Joaquín Achúcarro, el milagro

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La vida y los conocimientos biológicos que hasta hoy tenemos, nos hablan de que, normalmente (o muy mayoritariamente si se prefiere por aquello quien es el que determina lo normal), los seres humanos vamos perdiendo facultades, físicas sobre todo aunque las intelectuales también, en la medida que avanzamos en edad. Así, todo mundo puede entrarle al futbol, el basket, la lucha libre o el maratón a los 20, 30 años, pero no con la misma solvencia a los 40. 50.

No es el mismo pulso el de un cirujano cuarentón al de uno de 60,70 años. Por supuesto esto sucede en todas las áreas, y el arte y sus intérpretes y creadores no son excepción. Una Prima Ballerina muy difícilmente puede seguirlo siendo a los 60 o más años, y la voz de un cantante o actor tampoco mantiene la misma lozanía de juventud. Esto en lo general, como ya se dijo, pero desde luego que se dan excepciones. Pocas, claro, pero existen. De pronto, dentro de esas excepciones aparecen unas que se antojan auténticos milagros que, como tales, no sólo son rarísimos sino difíciles de contemplar. De hecho, muy pocos humanos pueden presumir de haber presenciado alguno.

Pues bien, algo que si no quiere calificarse como milagroso si, necesariamente, tiene que aceptarse como una rarísima excepción, pudimos no sólo presenciar sino escuchar y auténticamente disfrutar en el recién pasado concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional que, bajo la dirección de su titular, Carlos Miguel Prieto, tuvo como solista al piano a una auténtica leyenda, el español Joaquín Achúcarro.

Achúcarro saltó a la fama mundial en 1959 tras ganar el prestigiado concurso de Liverpool, Inglaterra. El dato es importante porque hace de esto la friolera de 60 años y, cuando lo ganó, contaba ya con 26 años; y 13 antes había ofrecido su primer concierto público acompañado de orquesta.

Entonces, si en 1959 tenía 26 años, eso quiere decir que cuando tuvimos la fortuna de escucharlo nuevamente y en plenas facultades, el maestro “apenas” cuenta con 86 años de edad.

Su consabida destreza y luminosidad que desplegó con su generosidad de siempre nos hacen, inevitablemente, pensar en que se trata de un auténtico milagro.

Y es que nada de común, de normal tiene que alguien ande por allí a los 86 años tocando el piano acompañado por algunas de las más reputadas orquestas y, menos aún, que lo haga en calidad de virtuoso.

Pero eso es justamente lo que hace el milagroso Joaquín Achúcarro, quien es maestro en la Universidad de Dallas en donde reside, se da tiempo de dar cátedra en los cursos de verano de la Accademia Chigiana de Siena, de la que fue alumno, y “sólo” estudia 5 horas diarias a su edad.

Por eso es que pudo darse el lujo de ofrecernos, con maestría, una pieza que no muchos pianistas, por buenos que sean, se atreven a abordar, el Concierto para la Mano Izquierda de Ravel y, como regalo para demostrar y más deleite del público que lleno la sala, que también con la derecha es diestro, el Claro de Luna de Debussy.

Increíble, milagroso o casi.  ¡Larga vida maestro Joaquín Achúcarro!

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