“El Portal del más Allá”: intercambio de almas

Nicolas Cage, protagonista de Between Worlds. Foto: Especial Nicolas Cage, protagonista de Between Worlds. Foto: Especial

MONTERREY, N.L. (apro).- Joe (Nicolas Cage) es un trailero atormentado por las muertes violentas de su esposa e hija. Por casualidad conoce a Julie (Franka Potente), una mujer que tiene la capacidad de encontrar almas que están extraviadas en el más allá. Cuando le pide ayuda para localizar el espíritu de su hija moribunda, comienza un complicado intercambio de personalidades usurpadas desde los terrenos de la muerte.

Lo que parecía ser un sencillo trámite para recuperar un ser que andaba escondido en el limbo, se convierte en un revoltijo en El Portal del más Allá (Between Worlds, 2018), el más reciente tropezón en el que se ve inmiscuido Cage.

Al ver esta cinta surge de inmediato el cuestionamiento sobre los motivos que impulsan a un súper talentoso actor a participar en proyectos de esta naturaleza, de categoría C, hecho con muy buena intención, pero con muy poco talento literario, escasas ideas detrás de cámara y limitada capacidad en la sala de postproducción.

Pero todo empieza con la incompetencia de María Pulera, la escritora, directora y productora, quien se atrevió, sin sustento creativo, a hacer una película de bajo presupuesto con dos grandes nombres, presentándolos en una temática sobrenatural, sin sobresaltos reales, y mezclada con enormes pasajes de sexo gratuito, tan mal coreografiados que no producen siquiera morbo.

Después de haberse encumbrado como un referente del drama en su papel del alcohólico moribundo en Adiós a Las Vegas (Leaving Las Vegas), Cage toca aquí el punto más bajo de su dilatada filmografía. El papel es deficiente desde el guión, que lo muestra bastante chato.

Luego de la pérdida, Joe vive desesperanzado, sin mayor interés en la vida, hasta que encuentra a Julie, que le da destino. El problema es que cuando unen voluntades para traer de regreso a la vida a su suculenta hija Billie (Penélope Mitchell), que estuvo a punto de morir en un accidente, Julie se equivoca de alma y trae otra que generará enormes problemas entre todos.

Al momento que se asume que la cinta de suspenso sobrenatural se ha salido de control, y no provoca angustia, ni miedo, ni nada, es tiempo de dedicarse a observar a Nicolas Cage haciendo lo que mejor sabe, que es improvisar sus gesticulaciones, una habilidad en la que se desempeña como un mago. El gran problema es que, en el contexto de situaciones que tienen que ver con la dimensión desconocida a donde van a dar los espíritus muertos, su personaje no puede hacer mucho, y sus caras graciosas, grotescas, fascinantes, se pierden en la nada.

En un punto parece que participa en una producción estudiantil, en la que él se encarga de dirigirse, pero con una actuación desquiciada y sin sentido. El giro que lleva hacia el tercer acto es tan risible como una locura almodovariana, en la que se consienten los encuentros eróticos porque son motivados por la transmigración equivocada de las almas.

El desenlace delirante pone a Cage frente a la cámara en un estado de frenesí demencial, que lo hace ver muy cerca de la esquizofrenia, aunque sólo consigue investirlo de ridículo.

El Portal del más Allá sólo podrá ser disfrutada por los fans de la estrella, pero sabiendo, de antemano, que van a reírse de sus intentos demenciales por actuar en serio, a través de ensayos de angustia macabra que mueven a la carcajada.

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