El sitio arqueológico La Quemada fue abandonado gradualmente, no por incendio o invasión: expertos

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El sitio arqueológico La Quemada, uno de los más misteriosos del país, ubicado en el centro del estado de Zacatecas, fue abandonado gradualmente, no por causa de un incendio como se piensa, afirmaron expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Avto Goguitchaichvili, responsable del Servicio Arqueomagnético Nacional (SAN) del Instituto de Geofísica (IGEF), campus Morelia de la UNAM, destacó que La Quemada es un lugar relevante para la historia de México, pues se le ha relacionado con Chicomóztoc, sitio por donde pasaron los mexicas en su viaje al Anáhuac, por lo que pudo ser un sitio de origen o descanso de nahuas, teotihuacanos, toltecas y tarascos.

Fotos: UNAM / Carlos Torreblanca y Avto Goguitchaichvili

Fotos: UNAM / Carlos Torreblanca y Avto Goguitchaichvili

De acuerdo con sus investigaciones, sí ocurrió un incendio en la cima del cerro, en torno a la Plaza de los Sacrificios, entre los años 854 y 968 de nuestra (siglos IX y X), pero la zona no fue abandonada hasta los años 1018 y 1163, cuando otro incendio afectó la parte baja.

Goguitchaichvili expresó que en el sitio donde se registró el segundo incendio estaba el salón de Columnas, un sitio ritual, por lo que el incendio pudo ser provocado como una ceremonia para clausurar el sitio.

“Si hubiera sido un problema bélico, ya se habrían encontrado los entierros, pero no hay restos humanos en abundancia, y tampoco fue una cuestión ritual, más bien, creemos que el segundo incendio fue una ceremonia para clausurar el sitio”, detalló.

Aunque se creía que el lugar había sido abandonado por un gran incendio o por una invasión, los  expertos de la máxima casa de estudios aseguraron que fue desalojado paulatinamente, posiblemente por la descomposición social.

“Como todo se veía quemado, inicialmente pensamos, al igual que los arqueólogos, que hubo un incendio y la ciudad fue desalojada, pero luego de las investigaciones, nuestro hallazgo más importante es que el abandono fue gradual”, destacó Avto Goguitchaichvili.

A través de varios estudios, los universitarios encontraron que se trata de un asentamiento con 700 años de ocupación, desarrollado del año 400 al 1100 d.C. y afirmaron que no se trataba de un lugar de paso, centro ceremonial o fortaleza militar, como se creía, sino de un asentamiento rector de un valle, conocido como cultura del Valle de Malpaso.

Este asentamiento, informó Goguitchaichvili, mantenía contacto con grupos vecinos como la cultura Chalchihuites, pobladores del Cañón de Juchipila y Tlaltenango, dentro del actual estado de Zacatecas; así como de El Tunal Grande, en San Luis Potosí; los Altos de Jalisco y el Bajío guanajuatense.

Para determinar cuándo fue desocupada la zona, una serie de 32 piezas obtenidas del Salón de Columnas, la Plaza de los Sacrificios y un pasillo, localizados en la cima del cerro,  fueron sometidas a análisis arqueomagnético, a fin de determinar sus magnéticos y seleccionar las más prometedoras.

El investigador precisó que usaron la datación arqueomagnética, puesto que, a diferencia de dataciones por radiocarbono, el fechamiento arqueomagnético indica el momento de enfriamiento de los materiales magnéticos, de manera que el objeto se data de manera directa.

Este método se basa en el estudio de piezas quemadas durante un calentamiento a altas temperaturas o un incendio, como pisos o cerámica que contienen pequeñas cantidades de minerales ferromagnéticos, entre los más comunes: magnetita o hematita.

Es la primera vez, subrayó, en la historia del Servicio Arqueomagnético Nacional que se tiene mayor precisión de los hechos ocurridos, considerando los métodos tradicionales de datación.

Fotos: UNAM / Carlos Torreblanca y Avto Goguitchaichvili

Fotos: UNAM / Carlos Torreblanca y Avto Goguitchaichvili

Aseguró que el equipo del SAN continuará colaborando con el INAH para estudiar los vestigios de la zona y datar con mayor precisión los secretos que aún guarda la región Occidente del país.

Durante su labor, los universitarios contaron con la colaboración de Carlos Torreblanca, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y candidato a doctor por la UNAM.

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