AMLO, un ausente en el exterior

Cartón de Rocha Cartón de Rocha

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Aun año del triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador la relación con el exterior es uno de los flancos más débiles de su presidencia. Las tensiones con Estados Unidos y la ausencia de México en foros donde se determina la política internacional de nuestros días son la mejor prueba de ello.

Los problemas en la relación México-Estados Unidos han producido efectos muy negativos en la vida política nacional. Han trastocado la aproximación inicial hacia la migración centroamericana, colocando en segundo término la defensa de sus derechos humanos; han modificado bruscamente el destino y objetivos de la recién creada Guardia Nacional; han introducido distorsiones en la organización de la administración pública federal en detrimento de las responsabilidades correspondientes a la Secretaría de Gobernación; han dividido la cohesión interna de los miembros de Morena.

Ese desarrollo de los acontecimientos ha evidenciado, de una parte, la enorme vulnerabilidad de México ante las presiones provenientes de Estados Unidos; de la otra, la distancia inquietante entre la complejidad de los problemas que se avecinan y la simplicidad de la narrativa del jefe del Ejecutivo para enfrentarlos. Tomando en cuenta la apertura de la economía mexicana, la situación geopolítica del país y lo mucho que los factores externos inciden sobre la vida nacional de no corregirse esas debilidades, la esperanza de muchos que acompañaron la llegada de la 4T se pondrá en duda.

La distancia entre la dimensión de las amenazas trumpianas y la narrativa optimista del presidente sobre la buena amistad que se puede establecer entre ellos desconcierta.

Se hizo patente en el evento celebrado en Tapachula con el presidente de El Salvador. Según la lectura que hizo entonces AMLO del acuerdo alcanzado en Washington por el canciller Marcelo Ebrard, en dicho acuerdo se logró el compromiso de Trump con el Proyecto para el Desarrollo Integral de Centroamérica (PDI). Desafortunadamente, no fue así. Las penosas negociaciones versaron, principalmente, sobre la demanda perentoria de Trump para que México aceptara ser tercer país seguro. Las amenazas sobre la aplicación de aranceles, a partir de evaluaciones totalmente arbitrarias por parte de Trump, se mantuvieron. A medida que se acerca la fecha de 45 días para decidir si se han cumplido los compromisos para reducir el flujo migratorio, se profundiza la incertidumbre sobre cuál es la estrategia de México para evitar una cadena de chantajes que son francamente inaceptables para la defensa de la soberanía nacional.

Sin duda, el PDI es la carta más valiosa de México como contrapunto al objetivo de hacer girar el país en torno a la contención imposible del fenómeno migratorio. Ahora bien, se trata de un proyecto de largo plazo, es un conjunto de medidas que pueden prevenir que México se quede asfixiado los próximos años por las presiones contradictorias que provienen del norte y del sur. Le da una razón de ser a la diplomacia mexicana en los años veinte del siglo XXI. En efecto, encabezar entre los países europeos, entre los asiáticos o los foros multilaterales un proyecto de desarrollo que contribuya a acotar (no resolver) uno de los fenómenos más complejos de nuestro tiempo, vale la pena. Queda, sin embargo, mucho por hacer para superar los obstáculos a su implementación.

Se sabe que Trump no va a aportar el financiamiento que se necesita. De allí que resulte un esfuerzo inútil plantear siquiera la conveniencia de un encuentro con él. Primero, porque el personaje no es confiable. Segundo, porque en momentos de elecciones presidenciales en Estados Unidos lo mejor es dejar abiertas todas las puertas para diversificar los interlocutores en aquel país.

En estos momentos, el reto de la política exterior de México es la diversificación de sus relaciones exteriores. En primer lugar, al interior de Estados Unidos, en segundo lugar a través del mundo. Es el momento de cerrar filas con la Cámara Americana de Comercio y otras agrupaciones empresariales en Estados Unidos listas a denunciar el carácter anticonstitucional de la aplicación de aranceles a México. Es el momento de acercarse a gobernadores, alcaldes, personalidades del Partido Demócrata, organizaciones no gubernamentales que son firmes aliadas de México por intereses comerciales o defensa de los derechos humanos de los migrantes. Es el momento de ampliar la agenda de conversaciones, salir de la migración y entrar a los problemas de seguridad entre ambos países, tráfico de armas y comportamiento de las agencias estadunidenses de inteligencia en México incluido. Justo es reconocer la buena tarea que llevan a cabo la embajadora en Washington y diversos cónsules adscritos en aquel país; loable, pero no suficiente. La “austeridad republicana” ha reducido sus recursos.

Una tarea distinta es la que debe cumplirse en el ámbito internacional. Duele la incomprensión de AMLO sobre la conveniencia de haber asistido al G20. México no puede aislarse del mundo. No es cuestión de elección. Para bien o para mal, gran parte de lo que ocurra internamente se determina desde afuera. Son múltiples los ejemplos que pueden darse.

A medida que las tensiones con Trump suben de tono y sus demandas se hacen más impredecibles, la necesidad de reformular la estrategia de la política exterior se hace más urgente. Nuestro peso como el segundo país más grande de América Latina, como un importante participante del comercio internacional, como poseedor de riquezas petroleras y como portador de prestigio en la política multilateral, la presencia de México cuenta; su ausencia se nota.

Se resiente que la voz de México defendiendo las reglas del comercio internacional no tenga resonancia, que no difunda con energía sus principios en materia de migración internacional, que deje de asistir al Grupo de Lima, no para sumarse a sus propuestas sino para hacer valer las suyas, que se arrincone, que no hable en contra del cambio climático, que no denuncie la carrera armamentista nuclear, que no tenga candidatos para la Corte Internacional de Justicia, que no se atreva a mantener el derecho a disentir de su poderoso vecino del norte, que la búsqueda de apoyos para el PDI sea tan incipiente.

Ausente en el exterior, no puede ser una opción positiva.

Este análisis se publicó el 30 de junio de 2019 en la edición 2226 de la revista Proceso

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