y su circunstancia, están reflejados con maestría en la obra teatral del español Manuel Calzada Pérez y el montaje que la Compañía Nacional de Teatro llevó a escena en el 2016 bajo la dirección de Enrique Singer, protagonizada por Luisa Huertas, y que ahora hace una temporada más en la sede de la Compañía.

María Moliner realizó una labor titánica desafiando a la RAE al proponer un diccionario donde las palabras se enriquecían, los significados se ampliaban y el cual contenía una actualización, que la RAE realizó posteriormente. A pesar de este diccionario monumental y por el hecho de ser mujer, la RAE negó su candidatura para formar parte de la Academia. Años después quiso compensar esta vergonzosa actitud, otorgándole un reconocimiento que ella rechazó.

El diccionario aborda el universo de María Moliner desde varias perspectivas. La biográfica, a través de la cual conocemos sus relaciones sentimentales, su entrega profesional y sus problemas de salud; la histórica, que nos ubica durante el triunfo del franquismo y sus implicaciones; y el plano lingüístico, donde ella reflexiona sobre el sentido de las palabras, los matices de expresión y el lenguaje como llave de la igualdad. Un diccionario para todos. Propone, por ejemplo, definiciones diferentes de matrimonio, dictadura y libertad, siendo esta última con la que se abre y cierra la obra.

Teatralmente, la obra de Manuel Calzada nos coloca en tres espacios escénicos: La casa de María Moliner, porque ella escribió el diccionario en la mesa del comedor –no en un estudio ni en una oficina– y la cual llenó de fichas, notas, papeles, hojas y cuadernos. El consultorio médico en el que se le diagnostica la arterioesclerosis cerebral y que muchos años después la sumió en el silencio. Y el podio en el que dicta una conferencia con motivo de la publicación de su diccionario. Los personajes transitan con facilidad en el espacio escénico diseñado por Auda Caraza y Atenea Chávez, de gran belleza, lleno de significados y armonía dentro del caos.

Otra herramienta fundamental para contarnos su historia son los saltos del tiempo que el director desarrolla con habilidad y sabiduría. Si María Moliner está en el consultorio con su médico hablándole  de la hazaña que está realizando y por la que él la diagnostica en principio como loca, regresa al podio a continuar su exposición acerca de las características de su diccionario, para luego ir a su casa a tratar de iniciar la revisión para la segunda edición del diccionario, frustrando el brindis con champagne que su esposo le tiene preparado por el fin del proyecto.

Los rompimientos de tiempo, que permiten ver de manera poliédrica la vida y labor de María Moliner son resueltos con profundidad por Luisa Huertas, quien transita de la madurez de esta mujer a su juventud y a su vejez. A través de su interpretación verbal y su expresión corporal, el espectador llega a emocionarse y a recibir una lección de vida y de saber, expuestos desde la sencillez lúcida que caracteriza a María Moliner. También son de gran veracidad los actores que la acompañan: Roberto Soto, como el médico; Oscar Narváez, como el esposo de mayor edad y Eduardo Candás, como el esposo joven.

El diccionario es una obra que el espectador se lleva en el pensamiento y en el corazón. Salimos hablando de ella, pensándola y sintiéndola, para después soñarla otra vez.

Esta reseña se publicó el 20 de enero de 2019 en la edición 2203 de la revista Proceso.

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