México y España ante Venezuela

Decenas de personas protestan afuera de la embajada de Venezuela en México. Foto: AP / Marco Ugarte Decenas de personas protestan afuera de la embajada de Venezuela en México. Foto: AP / Marco Ugarte

MADRID (apro).- Cuando el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se reúna el próximo miércoles 30 con su homólogo Andrés Manuel López Obrador, en su visita oficial a México, sin duda el tema más candente y complejo de la agenda común será la crisis en Venezuela.

Al encuentro en Palacio Nacional, ambos líderes llegan con posiciones discrepantes sobre cómo abordar el asunto y tienen previsto una declaración conjunta de su reunión, sin que hasta ahora se conozca si alguno de los dos modificará su postura ante la crisis en el país sudamericano.

Sánchez hizo un llamado este fin de semana al gobierno de Nicolás Maduro a convocar a elecciones democráticas, bajo los parámetros internacionales, en un plazo de ocho días. De lo contrario, España reconocerá al presidente provisional Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional venezolana.

En esa demanda no está solo: comparten la misma postura los gobiernos de Alemania, Francia, Portugal y Reino Unido, entre otros países europeos. Y la fecha se cumplirá el 3 de febrero.

Los primeros días después de que Guaidó se autoproclamara presidente provisional y recibiera el espaldarazo de Estados Unidos y de diversos países, el presidente Sánchez se mostró cauteloso a la espera de que el bloque europeo fijara una posición.

Pero durante su viaje a Davos, donde participaba en el Foro Económico Mundial, fue redefiniendo su posición tras reunirse con los mandatarios de Ecuador, Colombia y Costa Rica, países miembros del Grupo de Lima, y que son muy críticos con Maduro.

Estas tres naciones manifestaron su adhesión al líder opositor, pidieron a España que estuviera con ellos y que trabajara “activamente en la conformación de una posición por parte de la Unión Europea”.

Desde Davos, Pedro Sánchez se comunicó por teléfono con Guaidó para trasladarle su “coraje” y subrayarle la legitimidad a la Asamblea Nacional. Este reconocimiento de Guaidó como líder puso aún más contra las cuerdas a Maduro, quien hizo declaraciones descalificando al español por su exigencia.

A la par, los embajadores europeos continuaron su discusión en el Comité Político y de Seguridad de la UE, tratando de orientar una posición común.

Por su parte, López Obrador fue cambiando su postura. Primero anunció que México se acogía al principio de no intervención sobre la situación en Venezuela. “Nuestra postura es la misma: no nos vamos a mover de ahí, tenemos que ser respetuosos”, dijo en su conferencia matutina.

Luego, si bien defendió que la posición de no intervención se basaba en la Constitución mexicana, matizó sus dichos al abrir la puerta a la intermediación de México y Uruguay entre las partes en conflicto, al ser los únicos que no secundaron el reconocimiento como presidente interino del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó.

Sin embargo, la postura mexicana se quedó absolutamente sola al no existir un reconocimiento como mediador. El propio Guaidó declaró al diario El Universal que no podía haber diálogo con Maduro, ya que no respetó ningún parámetro democrático en la pasada elección, y lo llamó “usurpador”.

Fuentes oficiales en España aspiran a que el encuentro entre Sánchez y López Obrador –al ser el primer presidente que es recibido por el mexicano, y los dos ser líderes progresistas– derive en “iniciativas constructivas” que apoyen una mejora sensible a la situación venezolana.

Estas mismas fuentes consideran que a los dos países les interesa Venezuela, como para no hablar de la actual situación, y que ambos gobiernos son sensibles a la crisis que vive este país, para impulsar iniciativas que puedan ayudar al pueblo del país sudamericano.

No se conoce aún el contenido de los planteamientos que hagan los dos presidentes en su encuentro privado la mañana del miércoles, pero el ánimo parece estar orientado a que haya una salida dialogada, pactada y política.

Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, México consiguió una declaración conjunta con España, en abril de 2017, durante el gobierno del conservador Mariano Rajoy.

En esa ocasión, el entonces canciller Luis Videgaray emitió una declaración con España para condenar la violencia que se estaba produciendo en ese momento en Venezuela, y exigieron que se solucionaran las diferencias por medio del diálogo.

En este viaje de Sánchez a México, otro tema que discutirán los Ejecutivos, y en el que se espera haya acuerdos conjuntos, es la instrumentación de medidas para paliar la actual situación de violencia y pobreza en los países de Centroamérica.

López Obrador propuso una iniciativa para impulsar el desarrollo integral en la región, y en su primer día como presidente firmó un tratado con el Triángulo Norte de Centroamérica para frenar el fenómeno migratorio.

Durante una comida con 24 jefes de Estado –luego de su toma de posesión, el 1 de diciembre pasado–, el mexicano firmó un plan de desarrollo integral con sus homólogos de Guatemala, Jimmy Morales, y de Honduras, Juan Orlando Hernández, así como el vicepresidente de El Salvador, Óscar Samuel Ortiz Ascencio.

Durante años España ha tenido una política de cooperación en la zona que se vio afectada por la crisis económica en el país. Pero todo indica que el presidente Sánchez desea retomar y probablemente asuma compromisos conjuntos con México para el desarrollo en Centroamérica.

Este no es un viaje cualquiera para Sánchez, que busca potenciar la relación entre dos gobiernos de corte progresista. Tampoco es casual que el presidente español sea el primer mandatario extranjero que es recibido por López Obrador, después de la toma de posesión.

Este viaje coincide con los 80 años del exilio español, y por ello habrá un evento en el Colegio de México, institución que se fundó en 1940, teniendo como antecedente la Casa de España, donde llegaron muchos intelectuales que luego se quedaron a vivir en México. Este exilio llevó al país de América a unos 120 o 125 mil españoles.

También tendrá un carácter económico, porque, según fuentes gubernamentales, para España, México es un mercado de primera magnitud, por eso es el segundo inversionista (con unas 6 mil 200 empresas españolas afincadas en México), y la relación se percibe como una alianza estratégica entre países socios.

México es el primer mercado para las exportaciones españolas y el quinto fuera de la Unión Europea, con un volumen de 8 mil 500 millones de euros en 2017, que son las últimas cifras oficiales.

Pero la relación es muy equilibrada, porque México se convirtió en el quinto inversionista en España.

El presidente Sánchez acude con 25 de las principales empresas españolas con presencia en México.

En un desayuno que se ofrecerá el jueves 31 se prevé la presencia de unos 120 empresarios españoles de distinto tamaño, además de empresarios mexicanos.

Asimismo, Sánchez será recibido por el gobierno de la Ciudad de México, acto en el que la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, le entregará las llaves de la ciudad, entre otros actos que se desarrollarán.

Un viaje que puede robustecer la relación entre ambos países, que se da en distintos campos –incluidos profundos y permanentes acuerdos en los órganos multilaterales–, pero también puede mostrar algunas discrepancias.

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