Diálogo entre Gramsci y Morena, fantástico

Andrés Manuel López Obrador, fundador de Morena y actual presidente de México. Foto: Especial Andrés Manuel López Obrador, fundador de Morena y actual presidente de México. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Tengo el gusto de reproducir un breve y reciente diálogo entre Antonio Gramsci -en su existencia etérea actual- y Morena -en cuya representación colectiva, intervienen personajes de la literatura fantástica de Tolkien (no se sabe si elfos de úmanyar u otros armados). Es un diálogo que se da en un lugar de incierto nombre, pero agradable y de buen clima.

Gramsci: ¡ah, que bien se siente estar en la superficie, que frescura! Estoy de plácemes pues se me ha autorizado salir para participar en este diálogo, más tengo el tiempo limitado, sépanlo.  Buenas noches Morena, un gusto conocerte, ¿qué tal todo?

Morena: ¡qué honor para nosotros el saludarlo! Nunca pensamos tener esta oportunidad única en su tipo. Debe saber que hemos seguido sus consejos, sobre todo aquéllos que escribió en “El Moderno Príncipe”, que es una maravilla; estamos tan agradecidos… Hemos sido fieles a su texto y evitado caer en el romanticismo ingenuo de algunos de sus intérpretes negadores de su vinculación con el leninismo; pero claro, hemos tenido que ajustar, que adaptar algunas de sus ideas Gramsci, al contexto actual -donde prevalece el neoliberalismo hegemónico- en esta etapa de arribo al poder, posibilitada por la total pérdida de adhesión de los grupos sociales a los partidos tradicionales, con motivo de una “crisis orgánica” de enorme peligro.

Pero dichos ajustes son transitorios, meramente preparatorios de la superior civilización por venir, de poder indiviso, con sus relaciones económicas, morales y jurídicas de nuevo cuño materialista, una vez enterradas las anteriores, tal como usted lo recomienda. Disculpe Gramsci por extendernos tanto.

Gramsci:  no hay problema. Es verdaderamente alentador saber que mis concepciones siguen vigentes en el Siglo XXI, mas ello es natural pues ese su arribo al poder es una “necesidad histórica”, porque detrás de la espontaneidad mítica, hay de veras, créanmelo, un “máximo determinismo”. ¡Qué gratos recuerdos me trae mi escrito del “Moderno Príncipe”! Ese Maquiavelo en el que me inspiré, es genial, un artista consumado que hace encarnar la política toda en el mito. Su Príncipe representa la “voluntad colectiva”, el mío una cosa parecida…

Morena: sí Don Antonio, efectivamente nuestra transformación es un hecho inexorable, aún antes de su existencia práctica, real; muchos no lo entienden, pero vamos a instruirlos moral e intelectualmente -como usted bien lo indica- para que conozcan esa necesidad. Sabemos que su moderno Príncipe, es la voluntad colectiva hecha partido de masas. Pero es precisamente aquí, donde nos vimos obligados a realizar un ajuste exigido por factores reales. En tanto alcanza concreción plena la voluntad colectiva en el partido, aquélla encarna ahora en una persona concreta de gran arrastre.

Otro ajuste que olvidábamos comentarle, es el de la adopción por ahora, de lo que llamamos nosotros: “neoliberalismo selectivo”, con un consejo asesor de aliados multimillonarios, muy dispuesto al colaboracionismo, junto con la realización mixta de obras de infraestructura que afectan al medio ambiente, a pueblos de campesinos, a comunidades indígenas intransigentes, pero obras en fin que son muy atractivas para estos aliados de ocasión, anhelantes de dinero y progreso. Ni modo, dos pasos adelante y uno atrás.

Gramsci: no me parecen mal tales ajustes, aunque les preguntaría si se está llevando a cabo una de las tareas fundamentales a la que debe dedicarse el partido: la “cuestión de una reforma intelectual y moral, …la cuestión religiosa o de una concepción del mundo”, de un materialismo absoluto, en sustitución de todo lo previo.

Morena: sí claro, esa tarea para nosotros admirado Gramsci, es clave. Ya dimos comienzo a su cumplimiento… con una cartilla laica combinada con un dejo bíblico cristiano-protestante, como especie encandiladora de táctica dilatoria; además contamos ya con un fondo editorial cuya dirección es muy afín a la concepción del mundo a la que se refiere usted Gramsci.

Gramsci: ¡qué bien sin duda!  Por otro lado, no deben olvidar nunca que el partido -parte fundamental del “espíritu estatal”-, ocupa el lugar de la divinidad, y que ello es el basamento de la radical “laicización” de toda vida y costumbre.

Morena: eso nunca lo olvidaremos, se lo prometemos formalmente, Gramsci. Pero díganos, se lo suplicamos, qué debemos hacer con quienes masivamente nos han brindado esperanzados su adhesión incondicional, a tal grado que como usted reseña en su texto, se exaltan ante los más pequeños actos internos del partido -a transformarse en Estado- mismos que tienen para ellos “un significado esotérico”, saturado de “místico entusiasmo”. ¡Qué maravilla!

Gramsci: ¡ah qué alivio que nunca lo olviden! Miren para contestar a su amable pregunta, hablemos en plata, la masa es como digo en mi texto, “simplemente de maniobra, y se la mantiene ocupada con prédicas morales, con estímulos sentimentales, con mesiánicos mitos de espera de épocas fabulosas, en las cuales todas las contradicciones y miserias presentes serán automáticamente resueltas y curadas”. Lo importante, recuerden, es el advenimiento de una nueva civilización hegemónica para felicidad de nuestros aliados, y del dictado implacable del proletariado frente a los adversarios.

Morena: ¡qué enseñanzas, qué claridad y franqueza! Gracias Don Antonio, de nuevo, gracias. Perdone, nos puede indicar ahora por favor, las condiciones básicas, mejor, los elementos con los que debe contar el partido para que perdure indestructible. ¿Pero, no estamos abusando de su valioso tiempo?

Gramsci: sí, por desgracia el tiempo se agota. ¡Ay el tiempo amigos, qué misterio, qué fugaz en un aspecto, y qué interminable y sombrío en otro! Pero bueno, contesto con entusiasmo a su atinada pregunta. Resumo los elementos de un partido indestructible, pues ya me están demandando que vuelva a mi círculo infernal. En primer lugar, “un elemento indefinido, de hombres comunes” que brindan su disciplina y fidelidad como participación, sin capacidad de organización en su estado actual, sin los cuales el partido no existiría, pero éste a la vez no podría existir solamente con ellos. Después tenemos el elemento fundamental del partido para perdurar en el poder: el de “cohesión principal centralizado”, el único capaz de transformar en potencias formidables las fuerzas antes desparramadas; la división de poderes, por cierto, es un inservible estorbo liberal. En suma, este elemento centralizado, indispensable, está constituido por los capitanes del partido.

Un tercer elemento puente, medio, que pone en contacto al primero y al segundo, es la creencia férrea, ciega, de que es necesaria, inexorable una “determinada solución de los problemas vitales”, de que no hay otro camino. Este elemento posibilita al segundo, muy pequeño en número, su regeneración, en su caso. Es la “herencia, el fermento” que permite a los capitanes el regenerarse de tiempo en tiempo… Y otro elemento que no debe descuidarse, es el de la participación militar en el proceso político, que por lo general es lento y complicado.

Morena: Le decimos con satisfacción Gramsci, que con esos elementos en lo básico, ya cuenta el partido, claro, con su capitán a la cabeza. Pero finalmente, díganos si no es molestia, qué papel juega el derecho en el proceso.

Gramsci: ¡qué adelantados están! Pero, antes de abordar su última cuestión, debo preguntarles porqué tienen esos rostros de literatura fantástica, esperando no contrariarlos con mi pregunta curiosa. Eso dicho, contesto: primero que nada, la nueva concepción del derecho debe ser “liberada de todo residuo de trascendencia y de absoluto, de todo fanatismo moralista…, sin embargo, el Estado debe ser concebido como educador, en cuanto tiende a crear un nuevo tipo de civilización”. ¿Está claro, no? Nada de derecho natural. El derecho deja de fundarse en la moral tradicional para convertirse en el “aspecto represivo y negativo” de la acción estatal; el partido también juega el papel de policía, recuérdenlo. Con esto termino, despidiéndome con añoranza, y esperando un ulterior diálogo, en el que me deberán hablar de tú, se los ruego.

Morena: sin duda nos hablaremos de tú, incluso ya desde ahora pues hay confianza; nos despedimos querido Toño con agradecimiento y veneración infinitos. Debes saber que ya hemos tomado medidas en el campo del nuevo derecho, con una guardia nacional constitucional en la que los militares juegan importante papel en seguridad pública, con la institución penal de la prisión preventiva oficiosa, con la claudicación de los organismos autónomos que dejan de serlo por ello,  con una ideología de género incorporada ya en la legislación nacional, ideología que destierra por fin tradiciones católicas de larga historia milenaria, como la de la familia natural. En otra ocasión Gramsci, te explicaremos lo que muestran nuestros rostros. ¡Adiós Toño querido, etéreo Gramsci!

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Espero que este diálogo -no apto para ingenuos- haya sido de su agrado. Hasta el siguiente que será entre un hobbit nacionalizado, de nombre Frido y Thomas Piketty, genial economista francés que últimamente ha hablado de una propuesta seria, fundada, innovadora y audaz que beneficia a las mayorías y a la clase media, lanzada por la precandidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, profesora de mi querida Escuela de Derecho de Harvard, Elizabeth Warren, adversaria acérrima del siniestro, racista y nada respetable trumpismo, protector de unos cuantos, del 0.1%. (Dedico este texto a un joven matemático de treinta años, brillante, egresado de la facultad de ciencias de la UNAM, quien se sirvió sugerir la forma de diálogo para expresar el pensamiento analítico).

 

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