En enero, por desabasto de gasolina, la contaminación bajó a niveles de hace 20 años: Greenpeace

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Aunque provocó molestia en miles de automovilistas capitalinos, el desabasto de gasolina a principios de enero pasado por el “combate al huachicoleo” también generó días más limpios, pues el 80% de éstos estuvo por debajo de los límites máximos de contaminación establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en los últimos 20 años.

Según el reporte “La verdadera consecuencia del desabasto de gasolina”, elaborado para Greenpeace México por Jorge García Franco, licenciado en Ciencias de la Tierra por la UNAM, maestro en Investigación Climática y Ciencias Atmosféricas por la Universidad de Leeds en Reino Unido y alumno de doctorado en el departamento de Física de la Universidad de Oxford, durante el periodo del desabasto -del 8 al 26 de enero pasados- se observó una “notable disminución” en 5 contaminantes principales: óxidos de nitrógeno NOx (NO+NO2), monóxido de carbono (CO) y material particulado menor a 2.5 y 10 micrómetros (PM2.5 y PM10 ).

El estudio fue realizado a partir de la revisión estadística de las concentraciones de contaminantes en 18 estaciones del Sistema de Monitoreo Atmosférico de la Ciudad de México de los últimos 20 años.

Y es que, apenas iniciaba el 2019, el presidente Andrés Manuel López Obrador ordenó acciones a nivel federal para combatir el robo de combustible, mejor conocido como “huachicoleo”, principalmente en la zona centro del país.

Las medidas interrumpieron el sistema de distribución del líquido en pipas hacia la Ciudad de México lo que, en pocas horas, generó largas filas de autos afuera de las gasolinerías en espera de llenar los tanques. Hubo quienes esperaron más de un día.

La falta de combustible y la dinámica laboral de la ciudad obligó a miles de conductores a dejar sus autos en casa y utilizar el transporte público para ir a sus centros de trabajo. El Metro y el Metrobús tuvieron incrementos de hasta 7% en el número de usuarios.

Aquella fue la primera situación de crisis en la capital para el gobierno federal, pero especialmente, para la administración de Claudia Sheinbaum. De hecho, la Secretaría de Seguridad Ciudadana tuvo que ordenar un operativo para garantizar el orden y la seguridad en las estaciones de servicio y evitar riñas entre los conductores. Además, destinó patrullas para escoltar a las pipas y asegurar que llegaran a salvo a surtir las gasolineras.

 Los resultados

Según el reporte elaborado por García Franco, durante el desabasto de combustible en la capital, las concentraciones promedio de monóxido de carbono y los óxidos de nitrógeno fueron menores a cualquier otra observada en las últimas dos décadas. En varias estaciones, tanto el CO como los NO disminuyeron más de 1.5 partículas por millón (ppm) y 22 partículas por billón (ppb), respectivamente.

Jorge García Franco, estudiante de doctorado en el departamento de Física de la Universidad de Oxford. Foto: Especial

Jorge García Franco, estudiante de doctorado en el departamento de Física de la Universidad de Oxford. Foto: Especial

Además, el análisis de concentraciones de material particulado -entre el 8 y el 26 de enero para cada año- mostró que 2019 batió el récord para el menor porcentaje de días que supera el límite máximo establecido por la OMS.

“Por primera vez en 20 años, se respiró aire cuya calidad cumplió con los estándares de la OMS en más del 80% de los días”, aseguró el estudio.

Tan solo en 2018, en el mismo periodo señalado, sólo se cumplió con los estándares en 50% de los días. “Esta diferencia en el porcentaje de días implica que, durante el desabasto, se respiró aire bastante más limpio en la Ciudad de México”, destacó.

Según las estadísticas, en la capital mexicana se superan los límites de la OMS en más del 75% de los días y en lugares particulares, prácticamente todos los días se respira aire con peor calidad que lo recomendado por el organismo mundial. El caso del ozono es muy similar.

Uso del auto, la clave

Jorge García, autor del reporte, explicó que para obtener dichos resultados analizó las concentraciones de gases y partículas medidos por la Red de Monitoreo Atmosférico. En el proceso comparó las mediciones de 2019 con las de los últimos 20 años, sacando promedios diarios en cada estación, considerando la importancia del ciclo semanal sobre las mediciones y condiciones meteorológicas.

El resultado del análisis mostró que “difícilmente las condiciones de viento en superficie y altura, estado de la capa de mezcla y la temperatura superficial pueden explicar las concentraciones totalmente distintas durante el desabasto”.

Por el contrario, agregó, “la evidente mejora en los niveles de CO y óxidos de nitrógeno es fácilmente explicada por el desabasto de gasolina, ya que el transporte es el principal emisor de estos gases”.

En tanto, según el doctorante, las concentraciones de PM2.5, PM10, NOx y CO fueron “atípicamente menores a lo normal, la concentración de ozono fue particularmente alta”.

Luego, afirmó: “Muy probablemente, la disminución en contaminantes primarios derivados del menor flujo vehicular contribuyó a un aumento en la tasa de producción de ozono, siendo uno de los más altos en los últimos 20 años, lo que enfatiza la necesidad de considerar la compleja química atmosférica en las estrategias para mitigar emisiones”.

Transporte público, la opción

De acuerdo con el reporte “La verdadera consecuencia del desabasto de gasolina”, difundido por Greenpeace México, los resultados ejemplifican “lo sensible que es la calidad del aire al tráfico vehicular de la Ciudad de México y lo importante que pueden llegar a ser las estrategias de movilidad”.

Pablo Ramírez, responsable de los temas de Calidad del Aire del proyecto de Revolución Urbana de Greenpeace México, redondeó la idea:

“Esto visibiliza los cambios extraordinarios que experimentó la calidad del aire en la CDMX durante el periodo de escasez de combustible, lo cual fundamenta nuestra exigencia de mejorar y ampliar la infraestructura de transporte público, principalmente eléctrico, y no motorizado, con el objetivo de mejorar el aire que respiramos y reducir las emisiones de GEI que se generar por la forma en que nos movemos en las ciudades”.

Insistió en que “implementar estrategias que regulen el uso del transporte privado y desarrollen la infraestructura de transporte público, particularmente eléctrico, transporte no motorizado y peatonal que ofrezca alternativas limpias, seguras y eficientes de movilidad a la población tendrá doble beneficio en la mejora del aire que respiramos y en lograr los objetivos de México con el cambio climático”.

El desabasto de combustible que obligó a miles de capitalinos a usar el transporte público “fue un ejemplo de cómo se podría mejorar la calidad del aire a partir de cambios en las tendencias de movilidad en la Zona Metropolitana del Valle de México”.

Sin embargo, destacó la urgencia de que “no sea la casualidad, sino las decisiones de nuestras autoridades las que nos garanticen un modelo de movilidad en el que menos autos y más aire limpio sea la constante y no la excepción, que la afirmación de que respiramos aire limpio no se refiera a un corto y atípico periodo pasado, sino al presente, al día a día”.

 

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